viernes, 24 de julio de 2026

LA INUTILIDAD O LA LEVEDAD DEL SER

                No sé cuál de las dos palabras es la precisa para los efectos de este blog. Inutilidad, que no sirve para nada, algo pueril[1]. Levedad, carente de intensidad[2].    

               Despertar con esta conciencia, de un extraño sueño, por demás surrealista, tal vez producto de la última lectura nocturna con Juan Carlos Botero[3] narrando una vida y un secuestro angustioso, sin descontar otras experiencias del día mismo. 

               El sueño en sí era como para que el director fuera Dalí, es decir, surrealista en toda su concepción, sin ton ni son, estando delimitado en un lugar aproximado entre Quinta Camacho y Chapinero, en Bogotá, claro está, con posibilidades de acceder por un camino rural a algún otro lugar. Alcanzo a divisar un edificio, mucho más al sur, en cuyo último piso parece que vivo, aunque parece que no es así. 

               A dónde me lleva, me preguntaba, a un negocio conocido pero que queda en dos lugares diferentes (de ahí sigue el surrealismo), lo que impide ver si es aquí o allá, en donde pido azúcar para un café que no he pedido, azúcar que me es entregada en otro local de otra dirección, que sin ser es. Y mientras me sirven el café que no he pedido, me lleva al centro del negocio, separando de él sillas y mesas y me dice que me lave la cabeza, de una lona que aparece como techo en cuyo centro se abre un embudo de donde sale agua, que luego veo que no moja, pero me enjabono obedientemente la cabeza y de esa ducha improvisada me juago, pero solo me mojo la cabeza, pero no sé si yo o alguna persona se habrá dado cuenta que en ese ejercicio tengo la cachucha puesta y por lo tanto la lavé sin lavarme el pelo, o la calva o la cabeza, para los efectos da lo mismo y me dice que eso es salir de tapas. Naturalmente no entiendo lo que dice, aunque sabiéndolo bajo el entendido español. 

               Y se suceden simultáneamente, creo, dos hechos: el edificio aquél que no me es mostrado y el pedir el azúcar y verme sin saber si es mi mamá, alguna abuela o alguna indefinida tía, pero pariente era, en un camino de entrada que conduce a la zona rural de la ciudad, entrada que me pareciera se sucede en el mismo linde entre Quinta Camacho y Chapinero, por los lados del colegio distrital (Simón Rodríguez, me indica la IA, ese que fue profesor de Bolívar); pero bueno, algo sucede, diviso las figuras de la parentela mencionada, que tal vez sea una o varias, vaya uno a saber ante la distorsión del tiempo espacio y me pregunto si mi guía, mi Beatrice, me está enseñando lo que en mi ingenuidad creo que es la levedad (o la inutilidad) del ser, que para estos efectos vendría a ser lo mismo en este sueño surrealista. 

               Pero qué cosas y todo por la levedad de un sueño. 

               Olvidaba decir que era guiado y obedecido ciegamente por esa Beatriz, la de Dante. 

… tal vez se había tratado de uno de esos recuerdos falsos que todos tenemos. Qué rara es la memoria: nos permite recordar lo que no hemos vivido.[4] 

Dalí. Tomado de Google



[1] La IA de Google me dice: cualidad de aquello que no es útil, carece de valor o no produce provecho. Se aplica tanto a objetos físicos que ya no sirven, como a acciones carentes de eficacia o a condiciones de ineptitud en el ámbito personal o profesional.

[2] La misma fuente me dice: es la cualidad de lo que es leve, es decir, lo que tiene poco peso, levedad física o escasa intensidad. En un sentido figurado o filosófico, representa la falta de peso, compromiso o trascendencia en las acciones, un concepto que abarca desde la suavidad hasta la trivialidad.

[3] Los hechos casuales.

[4] Las reputaciones. Juan Gabriel Vásquez.

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