miércoles, 29 de julio de 2026

UN MINUTO DE SILENCIO

                Inicio aclarando que a mi edad no estoy para eufemismos.

                Los momentos más incómodos que he pasado en mi vida han sido con ese tal minuto de silencio, creado por quién sabe quién, momentos que generalmente, por no decir siempre, me han parecido una pérdida de tiempo, qué ironía, y que duran toda una eternidad y normalmente en homenaje a alguien del que ni siquiera tengo idea de quién era[1].

                Y pienso que no sirve de nada el homenaje, absolutamente de nada, vale más una palabra adecuada, así no sea sentida, como lo es el mismo minuto de silencio o un pésame. Tal vez diez segundos serían suficientes, si es que insisten en la ceremonia.

                Y me pregunto si alguien se ha preguntado qué hace la gente durante ese eterno y obligado minuto de silencio, sugerido por algún genio, supongo. Todos inician cabizbajos, leves movimientos de cuerpo, balanceo y movimientos imperceptibles de pies. En los siguientes diez segundos, aún cabizbajos, de miradas tímidas o hipócritas dirigida hacia los lados para ver si alguien más ha levantado la mirada, tímida por demás. Quienes tienen reloj de pulsera (hoy pocos o los pantalleros que pretenden lucir lujo fantoche), haciéndose el pendejo estará mirando a ver cuándo se cumple el minuto para terminar con esta ceremonia incómoda. Habrá otros que estarán contando mentalmente los segundos, con el mismo fin, tratando de no apurarse ni evidenciarse como el primero que rompe solemne ceremonia. Otros, según la hora del acto, estarán pensando en el desayuno, el almuerzo o la comida. Habrá otro que con mirada hipócrita y compungida pasará lista de los presentes, con sus propias intenciones o tratando de averiguar en qué andan los demás. Están los criticones mirando quién planchó la ropa, quién está bien embolado, quién va bien o mal vestido y hasta los coquetos que aprovechan con sonrisas manipuladas buscando la oportunidad de lucirse.

                Y el lamentado o la situación lamentada qué? Pues nada, a quién le importa.

                Sinceramente en los minutos de silencio a los que me vi obligado a asistir, sí obligado, porque nunca le he encontrado sentido a esa manifestación, siempre han sido incómodos y he pensado en lo innecesarios e inútiles que son, hay otras formas más honestas de demostrar la solidaridad que con el acto se pretende. 

Nunca entenderé cómo hacen para caber estos días cada vez más largos en estos años cada vez más cortos.[2] 

Tomado de Facebook
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[1] Recuerdo en una oportunidad laboral en la que un juez ordenó ese homenaje (o era el de expresar públicamente algo) sobre un hecho acaecido treinta años antes, como si eso fuera solución de lo acontecido. Pero bueno, jueces tiene la amada república (nótese la ironía y el sarcasmo, para precisión del lector). Y a propósito leo ahora esta noticia: El Estado colombiano pidió perdón por la masacre de Bojayá 24 años después de la tragedia. 24 años después, como para qué? https://m.elcolombiano.com/colombia/estado-pide-perdon-masacre-bojaya-responsabilidad-FE38782227

[2] La taberna de Silos. Lorenzo G. Acebedo.

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