viernes, 16 de agosto de 2024

INMOLACIÓN

                Me preguntaba cómo, en pleno siglo XXI, fuera posible que personal alguna se inmolara, así de facilito.

 

                Siempre por razones políticas o religiosas cómo es posible que haya fulanos que se ofrezcan o sean ofrecidos para inmolarse, generalmente con efectos colaterales bien calculados, me vuelvo a preguntar.

 

                Lavado de cerebro? Cómo es posible? Sólo pueden ser estúpidos, fanáticos y güevones, deben ser los requisitos para estos fines.

 

                Y cómo es posible que el inmolado se coma el cuento de que Alá estará presto a abrirle las puertas del paraíso, personalmente, sin intermediario alguno. Eso podía ser típico en la edad media y aún hasta hace un siglo, partiendo de la base, no razonable, claro está, que eran más ignorantes y tenían menos posibilidades para el acceso a la información o al conocimiento.

 

                Dejar convencerse de unos estúpidos que solo persiguen sus propios fines, que utilizan intermediarios porque no son capaces de hacerlo ellos directamente, cobardes por decir lo menos, manipulando para que sean otros los sacrificados, sintiéndose elegidos para elegir los que han de ser elegidos en la inmolación, con una promesa que ni siquiera pueden cumplir al no saber si realmente hay paraíso, pero en este mundo siempre hay bastantes güevones, por decir lo menos.

 

                Con ello se demuestra que este es el tipo de humanidad que nos merecemos y que Alá me perdone (si es que existe).

 

«El pueblo es ahora igual que un rebaño sin pastor, lo llena todo de mierda y se arruina a sí mismo».    Así fue.[1]

Tomada de Facebook


[1] La octava vida (para Brilka) - Nino Haratischwili.



miércoles, 14 de agosto de 2024

LA FELICIDAD NO EXISTE

                 Por estar leyendo unos libros, no apropiados para mi edad o precisamente por estar en esta edad (es lo que no sé), me vi enfrentado a un categórico[1] o si se quiere a una verdad categórica[2], si me ciño a los principios filosóficos que alguna vez oí, tema sobre el que en cualquier caso intuía su existencia, pero de la que no me había parado a reflexionar un poco más.

                 Y así la leí[3], de frente, sin anestesia: La felicidad no existe, (así, la felicidad no existe punto). Como decía el escritor de esas palabras No se trata de que yo pretenda convencerle: ese es un tipo de vanidad que no me afecta. Si he de ser sincero, me tienta más la vanidad de divertirle que la de convencerle. Si el argumento no le parece válido, tire el libro[4].

                 Pensemos en la afirmación como un mero concepto[5] y como tal envuelve una profundidad tal que es imposible divisar el fondo del mismo. Pensado así, como concepto, es producto de la repetición de generación en generación, tal como pueden ser los conceptos de patria, religión, Dios, por citar algunos, los cuales resultan ser vagos, vacuos, pero a su vez, profundos, en la medida en que están incrustados en nuestra mente como verdades imposibles de controvertir (y que de ser posible su controversia, al menos en el campo religioso, resultaría uno expulsado cual paria, inocente, por demás).

                 Pero, como siempre, me he ido desviando un poco y hablando de la felicidad, el primer paso sería definir la felicidad (aunque de entrada sé que es bien difícil definirla de una manera concreta y a satisfacción de todos). La RAE dice: Estado de grata satisfacción espiritual y física[6]. Si se quiere complicar más el asunto dice Wikipedia: Se entiende en este contexto como un estado de ánimo positivo. Dicho estado de ánimo es subjetivo y, por tanto, se refiere a un hecho autopercibido. Esto implica que una misma serie de hechos puede ser percibido de manera diferente por personas con diferentes temperamentos, y por tanto lo que para una persona puede ser una situación feliz para otra puede llevar aparejada insatisfacción e incluso frustración. Es por esa razón, que la felicidad a diferencia de otros hechos relacionados con el bienestar se considera una situación subjetiva y propia del individuo (en contraposición a hechos objetivos en los que diferentes observadores concordarían). Y ni hablar de algunas constituciones que pretenden que la felicidad sea un derecho, cuando lo natural, según el racionalismo y la vida práctica nos llevan a pensar que el estado lo entiende en sentido contrario (y de serlo resultaría más fácil de explicar, de entender y de vivir pues así seríamos menos infelices), pero es tema que no quiero profundizar.

                 Prosigo con lo que venía. Me gustó una alusión de la misma palabra (felicidad) considerada como valor supremo, como meta en la vida, como elixir con olor a nirvana, es decir, como deseo ante la imposibilidad de lograr su realización permanente.

                 Baste preguntarse: soy feliz? Y eso me lleva a un grafiti que alguna vez fotografié en una pared anónima, de algún anónimo que se atrevió a hacerlo: Soy feliz, pero no mucho!

                 Sin darse cuenta ese anónimo pronunció una buena frase para la filosofía, ya que siempre pretendemos entender que la felicidad es una constante de vida, permanente, cuando es, como concepto, una excepción de vida (o digo, debida?).

                 Un tema para largo y ancho. Un mero concepto (como cielo, infierno) difícil de probar (en sus diferentes acepciones, la del verbo probar, explico), aunque entendamos que la felicidad se da a cuenta gotas y es así como se debe degustar.

                 Eso me lleva a pensar que deberían eliminarse del diario vivir los conceptos utópicos (como el mismo concepto de utopía, quimera y sobre todo de nociones jurídicas, porque, con el mismo argumento, nadie está obligado a lo imposible, me enseñaron hace ya mucho tiempo).

                 Entonces si se elimina el concepto, se elimina la meta y eso de pronto nos haría más felices, menos obsesivos en su búsqueda, lo que nos haría a la vez menos angustiados y por ende, menos estresados, lo que conduciría a hacer de la vida algo más llevadero, algo más cercano y más acertado a lo que la noción de felicidad encierra. He conocido a otros que consagraron sus días a la fantasía de un dios, de una religión o de un ideal, mientras que la mayoría se conforma con lo que les toca: una vida anodina, un pasar de un año al siguiente sin sobresaltos. Y a eso lo llaman felicidad.[7]

                 Parangonando a Nietzche se podría gritar: La felicidad ha muerto, ya podemos ser felices.

                 Y para cerrar, me pareció curioso que de dos palabras hermanas, consecuentes, supongo, pero pronunciadas en diferente contexto resultan ser dos palabras distanciadas por la temporalidad. Felicidad y feliz, claro está, pero la primera da una impresión de permanencia indefinida, etérea, vaporosa, inalcanzable, mientras que la palabra feliz es de una temporalidad inmediata, es momento, es presencia sin ausencia, es sentida, estoy feliz, acá y ahora, es patente, es presente. Qué diferencia entre ellas y eso que son hermanas, pero distantes y ya no se hablan, diría alguien.  

Tuve la sensación, intensa y deliciosamente insensata, de que esa quietud grandiosa había sido dispuesta para mi uso personal. Alguien ha dicho que los momentos de felicidad nos cogen por sorpresa y que, a veces —con frecuencia—, no nos damos siquiera cuenta de que se han producido. Descubrimos que hemos sido felices sólo tiempo después, lo que es algo bastante estúpido.[8]

Tomado de Facebook
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[1] Dicho de un juicio o de un raciocinio: Afirmado o negado sin restricción ni condición. RAE.

[2] O si se prefiere categórico imperativo: … un imperativo categórico denota obligación absoluta e incondicional, y en todas las circunstancias ejercería su autoridad, ya que sería autosuficiente y no necesitaría justificación externa… Wikipedia.

[3] Creo que en Ética para náufragos (su descubrimiento me ha confundido). José Antonio Marina.

[4] El lector ya sabe que este tipo de citas no tienen ningún valor científico. Mi abuela decía que siempre habría un roto para un descosido, e, igualmente, un pensador siempre encontrará una cita que le venga al pelo. Solo la transcribo para sentirme acompañado. Ética para náufragos. José Antonio Marina.

[5] El concepto surge de la necesidad de generalizar, o clasificar los individuos y las propiedades de los casos concretos conocidos en la experiencia agrupando las cosas o los aspectos y cualidades comunes por sus semejanzas y diferencias. Wikipedia.

[6] En la filosofía oriental, la felicidad se concibe como una cualidad producto de un estado de armonía interna que se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura en el tiempo y no como un estado de ánimo de origen pasajero, como generalmente se la define en occidente. Wikipedia.

[7] Nadie en esta tierra. Víctor del Árbol Romero.

[8] Las perfecciones provisionales. Gianrico Carofiglio.


lunes, 12 de agosto de 2024

CUÁNDO…?

                 Cuándo dejé de pensar en lo que quería, en lo que deseaba, en lo que anhelaba mi vida, en mis deseos, en mis sueños.

                 Porque esos eran momentos que se tuvieron de joven, dicen. Soñar con ser alguien (aunque no sé qué significado tiene hoy, hoy es tan vacío… tal vez como lo fue ayer); soñar con tener cierta preeminencia, algo de trascendencia, ascender, prosperar, elegir, pensando en los años que se tenían por delante, por lo que podían alcanzarse en medio de la espera.

                 Cuándo dejé de pensar en lo que quería, me pregunto ahora que ya no se tienen esos sueños, esos anhelos, esos deseos, porque ya quedaron atrás, evaporados en el tiempo, porque ya no son posibles, al menos con la fuerza que se tuvo en la misma juventud de lejana soledad.

                 Cuándo dejé de pensarlo, me pregunto ahora, cuando ya es inútil pensarlo, porque esos años pasaron sin darme cuenta, como todo en la vida, fue sin darme cuenta, inexorable paso del tiempo.

                 Aunque también me pregunto si alguna vez realmente tuve esos deseos o al menos esos pensamientos, o es una mera imagen de algo que me hubiera gustado pensar en su momento y solo es pensamiento “consumido en la fiebre de la nostalgia”.

 

—¿Y luego?

—No lo sé. Llevo toda la vida pensando en el antes. No estoy acostumbrada a pensar en el después.

             —Ya, pero para nosotros los viejos, la edad se detiene en ciertos momentos.[1]

 

Alguien dijo que no son los sueños que no se cumplen los que vuelven la existencia inútil y estúpida, sino los que no se tienen. Siempre me ha gustado esta frase.

—Preciosa. Me recuerda otra que dijo Clint Eastwood en Los puentes de Madison.
—¿Cuál?
—«Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido».[2]

Tomado de Facebook
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[1] El peso de los muertos. Víctor del Árbol Romero.

[2] Rencor. Gianrico Carofiglio.


viernes, 9 de agosto de 2024

MAS CURIOSIDADES

                 Los especialistas coinciden en admitir un número muy pequeño de sentimientos innatos y universales. Oatley y Johnson-Laird[1] dicen que hay cinco emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, furia y asco. Ekmann[2] reduce la selva sentimental a seis troncos: alegría, tristeza, miedo, furia, asco y sorpresa. Dahl sube a ocho: contento, alegría, depresión, ansiedad, amor, sorpresa, ira, miedo. Plutchick[3] también admite ocho: miedo, furia, alegría, tristeza, aceptación, aversión, expectación y sorpresa. William James[4], a quien el tema debió de cogerle en un mal día, dijo que todas estas clasificaciones eran una tontería, porque los sentimientos son infinitos.[5]

 Siempre hay un simplista, sin ser peyorativo -pues soy uno de ellos-, que ve las cosas en una dimensión elemental. Nótese que en los listados de la cita, cualquiera que él sea, solo aparece una sensación positiva, el resto son negativas (según los expertos), por qué? Así de negativos somos en esta vida?

 Preguntas que me asaltaron nada más leí el párrafo transcrito. Pero me calmé al ver que el James citado podía ser el más acertado y de esa manera se podrían equilibrar los negativos con los positivos. Pero leyendo un poco de Plutchick decía que las emociones no son de por sí ni buenas, ni malas[6]. De por sí, me dejó pensando. Dentro de mi simplismo aludido pensé en si había certeza en la afirmación. Y, a pesar de mi ignorancia, no cabe en mi cabeza que la emoción sea neutra, pues la alegría es algo bueno, digo. La ira y el miedo son algo malo, me digo. Habría que saber todo el contexto para poder opinar, supongo, pero en mi simpleza y limitación no lo creo y perdura la duda de por qué, según los conocedores, son más las emociones negativas que las positivas o será por eso que somos tan pesimistas?

 Vaya uno a saber, la emoción me venció!

 

Abrí el libro por la primera página de los azules. Había infinitos cuadraditos con los matices más increíbles. Debajo de cada uno, los nombres. Algunos jamás los había oído mencionar y, no conociendo sus nombres, tampoco los había visto jamás. Las cosas existen sólo si tienes las palabras para nombrarlas, me dije mientras empezaba a pasar las páginas.[7]



[1] Philip Johnson-Laird es catedrático en el departamento de psicología de Princeton University y autor de numerosos libros en cognición humana y psicología del pensamiento.​​ Keith Oatley es un novelista anglocanadiense y profesor emérito de psicología cognitiva en la Universidad de Toronto. 

[2] Paul, es un psicólogo estadounidense pionero en el estudio de las emociones y su expresión facial.​ Asume al respecto una perspectiva evolutiva, en el sentido de que el desarrollo temporal de los rasgos y estados del ser humano es el fundamento de sus investigaciones

[3] Robert Plutchick Es más conocido por haber creado la Rueda de las Emociones, en la cual se muestra la interrelación de las emociones humanas.

[4] Fue un filósofo y psicólogo estadounidense con una larga y brillante carrera en la Universidad de Harvard, donde fue profesor de psicología, así como fundador de la psicología funcional.

[5] Ética para náufragos. José Antonio Marina. Las citas de referencia de autores mencionados no es que sea yo conocedor del tema -o que me implique en ellos- sino que siempre me gusta al menos echar una somera mirada a las biografías para tener una referencia de quienes son.

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Plutchik

[7] Gianrico Carofiglio. Dudas razonables.


miércoles, 7 de agosto de 2024

INTERJECCIONES

                 Se me escapó la juventud. Ahora vivo lleno de interjecciones. El hecho de sentarme implica el pufff! ahhhh!, acompañado de un largo suspiro, sintiendo la despedida del cansancio, alejándose luego de alguna actividad que en mi juventud no iba tan acompañada.

 

                Pararse es otra interjección que indica fuerza hacia arriba, fuerza que no se tiene pero que fuerza, por el hecho de hacerse el esfuerzo, algo así como un eh! alargado (ehhhh!).

 

                Y con ellos los mejores suspiros están al acostarse, son múltiples y variopintos, son claras ensoñaciones. Levantarse es otra cosa, con interjección de esfuerzo, algo así como ver de antemano lo que le espera a uno en un nuevo día.

 

                Por todo eso supe que la juventud ya me dejó, se alejó y se cambió por un mundo de interjecciones, de sonidos ininteligibles que ni yo mismo puedo explicar, pero que cada uno tiene su debida significancia.

 

Mi vida se ha reducido a interjecciones, qué vaina!

 

            El nombre me sonaba de algo, pero no conseguía establecer de qué. Me fastidiaba mucho porque, desde hacía algún tiempo, estaba convencido de que ya no conseguía recordar bien los nombres. Me parecía un inquietante presagio del deterioro de mis facultades mentales. Una chorrada, naturalmente, porque yo los nombres jamás los había recordado y tenía el mismo problema a los veinte años. Pero pasados los cuarenta los pensamientos estúpidos se multiplican y los fenómenos insignificantes se convierten en síntomas de la vejez inminente.[1]

Tomado de Facebook
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[1] Gianrico Carofiglio. Dudas razonables.

lunes, 5 de agosto de 2024

PARADOJA DEL INFIERNO

                 Si existe el infierno sería el destino de toda la humanidad y si digo toda, es toda.

                 El racionamiento es simple[1] (o simplista, dirá alguien al que le gusta complicar la vida, siendo ésta tan simple).

                 Veamos pues.

                 Para ir al cielo es fundamental ser un ser bueno. Y me preguntaba quién, durante toda su vida es bueno? Quién podría serlo, entendida la bondad en toda su extensión, sabiendo que hasta a Jesús le sacaron la piedra, incluida su santa madre a la que criticó por impertinente, en las bodas de Canaán. Se podría decir que un bebé al no tener racionalidad, tal como se entiende con aquello del uso de razón, ya demeritado. En tal medida, la bondad podrá estar entonces en todos los que carecen  de ella, pero aún así tampoco, porque la madre iglesia señala que todos ellos -mientras no estén bautizados, pero agregaría yo, aunque estén bautizados, para no generalizar en este mundo distópico de discriminación indiscriminada- se van para el limbo, el lugar en donde se está sin estar, en donde están los que no deberían estar pero están, los que no cuentan, diría uno  y no entro en detalles adicionales ante mi impericia en el tema, solo lo menciono para que traten de entender el raciocinio por el que quiero ir y evitar a la vez, confundirme más, como se podrán dar cuenta.

                 De esa manera digamos que salvé el punto y que en el cielo solo está Dios, los ángeles, los arcángeles, tronos y dominaciones. Nadie más por las razones que adelante trataré de explicar como paradoja del infierno (si el término es adecuado), y si existiera.

                 Dije que por principio al cielo se llega por haber sido durante toda la vida (y toda es toda) un ser bueno lleno de bondad, por haber sido solidario, por haber tenido caridad, durante toda la vida, subrayo. (Si el principio no es cierto entonces cualquiera puede ser un ser de luz).

                 Prosigo.

                 El ser humano por naturaleza es dual, en principio. En él habita el bien y el mal, el doctor Jekyll y mister Hyde. No somos totalmente buenos, no somos totalmente malos, aunque existan sus variedades divergentes, pero no nos distraigamos.

                 Amamos y odiamos, somos sinceros pero también hipócritas así como somos valientes y cobardes a la vez; hacemos el bien pero también tenemos nuestras zancadillas a cuestas (no importan las excusas esgrimidas, porque siempre las habrá). Somos egoístas y a veces generosos. Somos legales y otras, abusando de las zonas grises de la legalidad, nos proclamamos como tales y otras cometemos nuestras ilegalidades (evadiendo impuestos, irrespetando señales de tránsito, por citar pequeños ejemplos) y por cada virtud hay una vileza, hay un vicio.

                 Claro que como humanos que somos, cada vileza que cometemos tiene una explicación exculpatoria, porque somos incapaces de asumir responsabilidades en nuestros actos y cuando las asumimos las minimizamos para no parecer tan pecadores ante los demás y ante uno mismo. Vaya genios, no nos gusta perder y en último caso nos conformamos con el empate, porque suponemos que así no se pierde (aunque no se gane).

                 Adicionalmente se me ocurrió que el balance final (por no hablar del juicio final) no se reduce a evaluar en una balanza lo que se hizo bueno y lo que se hizo malo durante una vida, como quien dice si el fiel se equilibra o el plato del bien supera al del mal el precio es celestial, de lo contrario, friquis mortis, directico al infierno, como lo enseñaba antiguamente la iglesia (digo antiguamente dado que algún Papa dijo que el infierno no existía, preciso). Con esto se quebraría la premisa original, sólo se llega al cielo si se ha sido bueno y así debe entenderse en todo el sentido de la palabra (bondad). Haber sido siempre bueno (que viene de bondad[2], reitero), pues no creo que, como lo predica la iglesia, sea justo que una persona totalmente mala (Hitler, Stalin, Mao, por citar algunos) pueda pasar derechito al cielo si con su último respiro llega la inspiración del arrepentimiento (como en mis épocas, con un dos con nueve se perdía la materia, pero con un dos con noventa y piquito se pasaba raspando, según el pesar que le diera al profesor, porque es cierto que nunca tenían una misma regla para medir) y como dirían los abogados, a contrario sensu, tampoco sería justo que una persona llena de bondad durante toda su vida en el último momento y por cualquier motivo perdiera los estribos y tome para que lleve y no alcanzara a arrepentirse en último momento. Sería injusto, repito, porque siguiendo la lógica religiosa, dentro de ella no cabe la injusticia, aunque también sé, al menos por experiencia, que este mundo (el de ayer, el de hoy y el de mañana, si las cosas siguen así), decía que este mundo no es justo (razón de más para alimentar la paradoja).

                 Para no alargar más el cuento, a mí me resulta claro que así las cosas nunca llegaré al paraíso prometido y que obligatoriamente estaría condenado al fuego eterno del infierno, porque fuera de las cagadas que he hecho, la balanza no da para que el fiel se equilibre porque por el hecho de no haber sido en mi vida totalmente bueno (nótese que omití decir que también fui malo, de alguna forma y por cualquier razón -justificable o no-  para no sentirme tan mal, supongo), decía que a lo largo de mi vida nunca he sido totalmente bueno y al no haberlo sido arderé en la profundidad de los infiernos, aunque me consolaría que Dante tuviera razón y existiera una escala de infiernos, para que los más malos ardan más abajo (nótese la maldad que hay en mis palabras deseando a ciertos prójimos un mal mayor al mío). Contradicciones de la vida o de la mía, supongo.

                 Siendo así concluiría que no soy merecedor del cielo (nótese una vez más la desazón de mis palabras, pues debí haber dicho sin agüero que me iba para el infierno, pero me gusta suavizar las cosas que a mí atañen, para pensar que no he sido tan malo o para que los demás piensen que he sido medio bueno, como he aparentado).

                 En conclusión, el cielo debe ser medio aburridor, no hay con quien hablar, porque nadie, durante toda su vida, ha sido tan bueno como para ganarse la gloria y no hay como pasarse el tiempo oyendo historias ajenas.

                 Estamos jodidos, digo, condenados, y en vez de implicar a los demás, debería haber dicho, estoy jodido, si todo esto fuera cierto (aunque supongo también que puedo escribir un discurso sosteniendo lo contrario con los mismos argumentos; vaya curiosidades del pensamiento, pero habiendo sido alumno de jesuitas…). 

No es larga la vida del viejo aunque viva mucho tiempo.

El que perdona á los malos escandaliza á los buenos

Quando el malo se finge bueno entonces es mas perverso.[3]


Tomado de Facebook
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[1] Sencillo, sin complicaciones ni dificultades. Enseña el DRAE

[2] La bondad es definida como una inclinación o tendencia natural del ser humano a hacer el bien, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesita de una forma amable y generosa. Dicho con sencillez, la bondad es la cualidad que demuestra la persona buena, que no es mala ni corrupta y que es moralmente íntegra. Leí en internet.

[3] Sentencias de P. Siro, D. Laberio, Seneca y de algunos otros antiguos. Texto original.

viernes, 2 de agosto de 2024

FRASES OBSCENAS

                 Ahora en el mundo del reality, de la competencia, del pobretiarse para ganar, del victimizarse para obtener un pobrecito para buscar ganarse un premio inmerecido, se está abusando de las palabras, convirtiéndolas en frases que resulta obscenas, baste mirar esos shows y realitys que ahora abundan en la televisión, de todo y para todo.

                 Estaba viendo un programa, creo que se llama competencia en el mercado o algo parecido (en H&H); una de las concursantes iba además de vistiendo estrafalariamente (propio de los gringos de clase menos media negra pero arribistas creyéndose superiores si nos vamos quitamos el eufemismo) con unos colores, que ni sigo. Entre ellos sobresalía el violeta o morado (o color semejante, pues ahora con la variedad de colores existentes ya uno no sabe de qué se habla). Y la presentadora le preguntó por el morado y ella muy oronda, con voz cansina, mirada triste y medio moqueando (con ridícula pantomima para mayor señal) decía que era en homenaje a mi papá, que murió hace tres meses, de cáncer de páncreas. Ridiculez más grande y estupidez adicional, me dije en medio de mi piedra.

                 No es una estupidez esa frase de manipulación? Es una forma de victimizarse, de pobretiarse para que piensen: Pobrecita… y de esa manera manipular audiencia. Muy original, muy usual en concursos gringos que ahora, por la copia, hemos mal importado (como se importaban productos chinos hace muchos años y recuerdo su mala calidad, no muy buen símil, me digo, pero sí diciente, me agrego para mi consuelo).

                 Lo corriente ahora es pobretiarse cuando se requiere de un favor. Es que mi papá, es que mi maridito, es que mi niñito, todo para pasar como mártir, como víctima que solo busca, como dije, lograr algo para su propio beneficio. Eso se llama estupidez, es obsceno y además de ridículo un abuso del prójimo (de buena fe, diría).

                 Estúpidos y mil veces estúpidos y lo más seguro en su tributo a su papito, esposito o niñito se escondía un hamponcito o una persona que no resultaba ser una buena persona, solo manipulación.

                 Por eso sigo pensando que esos tributos son solo estupideces mal copiadas, que solo reflejan el grado de estupidez en que hemos caído (o de viveza, según se vea), qué ridículo, qué ridiculez, sentencio.

                 He dicho (aunque hacía rato que quería decirlo, si he de confesarlo y poder sacar mi mala leche sobre el asunto, como se pudo apreciar).

 

Se pueden escribir las palabras más duras con total impunidad. Y cualquiera puede retomarlas, también con total impunidad.[1]

Tomado de facebook
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[1] La disciplina de Penelope. Gianrico Carofiglio.