miércoles, 15 de junio de 2016

DESCANSO DE MENTE

Entonces tuvo Dios por primera vez la idea de crear el mundo,
loca idea, sin duda, pues seguimos ignorando por qué lo hizo.
Eliette Abécassis. Qumrám

Un descanso, para bobadas que uno piensa en momentos curiosos como raros. Alguien dirá, pendejadas. Sí, eso pudieran ser. Quienes me conocen dirán las pendejadas que sólo a él se le ocurren, por andar desocupado. En efecto. Trascendentales o no, recopilo todas esas pendejadas escritas a la carrera en cualquier papel, pendientes de convertirse en un cuento, una novela, un blog independiente o la suma de pensamientos dispersos en un solo escrito, como ahora ocurre.

Iba a escribir que me disculparán… pero no tengo nada de qué disculparme. Son mis pendejadas, de mis ratos de no ocio –que ya son bastantes. Simplemente los concretaré, dado que no sirven ni para un cuento (Lástima!).

Uno

En Facebook aparecen mensajes, fotos, selfies, videos a no sé cuántos por segundo. Es un vicio y como tal hay que tratar de controlarlo. Me ha pasado, me descuido y cuando veo han pasado varias horas pendejeando en eso. Alimenta el alma? Me lo he preguntado. A ratos, contesto, pero la mano de basura que se encuentra, es indecible. Y eso nos ha llevado a hacer el tal click con la rapidez de un pistolero del viejo oeste, sin haber digerido bien el mensaje, la foto, el selfie o el video. Y cuántas veces se ha arrepentido uno por esa premura de click. Y también, he de reconocer, por una vista superficial los errores que cometemos y que nos hacen cometer, todo por el afán de la vida moderna. (“El castigo del vicio está en el vicio mismo, y la recompensa de la virtud consiste en la práctica misma de la virtud, en el cual está la felicidad del hombre.” Pomponazzi.) Las redes sociales, un tema del cuál pensar a profundidad.

Dos

Detrás es tan importante como el delante. Atrás también fue pasado y dejarlo ir es relativo; si doloroso, lo mejor es despacharlo lo más pronto posible y enterrarlo en lo más recóndito de la mente; si placentero, conservarlo en el recuerdo para traerlo cada vez que la cara quiere la sonrisa del recuerdo. Adelante, futuro imperfecto o interjección de ánimo. Todo depende de cómo se vea.

Tres

Los apagones  últimos me han llevado a pensar en la energía eléctrica. Es una limitante actual. Retornar a la era de la vela, hace rendir el tiempo. Camina bien despacio e induce al cansancio y al sopor. Trae mil pensamientos que la luz ocultaba. Sin esa luz el ser humano actual es aburrido, se aburre, porque ya no sabe qué hacer con esa luz de vela. Lo bueno es que aún quedamos seres raros, que recordamos.

Cuatro

Me vi como reflejo en una ensaladera verde. Allí estaba yo y me dio por meditar en ese reflejo que era uno mismo, pero que visto en la distancia es otro ser, igual a uno, pero tan diferente de uno. Vi una cara depresiva, pero con un buen juego de palabras, me vi melancólico. Es triste saber que la palabra determina el cambio. Estar melancólico o triste es más romántico que estar depresivo. El movimiento de una palabra pervierte o revierte el sentimiento, así de fácil es y con eso basta. Bonita ensaladera!

Cinco

Definitivamente hay preguntas que uno no debe hacerse: Hay Dios? (“Ignoro si Dios existe, pero no quiero contrariar su voluntad ni las señalas que envía.” -E. Abécassis-.) Y si estoy equivocado? Cuál el sentido de la vida? Ya no importan las palabras con canas? De igual manera hay explicaciones que tampoco deben darse: Por quién voto? Y qué sintió? Y por qué renunció?

Seis

La mentalidad colombiana. Hace un tiempo se armó un tierrero porque algún futbolista o ser semejante cambió de equipo por plata –espero que no sean lectores muy literales!-. Dijeron y todos los colombianos a coro replicaron: que era una puta que se vendía por plata. Y siendo así, todos somos unas putas, así de claro. Yo he de confesar que cuando cambiaba de trabajo era porque me ofrecían un sueldo mayor y en esa medida, he de confesar que fui una puta vendiéndome al mejor postor. Por el contrario, cuando quise cambiar de puesto y no pude, fui el remilgado empleado que no se pudo prostituir, a pesar de desearlo!

Siete

Hablando de empleos y trabajos, acabo de pensar en los hijueputas! Así literal. De esos jefes (afortunadamente nunca me pasó, pero padecí en carne ajena o sufrí de vergüenza ajena, como se quiera, cuando veía las situaciones) y es que es el único calificativo que se merecen. Esos cabrones que gritan, que humillan, que desprecian, insultan y ‘pordebajean’ a sus subalternos, porque sí y porque no, y que lo hacen por su propio pellejo o por el propio placer. Lo único que pensaba y aún pienso, es que debe haber un castigo divino, de ese que es propio del Dios del Antiguo Testamento. No sé sobre el poder de mi mente, pero siempre pensé que la venganza divina será cuando a sus hijos y nietos los traten de la misma manera, cuando no sea a él mismo, por el que está por encima. Nunca pude bajarlos de hijueputas, mentalmente, se entiende. No soy tan valiente.

Ocho



Europa una falacia, una mentira que todos saben que es, pero todos soportan, por cualquier razón, de interés, se entiende. Un país compuesto por infinidad de países, todos totalmente diferentes, diferentes culturas, diferentes colores, diferentes idiomas. Fronteras libres y universales que, de todos modos, son limitantes, todos dicen ‘aquí termina tal país’ pero a continuación, aquí comienza ‘tal otro’. Unos no se toleran a los vecinos, los ricos no les gusta codearse demasiado con su parentela pobre y el uno se cree más que el otro, con más derecho. Una mentira, repetida mil veces, que esperan se convierta en verdad. Nadie se atreve a hacer notar la mentira, por aquello que es mejor no ser el primero, aunque todos son conscientes de la mentira. En cada frontera, que teóricamente desapareció con la unificación, con desconfianza se miran sus vigilantes, algunos hasta se miran con odio. Esa es la Europa unificada, aunque no le ponga yo más de 20 años, tumbaron el muro de Berlín para empezar a construir otros nuevos. Y la familia rica tener que soportar y mantener a los primos pobres! En algún momento el hilo conductor se romperá! Y todo, por donde menos piensen, es la teoría del caos, citada en otro blog. (P.S. “Algunos de los países de menor peso de la Unión Europea son ya decidida y homogéneamente antiinmigración: Bélgica, Polonia, Eslovaquia, Bulgaria, Hungría…” Mediterráneo. Por Antonio Caballero. http://www.semana.com/opinion/articulo/ antonio-caballero-union-europea-dividida-por-politicas-para-inmigrantes/476291) Y luego de escrito, en proceso de revisión, vi un programa de la DW, que se titulaba ‘Una Europa sin futuro?’, que refuerza lo que pienso y decía: “Y aunque en el país germano todavía hay pocas voces críticas contra la Unión Europea, en otros países como Polonia el euroescepticismo va abriéndose paso.” (http://www.dw.com/es/una-europa-sin-futuro/av-19327564).

Nueve


Ahí está pintado Juan, piensan quienes me conocen, mucho desocupado. Así es, así pasé el rato, hasta otro descanso!


lunes, 13 de junio de 2016

SEGUIMOS SIENDO HIPÓCRITAS Y MORIREMOS EN NUESTRA LEY.

 “Por una buena causa, la hipocresía se convierte en virtud.”

(Mika Waltari. Sinuhé el Egipcio)

  
Vivimos en nuestra propia hipocresía y nos limpiamos con jabón Pilatos para lavarnos la conciencia.

En un mismo día, curiosamente coincidieron tres artículos que me hacen desviar nuevamente de mi interés por escribir de otros temas, pero dejándome tentar por ellos, por la atracción que me generaron, (el morbo del chisme, me oigo decir), me enfoco en ellos, en lo que ahora somos o hemos sido durante todo nuestro tiempo terrenal, pero al estar más cerca de Samarcanda, con más tranquilidad lo puedo admitir.

‘Los chinos “invaden” Bogotá’. Un artículo de Catalina Uribe (http://www.elespectador.com/opinion/los-chinos-invaden-bogota). La semana pasada varios comerciantes de San Victorino protestaron por el aumento de negociantes chinos en los establecimientos de la zona. Según lo reportado por la revista Semana, los comerciantes nacionales atacaron los locales chinos mientras gritaban “fuera, chinos, fuera de Colombia”. La inconformidad se debe, principalmente, a que los negociantes chinos compraron 39 locales en una zona estratégica del sector y están vendiendo sus productos a mejores precios. Adicionalmente, los nacionales alegan que los chinos están montando una competencia desleal al ingresar mercancía de contrabando. Aunque el representante de los comerciantes de San Victorino afirmó que no tienen nada en contra del “ciudadano chino”, hay dos asuntos de la protesta que me llaman la atención. El primero, la idea de que “colombiano debe comprar colombiano”. El segundo, que algunos de los protestantes subrayaron que los asiáticos ni siquiera hablan español. (…) ¿Por qué no simplemente protestar contra el contrabando, su presunto crimen? Es duro tener rabo de paja. La ley cobija a quien la cumple, no a quien la invoca cuando le conviene. Es cierto, el Estado tiene que verificar que todos paguen impuestos. Pero eso es lo que se debería estar pidiendo y no que se vayan los chinos de Colombia. De los problemas más serios que tiene el país, aunque de éste poco se hable, es la endogamia1. Somos los mismos, con los mismos, hablando de lo mismo. Es difícil encontrar otro país en Latinoamérica más cerrado.”

Un país imaginado. Por: Melba Escobar. (http://www.elespectador.com/opinion/un-pais-imaginado). “En días pasados, mientras Salud Hernández estaba en manos del Eln, leí a alguien en redes sociales comentar que si la periodista de origen español estaba secuestrada era porque “se lo había buscado”. Hemos normalizado la inversión de las culpas hasta tal punto que encontramos natural eximir al responsable y castigar a la víctima. Es una operación espontánea y comúnmente aceptada: ¿Para qué se fue a meter por allá? ¿Para qué salió con un tipo que no conocía? (como diría la abogada del caso de Rosa Elvira Cely) ¿Para qué sacó el teléfono en el bus? ¿Quién lo mandó a tomar un taxi en la calle? Acabamos por justificar la violencia.”

Y el tercero, titulado Caos. Por José Fernando Isaza. No propiamente relacionado con la hipocresía, pero sí cómo un hecho insignificante, como lanzar la piedra y esconder la mano, puede generar una consecuencia no esperada, no deseada.  (http://www.elespectador.com/opinion/caos) “Las teorías de caos y catástrofes muestran que una pequeña variación de las condiciones iniciales de un sistema pueden modificar su evolución en forma impredecible. Edward Lorenz, uno de los creadores de esta teoría, expresa en la frase “el batir de las alas de una mariposa en Hong Kong puede desencadenar una tormenta en New York” el significado de la sensibilidad a las condiciones iniciales. Las leyendas y la historia dan generosos ejemplos. La guerra de Troya se desencadena por haber escogido, Paris, la belleza y el amor sobre la sabiduría y el poder. Cervantes y Shakespeare se refieren a la leyenda de la pérdida del reino de Ricardo III por la falta de un clavo de herradura. El herrero real no tuvo tiempo de forjar el cuarto clavo para herrar el caballo del rey. En la batalla de Bostworth (1485), Ricardo III se enfrenta al conde de Richmond; en medio de esta, por la falta del clavo, el caballo pierde la herradura, se tropieza y cae; el rey pronto estará rodeado de enemigos y suplica ¡Mi reino por un caballo! Nadie acepta el canje. Por un clavo se perdió un reino.”

Esos somos los colombianos, no tenemos nada contra el prójimo, pero si la va mejor a él que a uno, ‘se le sale lo indio’ sin argumentación, solo grito y victimización, con eso basta. Pero de la misma manera al prójimo pobreteado le tenemos lástima y mientras podamos mostrar nuestra solidaridad, pero recordándole –echándole en la cara, me recuerdan sin eufemismo- que con ello sigue pobreteado y es gracias a nuestra amable y desinteresada ayuda que puede superar la situación. “Detrás de toda buena obra, siempre hay un interés mezquino”, aprendí.

Somos sectarios y a la vez selectivos. Para un partido de fútbol en que juegue Colombia, todos somos colombianos, a pesar de los desmanes que le prosigan por la derrota o por la victoria. ‘No tengo nada contra el ciudadano chino’, pero no lo quiero aquí, es lo que callan (callamos). Y lo mejor de los colombianos, siempre hay los que dicen sí, los que dicen no, y no gracias a argumentos sino a argucias, sino porque sí, porque fue lo primero que leí en el ‘feis’.

Y sinceramente por hoy, no sigo. Ya me cansé de los colombianos, ya me mamaron lo versátiles que somos y cómo nos las jugamos según conveniencia. “Te lo digo con toda humildad”, “es que tienes que ceder, si quieres que yo ceda!”. Seguramente de la misma ralea son peruanos y ecuatorianos, brasileños y argentinos, europeos y asiáticos, en una palabra, toda la raza humana y por eso, sigo pensando que “entre más conozco a los hombres, más amo a mi perro” (aunque ya ni eso tengo!). Y sí, la amargura es la que afecta mi hígado, ya desahogué parte de la rabia “usté se lo buscó, quién lo llamó de rendentor”. Aunque la rabia también puede cambiar la historia!

“Uno nunca puede saber lo que piensa otro ser humano,
incluso cuando ha compartido la misma cama y la misma vida.”

(MIKA WALTARI. Sinuhé el Egipcio)

D.R.A.

viernes, 10 de junio de 2016

UN RELAX


Es una verdad grande y sublime
que el hombre no comprenda la vida
más que durante los días de su vejez,
cuando la vida huye y no le ocurre ya nada.

Oriana Fallaci. Un hombre.


Cuántos pasos dados, cuántos caminos pisados, cuántos por hábito, cuántos por necesidad.

 

Los que han valido la pena, los obligados, los desesperados, los anhelados, los desobligantes, los asimilados.

 

Todos los pasos nos dieron personalidad, nos la forjaron y también la desvirtuaron en algunas oportunidades; nos obligaron ser, nos obligaron a serlo.

 

Pasos de ayer.

 

Los de hoy, ya despaciosos, desorientados a veces, en otras temerosos, por fuerza de la rutina, a fuerza de esperanza, de la que no llega.

 

La mayoría irrelevantes ya, sin sentido otros. Rutinarios o vergonzantes, al verse señalados por pasos jóvenes que a su paso pasan.

 

Pasos y caminos casi todos inconscientes, inconsistentes, irremediables, pero sorprendentes también.

 

Y pensar que todo inició con el primer paso, el que no se quería dar, por miedo de ser precisamente el primero, y luego, no querer parar, para que no fuera el último, pero había que parar, para el momento en que nuevamente era necesario un primer paso para dar.

 

 

 

Leí otra columna de Fernando Araújo Vélez, (Si volviéramos. http://www.elespectador.com/opinion/si-volvieramos), quien tiene la capacidad de inspirarme. He de reconocer que siempre le rehuí, por aquello de apellido y procedencia, por la mala costumbre de prejuzgar, pero desde que le conocí cada semana espero su escrito dominical (“Como pasa la mayoría de las veces, rechazamos las ideas de otros a la primera pero, al cabo del tiempo, si eres un poco auto-crítico, te das cuenta que tienes que escuchar... -Hunter, James. La Paradoja-.”  Me inspiró Araújo, e igualmente  el recuerdo de un escrito de Ángela Botero, 'Calles'. 



La más larga caminata comienza con un paso.

Proverbio hindú. 

Foto: JHB (D.R.A.)

miércoles, 8 de junio de 2016

DESTINO: MORIR.

“La leyenda de Samarcanda. Había una vez un hombre que no quería morir. Era un hombre de Isfahán. Y una noche aquel hombre vio que la Muerte lo esperaba sentada en el umbral de su casa. “¿Qué quieres de mí?”, gritó el hombre. Y la Muerte: “He venido a...”. El hombre no le dejó completar la frase, saltó a un caballo veloz y a rienda suelta huyó a Samarcanda. Galopó dos días y tres noches sin detenerse nunca, y al amanecer del tercer día llegó a Samarcanda. Seguro que allí la Muerte había perdido sus huellas. Descabalgó y se puso a buscar albergue. Pero al entrar a su habitación se encontró a la Muerte esperándole, sentada en la cama. La Muerte se levantó, fue a su encuentro y le dijo: “Me alegra que hayas llegado a tiempo. Temía que nos perdiéramos, que fueras a otro lugar o que te presentaras con retraso. En Isfahán no me dejaste hablar. Fui a avisarte en Isfahán de que te citaba al amanecer del tercer día en la habitación de esta posada, aquí, en Samarcanda.”

Esta leyenda la leí originalmente en Oriana Fallaci (Un hombre) hace muchos años y con el tiempo la he visto en diferentes versiones. Afortunadamente entre mis viejas notas me encontré esta versión, que es la que me gusta.

Estamos condenados, en muchos aspectos, a la fatalidad. A la fatalidad de nacer (al venir sin ser consultados), a la enfermedad, a ser hombres y, como tales, también a morir, -“El hombre puede corromperlo y engañarlo todo menos la muerte y el nacimiento” (Oriana, Un hombre)-. Otros, conmigo, diremos que también la fatalidad moderna nos persigue obligándonos a trabajar, a estresarnos –por cuenta propia o ajena-, a ser consumidores natos, a luchar sin razón, sin causa o por razón y causa ajena. Y siguiendo con mi pensamiento, somos y estamos fatalmente invisibles a todo ello –tema que me ocupará en otras oportunidades, así como recaeré (para reforzarme?) en el tema de ahora-.

Pero concentrándome, la fatalidad se lleva de nacimiento a muerte, prevista de antemano, me atrevo a precisar. Algo me llevó a la necesidad de precisar la palabra fatalidad: “Destino o sino, especialmente el que determina desgracias.” (Gracias por la aclaración, le digo a ese algo que me hizo desviar un poco de mis pensamientos.) Estaba por buen camino al ingresar como destino y encontrar un sinónimo no previsto, la fatalidad, pero con la inclinación hacia la desgracia.

Dentro de mi dicotomía, creo que mi desvío opta hoy por el fatalismo; el destino, como menos fatal, quedará en el tintero para futuras, supongo muchas,  elucubraciones. (A menos que Samarcanda llegue primero, me oigo decir.)

Y esta vez sale a mi encuentro y salvación nuevamente Savater:  “En cuanto ‘producto’ material, llevamos la fecha de caducidad inscrita en nuestros genes” (Las preguntas de la vida).

Y en efecto, nos tenemos que morir, esa es condición humana fundamental. Alejémonos por el momento de lágrimas y pesares, tristezas y abatimiento, pesadumbre, angustia, desconsuelo, tormento, congoja, desolación (Toda esa sinonimia, no venga a descrestar, es producto de la ayuda del mismo Word, oí sentenciadoramente a esa loca que tengo en la cabeza. Hoy es imposible demostrar sabiduría auténtica, dije como excusa exculpatoria, por eso hay que recurrir a toda herramienta posible que nos da la tecnología, sentencié en mi defensa.)

Si supiéramos –aunque lo sabemos pero no lo aceptamos, ni lo contemplamos dentro de nuestros planes- que cada día podemos morir, tal vez veríamos la vida con otros ojos, más ajenos, como de espejo que nos recordara nuestra levedad o la de Kundera. Pero no hay como la fase de negación que hacemos constantemente con las noticias que no son tan agradables; con la muerte, con mayor razón. “Delante de la muerte no hay que sonrojarse de la miseria.”, insinúa la Fallaci.

Sigo insistiendo, estamos destinados a morir. Cuándo? No lo sabemos, aunque sabemos que es el día menos pensado. Dónde? En cualquier lugar, con ironía o sin ella; por ejemplo la de los turistas que se fueron a morir a Egipto, lejos de casa. Y el cómo? Ese, creo, es el más curioso de todos. La cuestión no es cómo queremos morir, porque desafortunadamente nuestra voluntad no cuenta, no es nuestra decisión, ojalá lo fuera, pero no. Era al tercer día, en la posada, pero la leyenda no concluyó con el cómo. (Repaso: ““Me alegra que hayas llegado a tiempo. Temía que nos perdiéramos, que fueras a otro lugar o que te presentaras con retraso. En Isfahán no me dejaste hablar. Fui a avisarte en Isfahán de que te citaba al amanecer del tercer día en la habitación de esta posada, aquí, en Samarcanda.”).

 

El cómo nos lleva al instrumento del que se valdrá Azrael –el ángel encargado de esta triste tarea humana-. Esta pregunta resulta más indescifrable que las otras, por demás semejantes. El instrumento del que se servirá, iba a escribir las diferentes formas, de mano ajena o propia, por calamidad, incendio, ahogamiento, pero pensé que de pronto la ironía es la más usada. Personajes que se creían imbatibles desde Jobs, Santodomingo, Juan Pablo II y el mismo Hugo Chaves, dejaron todo –literalmente- y no se llevaron nada –literalmente- y uno termina preguntándose, todo para qué? Pero en esta vida, el todo es lo que vale! (Según dicen!)

 

La ironía igualmente acompaña a los suicidas que no logran llegar a feliz término (“No sabía todavía que la muerte se aparta de los que la llaman.” Oriana), con lo que se refuerza que no es cuando uno quiera, ni como uno quiera, ni en donde quiera. La respuesta a todos ellos es simple, es cuando le toca, donde le toca y como le toca.

 

Hay mucha tela qué cortar, pero por principio, al menos mío, no debo sobrepasarme escribiendo demasiado largo, por respeto a quienes puedan leerme, ya que no por mí, que de pronto algún día terminaré escribiendo un manual de vida y que para escribir paja, aquí estoy.

 


Para concluir por hoy –porque el tema seguirá per omnia secula…- culmino con la misma desesperanza de la Fallaci: “Quisiera comprender por qué he vivido, pero al final de este último libro lo sé todavía menos que nunca.”


lunes, 6 de junio de 2016

DISTRACCIONES.

“A veces, las apariencias más evidentes son las más engañosas.”

(Eliette Abécassis. Qumrám)


Con juicio ya me había sentado a escribir el siguiente artículo del blog, pero las distracciones (-con lo difícil que es distraerlo, repuntó mi mente), me llevaron a desviarme al mundo terrenal (-con las ganas que tengo de filosofar, me digo).

El mismo día cuatro artículos de prensa llamaron mi atención y entendí que había una connotación común en ellos, que parecieran confabulados para impedir que siguiera con mi otro artículo ya en la cabeza y me hacen escribir sobre la distracción y los distractores, lo que no es, pero puede llegar a ser; de lo que es, pero ya no se sabe en qué termine.

Los artículos dicen, en la parte que me interesó:

“En este caso Calderón hizo un ejemplo temprano de penalizar la mala costumbre del “Usted no sabe quién soy yo”, con la cual personas que sin base alguna se creen superiores, tratan de evadir responsabilidad por el mal que hacen. Aquí el capitán Álvaro de Ataide cree que por ser hidalgo puede evitar el castigo a sus fechorías, pero se encuentra con Pedro Crespo, villano, pero que sabe ejecutar la justicia y castigar al culpable. De hecho, cuando le reclaman que si iba a matar a un hidalgo debía haberle degollado y no muerto con vil garrote, destinado a los de clase más baja, Crespo en forma irónica muestra que quien ha cometido un crimen no merece ser considerado como noble y los aldeanos de Zalamea, no acostumbrados a esa distinción, ajustician en la forma como se merece quien no ha hecho honor a su título de hidalgo. Es una obra universal hecha con una notable ración de humor y de drama con toques de cinismo y que toca temas que son universales.” (subrayo)
2. CECILIA OROZCO TASCÓN 31 MAYO 2016 ¿Presionados los perseguidores del uribismo? Vea, pues. (http://www.elespectador.com/opinion/presionados-los-perseguidores-del-uribismo-vea-pues)
“La semana pasada, sin que nada tuvieran que ver los temas que iban a tratarse en la plenaria del Senado con este, la bancada uribista despertó con sus gritos al resto de sus colegas mientras protestaba por “las presiones” que estarían ejerciendo “una columnista” y las Farc contra tres de sus compañeros que integran la Comisión de Instrucción elegida para revisar el caso Pretelt. El congresista Ernesto Macías inició: “Si continúan las presiones como las hay…, que los tres senadores nuestros más bien presenten su renuncia y no se expongan ellos ni el partido”. Siguió el pulido Carlos Mejía: “que hagan con ese proceso… lo que les dé la gana, pero no van a tratar a todo el Centro Democrático de bandidos… y (de) jueces de la impunidad”. Continuó Paloma Valencia (una de los tres uribistas de la Comisión): “algunos «opinadores» de los medios que pretenden decir que porque el magistrado Pretelt fue «ternado» por el presidente Uribe, el Centro Democrático está comprometido con la impunidad”. E intervino —faltaba más— el perseguidor de hábito José Obdulio Gaviria quien posa ahora de perseguido y quien tiene a su cargo —qué suerte la de Pretelt, “por sorteo”— la revisión del texto de la acusación en su contra. Exhibiendo su prepotencia, Gaviria desvió por un momento su ataque y lo dirigió contra su colega de bancada Macías cuando lo calificó implícitamente de cobarde por su propuesta de retiro “ante semejante presión histérica de las Farc y de una columnista que asusta a los congresistas”. Y concluyó con un ampuloso yo me enfrento solo a esa pelea: “(dejen) sobre mi cabeza y sobre mi cuerpo todas las piedras y el agua sucia que quiera enviar cierto sector de la prensa y de la política”. (subrayo)

3. "Ya no soy uribista, ni más faltaba": hacker Andrés Sepúlveda (http://www.elespectador.com/noticias/judicial/vienen-capturas-de-altos-mandos-del-centro-democratico-articulo-635374)

“Usted dice que hay personas que lo quieren asesinar. Que quieren verme muerto. ¿Quiénes son? A raíz de mi colaboración hay diez personas capturadas. De la política, evidentemente. No voy a dar nombres exactos, pero hay miembros de la Fuerza Pública, de bandas criminales, de grupos paramilitares y de las Farc. Hay una empresa privada del sector internacional, es una multinacional. No le doy el nombre todavía porque estoy haciendo con ellos un acuerdo de colaboración y obviamente, apenas salga, esta información va a ser pública. ¿De quiénes sí? El caso involucra políticos, Fuerza Pública y grupos armados ilegales. ¿Tiene nombres? Sí, pero no los quiero dar para no agravar mis condiciones de seguridad. El Centro Democrático se jacta de su valentía, de que no quieren impunidad, pero apenas pasó lo mío salieron corriendo como ratas. Dicen que lo que yo digo es falso pero se van. Yo puedo mirar a mis hijos y a mi esposa y decirles que cometí un error y lo afronté. Ellos podrán mirar a sus hijos (pero) para decirles que son unos cobardes que huyeron. ¿De ellos tampoco quiere dar nombres? No, pero quiero dejar claro que ahí está Luis Alfonso Hoyos. Si me pregunta qué lección aprendí, diría que no volver a meterme con políticos. No me arrepiento de haber hackeado a las Farc porque son un grupo terrorista, me arrepiento de haber usado esa información con fines políticos.” (subrayo)

4. “Un periodismo de bolsillo o las mafias periodísticas” Por Joaquín Robles Zabala Revista Semana. (http://www.semana.com/opinion/articulo/joaquin-robles-periodismo-bajo-intereses-particulares-en-colombia/475774)

“Pero el asunto sobre ese periodismo mafioso, se hace mucho más oscuro cuando Gonzalo Guillén, un veterano de la profesión, y que acaba de terminar una larga investigación al respecto, nos dice en una nota recientemente publicada que “uno de los principales miembros de esta banda de periodistas (prominente judicial de televisión) recientemente envío a uno de sus secuaces (editor judicial de una prestigiosa cadena de radio) a recibir un pago de cien millones de pesos colombianos que la mafia les entregó, en efectivo, acomodados entre una caja de zapatos”. (subrayo)

Vi en todos los artículos el común denominador que me llamó la atención. Cuando nos quedamos sin argumentos, cuando queremos imponernos en medio de la hipocresía, cuando queremos resbalarnos ante la argumentación, cuando queremos sembrar la duda pero no asumir posición o responsabilidad, nos salimos por la fácil. Señalamos al indeterminado como responsable, callamos su nombre mencionándolo sin hacerlo, para que otros deduzcan, para que otros lleven el bulto, si da lugar a ello. Y nosotros: tranquilos, porque si sale bien, fuimos los que denunciamos (a unos anónimos no especificados). Si sale mal, me entendieron mal, me sacaron de contexto, me están persiguiendo.

 

No es un mal nuevo, porque que yo recuerde, ‘lo recuerdo de toda la vida’. Lo que pasa es que se hizo más patente al encontrarnos a su mayor exponente, que por ser figura pública, lo reflejó de la mejor manera. Y es Uribe y el uribismo –incluidos los exuribistas, incluido Santos, como exuribista que fue.- “Para ello no dudan en manipular, explotar, traicionar e incluso sacrificar a los demás seres humanos en su afán por alcanzar y mantenerse en la cúspide... uno de sus instrumentos favoritos es la mentira. No sólo el engaño defendido con vehemencia, sino, sobre todo, la inducción al error a partir de todo tipo de especulaciones y la mezcla de medias verdades con falsedades.” (Paul H. Koch. Illiminati). (Para ser coherente tenía que decirlo con nombre propio, aunque habría bastado, para no citarlo, con hacer alusión a cualquiera de sus fanfarronadas y así habría seguido con la costumbre de ocultarme, sin decir, insinuando, diciendo con recoveco, pero bajándome del bus, por si las moscas).

  

Siendo así, no hemos tenido pantalones para decir las cosas como son, contra quienes son y en el momento en que son. Nos encantan los eufemismos para hacer el quite de responsabilidad social que podría correspondernos. No hay como los indeterminados, con los subjetivos, con la imprecisión.

 Y como en otro blog mencioné, para todo hay excusa, porque la vida sin excusa, nos hace ver ante un espejo que refleja lo peor que hay en el ser humano, porque “Ningún diablo, ningún demonio podrá igualar nunca al hombre en su maldad.” (Eliette Abécassis. Qumrám).


Naturalmente, no soy mártir, ni deseo serlo, por eso cuando me ha convenido y cuando convenga seré otro ser de indeterminados, subjetivo, impreciso (Recuerda, me oí decir: “Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”. Proverbio chino). Sólo escribo lo que me molesta porque: “Me invento con mis interpretaciones y me comprendo ante mi texto.” (E. Abécassis).

FOTO: JHB. (D.R.A.)

viernes, 3 de junio de 2016

QUE CÓMO DUERMEN SIN CONCIENCIA? FACILITO!

Luego de publicado el blog en que me preguntaba cómo hacían ciertas personas para dormir a pesar de conocer que sus actuares no los realizaban de conformidad con la pulcritud que todos quisieran tener, me vi atacado por mi alter ego –conciencia, llamarían otros, o mi otro yo que de vez en cuando me asalta con sus propias inquietudes, dudas o simplemente tratando de hacerse notar y sentir-.

Como decía, luego de publicado y en cualquier momento –como acostumbra asaltarme cuando quiere hacerse patente- se me aproximaron en mis pensamientos un: “Bien pendejo que es usté, que cómo duermen todos esos? Facilito, con un sueño profundo, roncando sin cesar, duermen mejor que usté mismo. Mientras usté se desgasta pensando en ellos, ellos duermen plácidamente, porque usté es invisible y no puede contra ellos.”

Y en efecto, tenía razón, todo es cuestión de costumbres. El que es no deja de serlo y eso no impide que bien camuflados vivan como cualquier mortal. La conciencia? Esa es fácil de domesticar, basta con habituarla a determinadas rutinas y termina sin poder distinguir, aceptando como bueno todo lo que se le diga que es bueno. A uno lo asusta un muerto, pero si se vuelve consuetudinario el verlos, hasta el muerto deja de dar miedo, o que lo digan médicos, legistas y encargados de funerarias. O el militar, el primer muerto duele, pero de ahí para adelante, ya dejan de ser torturadores de la conciencia y entrar a formar parte del trabajo.

Y eso me lleva a pensar en la programación cerebral, en lo que llaman conductas que son hábitos atávicos de los que no podemos deshacernos tan fácilmente. Nada más ver un partido de fútbol americano o rugby –y el fútbol pareciéndose cada vez más-, es un deporte de, con el perdón de los antepasados, cromañones, neardentales, peleándose por la presa, a punta de golpe, el fuerte es el que sobresale, los débiles… somos los que no dormimos.

Quisiera uno ser el salvador del mundo, pero la voz vuelve a resonarme con ese: ‘Bien pendejo, déjese de pensar solo pendejadas.’ Esos hábitos atávicos vienen de siempre y con ellos han educado generaciones. Uno cree que es de ahora la corrupción, en el microcosmos que es ciudad, que coincide con el otro microcosmos llamado país, por ser su centro. Lo que pasa es que uno vino a conocerlo con la sofisticación de la época. En cuanto a mí, vine a conocer esa plaga, porque nunca tuve contacto anterior, ya mayorcito. Sin embargo, todos esos males no son originados en estos pueblos, porque la ley ‘se obedece pero no se cumple’ ya desde la misma conquista española, fecha en la que nos fue transmitida. Nada más saber la corrupción de las cortes, no solo española, que a su vez se habían alimentado de la misma corrupción de la iglesia de la edad media y si se sigue de para atrás, los mismos romanos y griegos, todo lo que me lleva a simplemente deprimirme pensando que es un mal de siglos, para concluir que ‘mal de muchos, consuelo de tontos’.

Mucho bobo, cuélese. Y por qué no pasó por la puerta de atrás? Pero si es un momentico nada más. No se deje, no sea pendejo. Hágase el bobo y sin querer queriendo. Diga que tiene afán. Haga valer que es viejito de tercera edad, no sea bobo. Y por qué no lo empujó?

Todas esas palabras desde siempre repetidas, una y otra vez, desde niños, van reforzando el pensamiento del menor esfuerzo, del ser avivato, de no dejarse. Nos enseñaron también la contradicción entre pensamiento, palabra y obra. Para ciertos efectos, unas cosas son buenas, otras malas. Así como sus consecuencias. Los comunistas enseñaron a la humanidad que una mentira repetida indefinidamente se convierte en verdad, y con todo, lograron probar que era cierta esa premisa.

Precisamente vi una película en que un niño –gringo, naturalmente, porque la película era de Hollywood, traducía algo así como el carrito rojo- bajo su insistencia permanente por ayudar al prójimo logró crear una fundación de ayuda a los menesterosos o más necesitados, palabras más, palabras menos. Esa insistencia del niño por lograr lo que se le metió en la cabeza, dio origen a que pensara que había dos aristas, del mismo lado. Para unos, su terquedad; otros pueden llamarla persistencia. Terquedad, palabra de la que subyace un aspecto negativo. Persistencia, para alabar. Y queda uno con la duda, terquedad o persistencia? Vaya a saber, o a buscar una mejor explicación.

‘Y es que acaso quiere cambiar el mundo?’ me oigo decir. ‘Cómo diablos cambiar al mundo?’ –replico. Tercia alguien más dentro de mí: ‘Déjense de pendejadas, ni el uno puede, ni el otro tampoco.’

Y pienso, solo para mí: ‘pues sí, no puede hacer nada y pudiendo, tampoco lo haría, entonces cuál el problema? Duerma y deje dormir, que nunca podrá cambiar el mundo.’ Descorazonador raciocinio, pero en últimas, sí, tiene toda la razón, más bien disfrute los pocos años que aún le quedan, que así ha sido, así será. Recuerdo el grafiti, una golondrina, no hace un carajo! Y si existe Dios, que Él sea el árbitro de su propia indecisión –me oigo concluir-.

Y que cada cual rinda sus propias explicaciones ante el Señor, si es que realmente llega a existir.
   
“Pero sus frases fueron truncadas
Y sus palabras cambiadas,
Y el verbo se hizo mentira
Para mejor ocultar la verdad.”

 


(Eliette Abécassis. Qumrám)




miércoles, 1 de junio de 2016

ACEPTACIÓN Y TRASCENDENCIA

"Cada cual es responsable de las palabras que escribe, 
y de las que lee, pues cada cual es libre ante su lectura."
Eliette Abécassis. Qumrám

Hay muchas cosas que no son enseñadas al ser humano, ni en la casa ni en el colegio, ni siquiera en la vida. Pareciera que está condenado a aprenderlas en carne propia. Podría citar, por ejemplo, el matrimonio, la paternidad, la aceptación del ser, el valor de uno mismo, la conciencia del ser, el primer empleo, la sexualidad, la correlación con otros y la lista a pesar de parecer corta, puede ser tan larga como pueda uno recuperar las experiencias de todo lo que cruzó por su vida y que un manual del usuario le hubiera ayudado a ser mejor, o al menos a hacerlo mejor –pueden hacer el ejercicio-. Al menos estuviera uno programado genéticamente para saber cómo comportarse en determinadas circunstancias obligatorias de la vida, tal como acontece con los animales: los mamíferos saben que una vez nacidos tienen que ponerse en pie, saben en dónde queda la teta de la mama, saben que su supervivencia depende mucho de ellos, porque la naturaleza ha determinado el corto tiempo de dependencia. En los humanos, la genética no nos ha involucrado en esos aspectos, somos totalmente dependientes a todo lo largo del camino de nuestra vida, de niños, de adultos y de ancianos, siempre dependientes. (Cosa berraca! Me oigo decir).

Y aún hoy, sin ver hacia atrás, cómo me sería de buena ayuda el tener un manual para la tercera edad (la vejez, la adultez mayor o como quiera llamársele), a pesar de que hoy en las librerías lo que sobran son libros de ayuda para todo, incluidos los dummies. Un manual genético que me permitiera afrontar esta nueva etapa con dignidad, entereza, aún ante la desgracia de la salud, sin autocompadecerme y sobre todo, sin conmiseración ajena, a pesar de que siempre explotamos y nos cobijamos con el pobreteo (pobrecito! me insiste el de adentro!), para obtener dádivas que no nos merecemos o que no nos correspondería por el contrario. Y uno en particular, el manual para el mejor morir, para cuando nos cansemos o para cuando ya estemos inservibles o ya no demos más. Pero el cuento no es éste, por el momento.

Soy consciente que uno siempre busca la aceptación ajena, por no decir social. Escribo para que me lean, para hacer alarde de algo? –tal vez, de pronto-. Otros tienen carros, casas y becas, para demostrar que están por encima de otros más o, al menos, para que otros vean que está igualándose a esos otros. Se baja la cabeza, sin sentido, con tal de ser aceptado en el grupo. El grupo es lo importante y su aceptación lo es más. Se da todo por pertenecer a él, no importa si el grupo es religioso, político, laboral, grupo es grupo.

En otras palabras, uno siempre está detrás de una aceptación –social o de grupo-, a cada momento, en cada circunstancia de vida. Pero… acabo de pensar que uno anda en busca de la aceptación del grupo, cuando lo realmente cierto es que primero debería uno aceptarse a sí mismo, con virtudes y defectos como decían los sabedores, tal como se es y basta con rememorar la adolescencia, llena de defectos y limitantes sociales, de los barros –acné- a la falta de plata, que conducía necesariamente al ‘achante’ y a la búsqueda entonces de la aceptación de grupo, así fuera de un grupo de no aceptados, par entre los pares! (Leyendo por ahí me encontré: “La aceptación incluso puede referirse a la aprobación física, cuando un sujeto tiene que aprender a aceptar su cuerpo tal y como es y evitar sentirse deprimido al respecto. Se conoce como dismorfofobia un trastorno que impide a un individuo mirarse a sí mismo con objetividad; en cambio, ve en primer plano sus defectos y los magnifica. Las consecuencias de esta enfermedad son muy variadas, aunque el miedo a salir a la calle y ser visto por otros suele ser un denominador común.”) (http://definicion.de/aceptacion/)

La cuestión es que estamos obligados a salir a la calle, a afrontar la vida, sin manual, sin experiencia e improvisando, todo lo que se pueda, porque somos ‘seres sociales’. Tal vez por eso es que también somos multiplicadores de taras y mitos urbanos, porque una vez aceptados en un determinado grupo terminamos pareciéndonos entre todos, repitiendo sin razón las mismas letanías… (oigo decir: me estoy saliendo del tema por mi proclividad al desvío causado por la emoción de descontrolarme).   

Con todo, el consuelo lo obtengo en las siguientes palabras: “Lo ha expresado muy bien el gran sicólogo William James: ‘El yo social del hombre es el reconocimiento que éste obtiene de sus semejantes. Somos no solamente animales gregarios, que gustamos de la proximidad con nuestros compañeros, sino que también tenemos una tendencia innata a hacernos conocer, y conocer con aprobación, por los seres de nuestra especie. Ningún castigo más diabólico podría ser concebido, si fuese físicamente posible, que vernos arrojados a la sociedad y permanecer totalmente desapercibidos por todos los miembros que la componen.’ Nadie llegaría a la humanidad si otros no le contagiasen la suya, puesto que hacerse humano nunca es cosa de uno solo sino tarea de varios; pero una vez humanos, la peor tortura sería que ya nadie nos reconocieses como tales… ¡ni siquiera para abrumarnos con sus reproches!” (Savater, Las preguntas de la vida).

Y una vez aceptados, queremos trascender en ellos mismos, en el grupo mismo, ante la imposibilidad de hacerlo respecto del resto del mundo. Ese trascender, para este caso, debe entenderse como la capacidad y posibilidad de ir más allá al conocimiento de un sujeto, más al reconocimiento del sujeto. (Ya parezco un filósofo tratando de explicar lo inexplicable. Lejos de mí! Me oigo gritar!)

La parte anecdótica de lo que quisiera expresar y ahora, mientras lo escribo, me parece que las dos palabras que dan origen a este blog fueran sinónimas, en cuyo caso aceptémoslas así, como simple dogma –y para estos efectos-. Decía que lo de la trascendencia se quedó muy pegado en mi memoria universitaria, cuando hablando paja un grupo de amigos, uno de ellos expresó que para él sería fatídico morirse sin haber trascendido, en lo que fuera, no ser reconocido por el mundo, que era trágico que al morir nadie supiera que había cruzado este mundo, sin pena ni gloria. Le envidié, en su momento, porque al menos tenía algo claro en la vida. Aparentemente. Conocí de primera mano su capacidad para el dibujo y pensé que si se dedicaba a esas artes, trascendería y sus obras perdurarían a su vida, podría ser reconocido. Igualmente creo que hubiera podido ser escritor, tenía su talento. Pero hoy, 40 años después de ese comentario, veo que él no trascendió en la forma como quería. Por las referencias que en el tiempo he tenido de su vida, parece que ha terminado con una vida opaca, chismes que no son del caso contar acá. Llevó una vida común, totalmente común, pareciera que será su gran frustración si llega a recordar su afán de trascendencia. Siguió su destino, diría yo –y ya tendremos oportunidad de hablar del destino-.

Y si pudiera hilar todo esto, puedo llegar a la conclusión de que, en todo caso, sí trascendió. En mí, al recordarle y de la misma forma, puedo llegar a la conclusión de que uno, quiera o no, por bien o mal, trasciende en otras personas. En familiares, conocidos, amigos, a aquellos que pueden decir ‘lo distingo’, a los vecinos desconocidos, con personas con las que uno se cruza permanentemente o una sola vez en la vida, de cualquier manera uno llega a trascender en otros.

Uno trasciende y hace historia cuando lo recuerdan, aún en vida, aclaro. Por efectos de aceptación, supongo, una vez hice un ejercicio de cuánta gente pude conocer –sin contar cuánta pudo conocerme, que es asunto diferente- y me puse a contar tantos de la familia, tantos amigos –incluidos correlacionados con los que pude haber hecho contacto en algún momento-, tantos compañeros de viaje, de trabajo, durante tantos años de ser empleado, y así seguí la cadena y al perder la cuenta decidí que la cadena de conocimiento era algo extensa. Con eso bastaba, había trascendido en ellos y por ellos.

Sin embargo, para precisar matemáticas por decir algo, el colegio, un curso –primero de bachillerato- dividido de la A a la F y cada uno de ellos con 40 alumnos de promedio. Sin contar profesores y otros, por encimita son 240 personas. Solo en ese círculo, de cualquier manera –buena o mala-, tuve contacto con ellos, todos. Unos olvidados, otros recordados, unos indiferentes, otros deferentes, todos hoy unos extraños. Si esos sólo fueron durante un año, las proporciones son mayores a lo pensado originalmente.

Pero volvamos al cuento. La vida no pasa indiferente, uno trasciende a partir del prójimo que le aceptó y el ejercicio es recíproco. Pero como pasa luego de la muerte, ‘el olvido que seremos’ ocurre aún en vida, al olvidar la trascendencia y la aceptación de cada paso por la vida, sin un manual, sin una guía.   


En consecuencia, trascendemos a través de los otros y buscamos aceptación por su intermedio.



D.R.A. Foto: JHB