miércoles, 17 de julio de 2024

DESINFORMACIÓN

                 La desinformación, la mala información o la información recibida de un tercero no apto para transmitirla (es decir el chisme del tendero de la tienda de la esquina), resultan ser muy mal consejeros dejando que uno se integre a ese corrillo y termine diciendo unas cuantas barbaridades, como las que diré a continuación.

                 Me refiero al tema de la prohibición del uso de plásticos.

                 La primera imagen que se me vino a la cabeza fue: y ahora cómo voy a cargar diez huevos en la mano (o será que los guardo en el bolsillo, con los otros dos?); y si voy a comprar pan tajado que viene en bolsa plástica, cómo las llevaré y cómo sé que el número de tajadas corresponde a la cantidad vendida? Y los embutidos (salchichas, morcillas, jamón que vienen envasados en plástico) me los venderán sin empaque? Y cómo los llevaré sin embadurnarme? Y si para colmo tengo que hacer en una sola compra todos esos productos y no cargo bolsa especial? No me veo atajando tajadas de pan, salchichas resbalosas y tocándome los huevos, quedaría, digo yo. Equilibrista a estas alturas no me creo capaz.

                 Sí, pero al fin qué dijo la ley y me remití a leerla pero dentro de mi propia ignorancia no entendí mayor cosa (aunque sí entendí que debía capacitarse al pueblo, desde hace dos años, pero parece que como toda ley, es sorda y manipulable, claro está). Nada más leer Envase o empaque primario. Envoltura que protege, sostiene y conserva la mercancía. Está en contacto directo con el producto y puede ser rígido o flexible. Es la mínima unidad de empaque que se conserva desde la fabricación hasta el último eslabón de la cadena de comercialización, es decir, el consumidor final. Nada más leerlo pensé en los calzoncillos, como envoltorio que protege, sostiene y conserva la mercancía y entonces concluí que en la moderna forma de expresarse actualmente ya no se debería decir calzoncillos sino envase o empaque primario (por aquello de todes y demás barbaridades).

                 Me dirán: vos si sos ignorante, y tienen razón, pero el tema me daba para pensar en el punto culminante de mi raciocinio: cómo voy a recoger las cagadas de mis perros? Con copitos, con pitillos, no, porque también están prohibidos. Embadurnarme? Ni puel…

                 Y ya terminando, me acordé del empaque primario y de la mercancía, es decir de los calzoncillos y me preguntaba, acaso el condón no es un tipo de plástico, de único uso? (Hay quien aclarará que son de látex y que no es plástico y les responderé pero vienen envueltos en plástico o no?) 

Pero ahora la ley es diferente. Es más gris. Los ideales hace tiempo que han quedado degradados a nociones. Las nociones son opcionales.[1]

Tomado de Facebook



[1] El inocente. Michael Connelly.


lunes, 15 de julio de 2024

EN BLANCO

                 Hay días en que sin proponérselo o aún proponiéndoselo el cerebro no da para escribir, es como si entrara en letargo o en mera pereza porque no fluye la escritura a pesar de que el pensamiento no haya dejado de hacer lo que sabe hacer: pensar pendejadas, casi siempre, como generalmente acontece, como es su rutina.

 

                Pero hay mucho que escribir. De religión, por ejemplo, pero pienso: Dios me libre, para que me meto en honduras y el tema da para escribir dos biblias más. Desechado. De política y de corrupción, que resultan ser lo mismo. Tampoco, es tema vetado, se me hinchan las venas, la bilis se me revuelve y se me sale el hampón que también tengo, aunque sosegado para no terminar en honduras. Desechado. De guerras. Tampoco, las hay por todos lados y la guerra es simple injusticia o mero negocio, lo que resulta en lo mismo; tengo guerras cercanas, en el sur del país; en países adyacentes, en otros más allá de los mares y es lo mismo y si he de ser sincero, entre más alejadito esté yo, mejor, la cosa no es conmigo[1]. De filosofía, ni modo, demasiado intrincado para meterse en líos. De sexo, menos, demasiados susceptibles. De culinaria? Quién puede estar interesado en cuántas formas de hacer un huevo hay (y me consta por experiencia que hay muchísimas o no habrán probado unos huevos revueltos con cilantro, por ejemplo?), además de que es aburridor leer sobre culinaria si no se practica, por lo tanto, desechado.

 

                Y, en efecto, puede haber mucho por escribir, pero cuando se está en blanco lo mejor es seguir escribiendo pendejadas, una forma pasar el tiempo (Para que el tiempo pase. Qué tontería de frase. El tiempo se las arregla por sí solo para pasar, no necesita ayuda.[2]), si es que las pendejadas vienen solas.

 

Me acordé de una película que había visto hacía un par de años. Espíritus en las tinieblas, una bellísima historia de cazadores y leones.
Val Kilmer le pregunta a Michael Douglas: «¿Has fracasado alguna vez?». Respuesta: «Sólo en la vida».[3]

Tomado de Facebook
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[1] «Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,

guardé silencio,

ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,

no protesté,

ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera protestar».  Poema escrito por el pastor luterano alemán Martin Niemöller

[2] Las tres de la mañana. Gianrico Carofiglio.

[3] Testigo Involuntario. Gianrico Carofiglio.

viernes, 12 de julio de 2024

SALUDOS

 

Alargó la mano atravesando el límite invisible de la puerta. Tenía una hermosa mano masculina, grande y fuerte.

Algunas mujeres —y especialmente algunos hombres— estrechan la mano con fuerza, pero enseguida te das cuenta de que se trata de una exhibición. Quieren aparentar que son personas decididas y sinceras, pero la fuerza sólo está en los músculos de la mano y del brazo. Quiero decir: no viene de dentro. Algunos pueden incluso estrujar, pero es como si hicieran culturismo.
Otras personas, pocas, cuando te estrechan la mano revelan que hay algo detrás de los músculos. Aguanté su mano tal vez algún segundo más de lo debido, pero ella siguió sonriendo.[1]

 

            El anterior párrafo me llevó a la reflexión. Hace cuánto tiempo no saludo de mano? Lo digo porque uno de pensionado va perdiendo la sociabilidad, va perdiendo amistades por los devenires de la vida y con los pocos con los que se cruza son tan escasos que no hay tiempo de saludo de manos, así como tampoco ha habido ocasión de conocer nuevas personas a las cuales saludar de mano.

 

            Y hoy la moda se ha impuesto, la de saludar de beso a cualquier desconocido, ya no se puede coger el codo porque ni la mano se da. Y eso me llevó a acordarme de los diferentes saludos que antaño se tenían, de acuerdo con la condición social, a la distancia, a la intimidad entre conocidos y entre amigos. A las mujeres se les saludaba de acuerdo con la ocasión, se esperaba a que tendieran la mano, el contacto no podía superar ciertos segundos, en ocasiones se les saludaba tomándose mutuamente las muñecas o bien con la mano se acogía el codo, pero hoy, como dije, con ellas es de beso aún entre desconocidos, siendo uno un total desconocido. Cosas que se ven.

 

            Y pensando en manos las había de todo tipo, escurridizas, resbaladizas, férreas, fuertes, duras, aguadas (mi mamá decía que era como saludo de babosa), húmedas, ásperas (se reconocía en las de los trabajadores de campo o de actividades fuertes de mano), de todo tipo las había, dentro de mis recuerdos. Y las había hasta odiosas. Yo odiaba tener que saludar de mano a alguna personalidad, me hacía sentir intrascendente, en la medida en que ni siquiera él sabía a quién saludaba, un saludo obligatorio pero intrascendente, uno más en una lista, por lo que generalmente mantenía yo el bajo perfil (es decir, me hacía el pendejo) y así evitaba un contacto personal. Ni siquiera lo miraban a uno a los ojos, odioso saludo obligado. —No soy nadie. Nunca lo he sido para vosotros. ¿Qué importa ahora mi nombre? Nunca lo habéis querido saber antes. ¿Qué importa ahora quién sea yo o lo que haga?[2]

 

 

            Y también había un saludo muy particular, en el que uno dejaba de ser un anónimo así fuera por un instante. El saludo aquél en que la otra persona acogía la mano de uno con sus dos manos, generalmente cálidas, casi siempre obteniendo una sonrisa, lo que hacía del saludo algo especial.

 

                        Saludos de saludos, hasta en eso se ha evolucionado, quién lo creería. Ahora el solo puñito, puñito y dedos, codo con codo, y las maromas que hacen los jóvenes para darse un mero saludo (acompañado de sus consiguientes palabrotas). Quién lo creería.

 

Que quede claro: yo no era mejor que los demás, si bien algunas veces intentaba concederme algo de dignidad.[3]

Tomado de Google


[1] Testigo Involuntario. Gianrico Carofiglio.

[2] Los asesinos del emperador. Santiago Posteguillo.

[3] Testigo Involuntario. Gianrico Carofiglio.


miércoles, 10 de julio de 2024

ABUELO, ¿CÓMO SE PIERDE LA VIDA?

                 La vida se pierde de muchas formas, hijo.

Se pierde cuando quieres vivir la vida de otros y no la tuya.

Se pierde criticando los errores de otros y no mejorando los tuyos.

Se pierde cuando te lamentas a cada momento por haber fracasado y no buscando soluciones para poder avanzar.

Se pierde cuando te la pasas envidiando a los demás y no superándote a ti mismo.

Se pierde cuando te enfocas sólo en las cosas negativas, y dejas de disfrutar las cosas positivas de la vida.

La vida NO se pierde cuando dejas de respirar, sino cuando dejas de intentar ser feliz.

 

                Un escrito que me llegó al WhatsApp, de algún poeta anónimo, digno de ser reproducido, es cierto, porque me gustó y porque encierra ciertas verdades, simples, es verdad.

 

                Eso me lleva a pensar que vivimos una vida de inconformidad que justificamos de diversas maneras para hacer llevadera la propia humanidad, cada uno se reconcilia con sus sentimientos de culpa como puede o como sabe. Y una de mis formas es precisamente esta: durante un rato, me siento mejor persona de lo que soy en realidad.[1]

 

… algo que le había oído a mi abuela cuando yo ya no era una niña y ella estaba enferma: «Muchas veces intentamos justificar nuestro comportamiento echando las culpas a los demás, a nuestra naturaleza o a la manera como van, o deberían ir, inevitablemente las cosas de la vida. Declaramos que ciertas decisiones o determinados comportamientos son ineludibles. Pero, con frecuencia, tanto estos como nuestras mil formas de justificarlos no son más que un síntoma de mediocridad moral». «Mediocridad moral»: dos palabras que siempre me han obsesionado, como una maldición o una condena[2].

 

Aquel hombre era ciego. Es curioso cómo los hombres muchas veces sólo ven lo que han decidido ver y no lo que hay realmente ante ellos.[3]

Tomado de Facebook
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[1] La disciplina de Penélope. Gianrico Carofiglio.

[2] La disciplina de Penélope. Gianrico Carofiglio.

[3] Circo Máximo. Santiago Posteguillo.

lunes, 8 de julio de 2024

DEL AYER AL MAÑANA

                 Entre el ayer y el mañana solo está el eterno hoy, tema del que he escrito con suficiencia, supongo, pero a medida que transcurre el tiempo me encuentro con escritos que me llaman a la novedad por tocar algún punto que creo quedó en el tintero. Y así fue al leer, o releer tantas veces -olvidadas tantas veces-, una sentencia de San Agustín: “Si nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé, pero si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé”.

 

                Ese es dilema que igualmente me persigue. Pero el artículo[1] que leí a raíz de tal afirmación me hizo pensar en detalles, tenidos en cuenta u olvidados por pura ignorancia -cualquiera puede decir que si se es ignorante no puede ser olvidadizo, o sí?-. Ser es ser en el tiempo, igualmente leí, palabras de Kant. Y el meollo lo encontré en estas palabras: Pero, ¿qué es el tiempo? Podríamos decir que el tiempo es la sucesión de pasado, presente y futuro. Pero lo curioso es que ni el pasado, ni el futuro son… Sólo nos queda el presente, un instante que no deja de dejar de ser y que continuamente desaparece entre dos nadas, sin casi duración.

 

                Y como siempre lo damos todo por sentado: Pero lo curioso es que el tiempo no deja nunca de fluir, ese es el gran misterio: el presente deja continuamente de ser, sin por eso desaparecer. Es decir, deja de ser, pero sigue siendo. Un flujo eterno, que desaparece en un pequeño instante… imposible de aprehender. Es un eterno presente que un paso atrás se volvió pasado mientras espera el paso siguiente cual futuro anhelado, manteniendo un equilibrio a ratos imposible de digerir. El futuro no es nada, es mera expectativa del que, normalmente, no tenemos conciencia, afortunadamente. Y el pasado, igualmente, no es nada para el momento actual, es una historia que pasó, simplemente pasó (afortunadamente?).

 

                Y como tantas ficciones humanas el tiempo es de su propia creación, creada la noción como guía, supongo y luego para reinventarse con la construcción del reloj, para darle más conciencia, dado que a la vaca, a la montaña o al mismo cielo, les es intrascendente al no tener noción ni ficción de lo que pueda ser. De haber sido así para el hombre, me pregunto cómo sería su vida sin la conciencia del tiempo, cómo sería…

 

Puede ser que el tiempo, como tal, no exista; que sólo exista el espacio, y lo que creemos que es el tiempo no es más que movimiento. Si envejecemos es por los movimientos de nuestro organismo. Si el sol sale cada mañana, es por el movimiento. El movimiento es cambio, y el cambio es la única evidencia del paso del tiempo. 

 

¿Cómo podía explicarle que estaba aprendiendo?, ¿que el pasado condiciona el presente?, ¿que el libre albedrío es una fantasía?, ¿que una fuerza a la que podríamos denominar Destino o Dios controla las sendas que tomamos?[2]

Tomado de Facebook
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[1] https://infinitesights.wordpress.com/2010/11/09/1527741858/. Todas las citas son de este artículo.

[2] Almas muertas. Ian Rankin

viernes, 5 de julio de 2024

DE MONUMENTOS

             Las curiosidades de la irracionalidad de los seres humanos, cuando va acompañada de estupidez es bastante creciente y la imbecilidad se impone. Sale una ley que prohíbe los toros, está bien, pues no está bien hacer sufrir a los animales. Casi de inmediato el partido de gobierno, como suele acontecer con la izquierda que llega al poder, decide tumbar la escultura de un famoso torero aclamado en su tiempo y literalmente fue tumbar la escultura, se veía sevicia y mala leche de quienes lo hicieron, pudiendo haberla quitado (es decir, con técnica y sin alevosía) y guardado, pues en todo caso ya había pasado a ser un bien público -y si mal no estoy, sería destrucción de bien público sancionado por la ley, pero como los izquierdosos en el poder creen que esas leyes no les cobijan…-.

 

            Como sea, era una escultura, un homenaje, un reconocimiento dado en el momento correspondiente. Que las corridas de toros sean vetadas legalmente qué tiene que ver la escultura como para destruirla (al menos lo intentaron con la venia gubernamental? Ridículos y estúpidos a la vez, pero qué se le va a hacer). Eso me llevó a pensar que en consecuencia, siguiendo la misma lógica de aquellos, que deberían destruirse las plazas de toros, al igual que las corralejas y demás demostraciones en que se someten a los animales a vejámenes innecesarios. Y también las de Laureano, Santander y qué más se yo, por ser lo que eran, me digo. Pero no, para otras cosas no hay como elevar a las alturas el sombrero de Pizarro o la sotana del cura Torres, entonces me pregunto, en qué quedamos?

 

            Irracionalidad, estupidez e imbecilidad juntas, qué más se puede esperar de estos gobiernos?  

 

      Se trataba de un auténtico alegato contra la creciente costumbre de destruir todo tipo de edificaciones, religiosas o civiles, del pasado en aras de una modernidad absurda: como si destruir la historia ayudara a borrar nuestro pasado; como si nada de lo hecho anteriormente mereciera la pena que lo conservaran. Empezaban por las vidrieras de las ventanas, luego eran las fachadas y, al final, el edificio entero. Y empezaban por los edificios, pero ¿qué vendría después? ¿Las ideas o ya directamente las personas? Porque él lo sabía: todo era una cadena.[1] 

Tomada de Google


[1] La sangre de los libros. Santiago Posteguillo.


miércoles, 3 de julio de 2024

INFLEXIONES

                 No sé en cuál de los dos sentidos que da la RAE me lleva a este blog. Si como Torcimiento o comba de algo que estaba recto o plano o Elevación o atenuación que se hace con la voz, quebrándola o pasando de un tono a otro, dadas las frases que me llevan a la reflexión[1] a partir de frases ajenas.

 

Carmina Burana habla sobre cómo el destino de las personas está regido por los caprichos de la fortuna. Por lo tanto, ante un futuro tan impredecible, lo más inteligente es disfrutar mientras se pueda[2].

 

También le dio por reflexionar sobre esa manía que tenemos de dejar señales a nuestro paso, señales de que estuvimos allí, de que pasamos por allá. Sobre cómo esas huellas, al igual que esos grafitis tan enrollados en paredes, edificios y pasos elevados, constituían el equivalente urbano de las pinturas rupestres[3].

 

Pero a veces las huellas se desvanecen. ¿Te acuerdas de esas películas de Drácula que siempre vas a ver cuando se te presenta la oportunidad? ¿Recuerdas que él no se refleja en los espejos? Bueno, ese eres tú, hijo mío…, así somos todos nosotros. Recorremos esta tierra, trabajamos y amamos y formamos nuestras familias y luchamos por lo que creemos y, aun así, somos invisibles todo el tiempo. Cuando desaparezcamos, no quedará ningún rastro de que hemos estado aquí[4].

 

Y eso es porque Creo que nunca conocemos a la gente tanto como presumimos, ¿verdad?
—Empiezo a creer que nunca conocemos a nadie[5].

 

Tardamos en comprender que nuestras vidas carecen de argumento. Al principio nos imaginamos en el centro de las grandes luchas entre la luz y la oscuridad, héroes en pijama o con Levi’s, inmunes a la gravedad que empuja a los demás hacia abajo. Más tarde, urdimos escenas en las que los acontecimientos del mundo giran alrededor de nosotros como lunas, como mariposas nocturnas alrededor de las luces de nuestros porches. Por último, empezamos a comprender, dolorosamente, que el mundo ni siquiera reconoce nuestra existencia. Somos lo que nos sucede, la gente que hemos conocido, nada más[6].

 

Aunque lo tomemos a broma, con el tiempo, los días señalados de nuestras vidas se vuelven más conmemorativos que festivos. Con el correr de los años, nos apasionamos cada vez menos. La palabra «menos» define también aquello de lo que somos capaces, físicamente, emocionalmente y, por fin, aquello que esperamos, aquello que aún creemos posible[7].

 

Pero cuando más tarde me miré al espejo, no vi ningún destello; más bien un tedio que se lo tragaba todo. Me acordé de Walsh, de lo viejo y gastado que me había parecido el día del funeral de LaVerne. Yo no debía de estar mucho mejor; lo más probable, más bien, era que estuviera mucho peor. Ya basta de ensoñaciones, me dije: hay cosas por hacer[8].

 

Me preguntaba cómo sabemos que aquellos cuyo nombre ha perdurado son mejores, más inteligentes o más interesantes, solo porque han resistido al tiempo… ¿Dónde quedan los olvidados?    Nosotros decidimos de qué queremos acordarnos y de qué no. El tiempo no tiene nada que ver con eso. Al tiempo le da igual. Pero lo injusto de nuestra historia, Brilka, es que no nos ha dado ni a ti ni a mí la posibilidad de acordarnos de todo, también de todo lo olvidado, que también yo tengo que seleccionar —para ti—, decidir qué es digno de mención y qué no; a veces creo que es una tarea imposible. Lucho contra mi memoria, absolutamente subjetiva[9].

 

La memoria nunca se ha servido demasiado del cronómetro. Siempre susurra: «Confía en mí». Sin embargo, no es de las que aparecen cuando se las necesita, ni mantienen el cuarto limpio, ni hacen la colada, ni se duchan con regularidad[10]. Las palabras seguirán significando lo que se les antoja, ¿no? Por mucho que intentemos controlarlas[11]. ¿Discernimos alguna vez cuánto de lo que hacemos, de lo que decidimos, de lo que ponemos en marcha, es consciente, cuánto no lo es en absoluto?[12]. Ahora mismo, no tengo demasiada compañía —el lenguaje, el acento y la cadencia habían vuelto a ser los de su juventud—. Ni siquiera yo me hago compañía[13].

 

… jamás volvió a ser como entonces. ¿Cuándo vuelve a ser igual algo que has dejado atrás?[14]

 

Soy un libro y no puedo leerme a mí mismo[15].

 

Conversación tan deprimente, termino por decir, pero desafortunadamente no puedo leerme a mí mismo.

Tomado de Facebook
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[1] Reflexionar significa plantearse preguntas sobre lo que se hace o lo que siempre se ha hecho y modificar los saberes y conocimientos con los que se actúa todos los días, inclusive de manera automática, sin cuestionarlo. Enseña el doctor Google.

[2]https://mineria.org.mx/que-es-carmina-burana-y-su-importancia-en-la-cultura-popular/#:~:text=%C2%BFDe%20qu%C3%A9%20trata%20la%20historia,es%20disfrutar%20mientras%20se%20pueda.

[3] El regreso de Driver. James Sallis.

[4] Mariposas en la noche. James Sallis.

[5] Mariposas en la noche. James Sallis.

[6] El avispón negro. James Sallis.

[7] El ojo del grillo. James Sallis.

[8] Mariposas en la noche. James Sallis.

[9] La octava vida (para Brilka) - Nino Haratischwili.

[10] El ojo del grillo. James Sallis.

[11] El ojo del grillo. James Sallis.

[12] El ojo del grillo. James Sallis.

[13] Moscardón azul. James Sallis.

[14] El avispón negro. James Sallis.

[15] La octava vida (para Brilka) - Nino Haratischwili.