jueves, 23 de octubre de 2025

CONFESIÓN ANTE DIOS

             Si Dios existiera, no digo que exista, ni que no exista, pues soy un ecléctico o un agnóstico y le juego al cincuenta cincuenta, pero si uno tuviera que confesarse ante Dios para que éste determinara si soy digno o no de entrar al cielo o al reino de los cielos, por hacer más pomposo el nombre, tal como nos han prometido sus agentes directos y de esa manera gozar de las glorias celestiales, que sigo preguntándome cuáles pueden ser, cómo podría ser esa confesión.

             Sería como una entrevista de trabajo en donde uno tiene que exponer y defender las cosas buenas que se suponen que nos acompañan y que nos capacitan para acceder a él (nótese que ese él es en minúscula porque se refiere al trabajo, no a Él, que se escribe con E mayúscula y tildada, por ser nombre propio o por ser Él, digo y me pregunto ahora). O quedaríamos igual de atortolados como cuando nos preguntan: cuéntame de ti. Siempre saldrán palabras favorables, porque bien idiotas si mencionamos nuestras debilidades, taras, miedos, cobardías, defectos, mal genio ni cosas semejantes, mal haría uno. O hablaría como abogado defensor, que a pesar de saber que su cliente no es tan honorable como dice, lo presenta como una víctima de la sociedad y de las circunstancias.

             Si me tocara a mí, además de quedar mudo, como siempre me ha ocurrido en casos semejantes, acudiría a lo que me enseñaron, que Dios lo sabe todo y si lo sabe todo para qué me pone a decir mentiras, medio mentiras y medio verdades o mentirillas para salir lo mejor librado.

             Entonces, Alea jacta est. Y que sea lo que Dios quiera, pues Él lo sabe todo por ser omnipresente, omnisapiente, omnisciente, ommipotente, es decir, tiene todos los atributos para ser Dios[1], ergo, sabrá de antemano cualquier defensa y de esa manera me evitaría decir cualquier mentira exculpatoria, así sea en defensa propia. 

            En conclusión, a esa pregunta tan rara, no hay necesidad de confesión y que Dios nos coja confesados y lo que fue, fue.

 

Para demostrar una mentira hay que descubrir la verdad, inspector Salgado. Hasta ese momento las mentiras no existen.[2]

Tomada de Facebook
552757010_1316989973150595_952761357503517715_n


[1] Con este argumento cualquier ateo diría: No, pues, es el putas de Aguadas.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Para ser incluido en entregas personalizadas pueden solicitarse en: jhernandezbayona@gmail.com