viernes, 9 de abril de 2021

REACCIONES

             Iba por la calle, a modo de paseo con mascotas, Milan y Randal me acompañaban, dos grandes perros, con decir que el uno es un gran danés y, el otro, un criollo tamaño gigante. Naturalmente cuando los ven, la gente se asusta o tímidamente cambian de dirección, no sabiendo que son unos falderos de tiempo completo.

 

            De un momento veo correr a alguien cruzando la avenida y en cuestión de segundos veo otras personas detrás, también corriendo y luego alcanzo a distinguir unos gritos que alarmaban ladrón. Le vi que venía hacia mi dirección y se me ocurrió plantarme frente, teniendo a cada lado un perro y el ladrón al verme cambió de dirección, tampoco sabía que por una caricia o por una galleta y más por lo segundo esos perros no harían nada.

 

            Veo pasar la película y el ladrón huyendo, tras él unas cuantas personas, entre ellas la infortunada a la que le habían quitado el morral. Delante del ladrón, al haber un paradero de buses, uno de los conductores trató de interponerse y lo que alcanzó a hacer fue una zancadilla. Efectiva pues el ladrón rodó al suelo, pero, como lo saben hacer los ladrones, no sé cómo se levantó y prosiguió la carrera, pero por tratar de insultar al que lo había tumbado, al voltear la cabeza él mismo volvió a caer al pavimento y en esta oportunidad todos los perseguidores le alcanzaron.

 

            En el suelo, todos, ante una orden invisible, comenzaron a patearlo, a insultarlo. Una buena paliza le dieron, un buen escarmiento ante la imposibilidad de hacer justicia efectiva. No me quedé a ver el final porque debía continuar con mi caminata perruna, pero tuvo un buen final, un buen escarmiento.

 

            He de confesar que, de buena gana, hubiera ayudado a patear al hampón, ganas no me faltaron, todos a una, como en Fuenteovejuna.

 

            Lo digo sin ruborizarme pero ese instinto atávico, si es la explicación, me parece la mejor justicia que se puede impartir, ante la imposibilidad de que otra justicia, divina o humana, pudiera existir.

 

            Pero en tales circunstancias, seguimos comportándonos como animales, con el perdón de los animales, que lo hacen por instinto.

 

Somos animales, amigo mío, no lo olvidemos. Mal que le pese a la iglesia, que quiere convencernos de que somos puro espíritu, o a vuestros simpáticos gobernantes, que nos ven como una lista de números en un papel.[1]

Foto JHB (D.R.A.)


[1] Maurizio de Giovanni. Y todo a media luz.

miércoles, 7 de abril de 2021

UN DÍA CUALQUIERA

             Un día cualquiera, ante la inquietud de recibir una tarjeta que había solicitado hacía diez días y que me habían dicho que en tres días hábiles la enviaban y viendo que pasaba el tiempo, quise preguntar al teléfono rojo del bancodav (ups!) qué había pasado con el envío.

 -                     Buen día, señor Juan, en qué le podemos servir? (4:02 pm).

-                     Quisiera preguntar cuándo me envían una tarjeta de crédito que solicité por reposición hace más de una semana?

-                     Un momento, señor Juan, verificaremos en el sistema.

 Se hace un silencio sepulcral, dado que ya no ponen esas tonadas que antes ponía para la espera, afortunadamente, pero en el silencio no queda más remedio que la espera hasta que le dicen a uno:

 -                     Gracias por su espera, señor Juan. (4:08). De qué tarjeta se trata?

-                     De crédito.

-                     No, el tipo de tarjeta.

 Qué carajos me está preguntando, me pregunto en silencio, será que le digo que una negra, como en efecto es el plástico?

 -                     No entiendo, es una tarjeta de crédito que tengo con ustedes.

-                     Señor Juan, la franquicia.

 Será que le digo que es del bancodav? (ups, casi se me sale). Hasta que recapacito y se me aparecen infinidad de opciones, hasta que caigo en la nota:

 -                     Visa, si no estoy mal.

-                     Un momento, señor Juan, verificaremos en el sistema.

 Otro silencio sepulcral y pienso, acaso no tienen toda la información en el sistema? Pero como son las cosas, espero a ver que se viene y ya empieza a aparecerme el geniecito que se me sale cuando me resultan con estupideces.

 -                     Gracias por su espera, señor Juan. Me puede dar un teléfono por si se cae la llamada? (4:14)

 Doy el número del celular y el consabido, un momento señor Juan verificaremos en el sistema.

 Dos minutos después vuelve y juega (como en el teléfono aparece la duración de la llamada cada vez que había un silencio miraba el tiempo transcurrido).

 -                     Gracias por su espera, señor Juan. Me puede dar los cuatro últimos dígitos de la tarjeta?

 Los doy y vuelve y juega con el un momento señor Juan y quedo en el silencio y con el ardor a punto de explotar porque la pregunta era muy sencilla: cuándo me llega la tarjeta que pedí la semana pasada?

 -                     Gracias por su espera, señor Juan. Su tarjeta le llegará en tres días hábiles. Ha quedado satisfecho con la consulta?

-                     No, respondo ya con la piedra afuera, señorita lo único que preguntaba era que cuándo me llegaría la tarjeta que había solicitado hace más de una semana, porque esta era la hora en que no la habían enviado y me habían dicho que esperara tres días hábiles. Es lo único que deseo saber. Y ya llevo 25 minutos en una simple consulta.

-                     Señor Juan, es que tenemos que consultar con el sistema y lo que le digo es lo que aparece en el sistema. Gracias por su llamada, etcétera, etcétera, etcétera.

 Pensé en qué servía perder más tiempo, media hora para una sencilla pregunta que nunca fue absuelta y ni modo de quejarme, porque de nada vale; afortunadamente luego de esa despedida me mandan a una encuesta, en donde 1 es muy malo y 5 es excelente. A todo contesté 1, para ver si me llaman a averiguar lo que pasó. Ya veremos.

 Y me sigo preguntando, una simple pregunta que me generó estrés, perdí media hora inútilmente y no me quedó claro si el bueno de la película era yo. Esta es la modernidad de la sistematización, pensé lamentándome luego de colgar.

 Y todo por una simple inquietud.

—Sería el colmo del absurdo.

—Guido, ¿no hace ya veinte años que trabajas para la ciudad? A estas alturas, ya deberías saber que el absurdo no es obstáculo.[1]

Tomado de Google. 250801


[1] Donna Leon. Altas esferas.

lunes, 5 de abril de 2021

INFERNO


            Ambientación: Película Inferno, basada en la obra de Dan Brown. Tom Hanks como siempre corriendo de aquí para allá. De secretismo a conspiraciones, gubernamentales y no gubernamentales, siempre la conspiración. La trama que lo mantiene a uno en permanente suspenso, aunque el suspenso inicial de Brown con el tiempo ya lo tiene prevenido a uno y ya se sabe para dónde va, casi siempre, desde el Ángeles y demonios.

 

            El diálogo: como dije, el propio de secretismos y conspiraciones, permanentes conspiraciones, a alto nivel, como siempre.

 

-                     Sería curioso conocer todas esas conspiraciones, quién sabe si realmente existen, a lo mejor es verdad, qué tal que uno supiera… dijo él en algún intermedio de acción.

 

Un segundo de silencio y ella dio su veredicto final:

 

-          Tal vez lo mejor es no saberlo.

 

No añadió nada, porque todo quedaba dicho.

 

Fue hasta la ventana y se puso a mirar afuera, con la cabeza llena de pensamientos inútiles.[1]

Tomado de Google
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[1] Marco Vicchi. El recién llegado. 

viernes, 2 de abril de 2021

NIMIEDADES

 -                     Por qué no cerraste la puerta del armario? Preguntó ella, levantando el ceño, como solía hacerlo cuando le molestaba algo de él.

 

Como siempre, ante situaciones semejantes, durante un corto tiempo, en silencio, se preguntaba él, durante el tiempo de un suspiro, cómo podría afectar la vida de alguien que la puerta estuviera o no cerrada? Aunque sabía que a él sí le afectaba, pues el comentario siempre venía. A su memoria le llegó el reclamo del día anterior: por qué no metes bien la silla del comedor cuando acabas? Igualmente recordó que decidió hacerse loco ante tan comentario, que no era pregunta y se limitó a acercar más la silla a la mesa, hasta donde era posible. Tema zanjado. Pero también había pensado en la importancia para la vida de alguien que la silla estuviera centímetro más, centímetro menos alineada a la mesa del comedor? Si no era obstáculo, qué importancia tenía.  Para ella sí la había, de eso estaba seguro.

 

Y días antes le había reprochado por no haber bajado la tapa del inodoro, recordó y el asunto lo zanjó bajándola, sin decir más.

 

Mientras pasaba el tiempo, esos segundos que pasan mientras a uno se le ilumina la mejor respuesta, él pensaba en la importancia de cerrar una puerta, acercar una silla o bajar una tapa de inodoro, nimiedades que ni iban ni venían, pendejadas que no afectarían si no se hicieran, que no cambiarían ni afectarían al mundo, aunque a ella sí y en aras de la paz mundial, replicó:

 

-          Se me olvidó, mi corazón.

  —Haz lo que necesites para sobrevivir.[1]


Foto JHB (D.R.A)




[1] Alexander, V.S. - La catadora de Hitler.

miércoles, 31 de marzo de 2021

EL INCONSCIENTE

 

            Alguna vez me llamaron así, pero ese no es el cuento.

 

            Al parecer creemos que nosotros somos los que evaluamos, elegimos y decidimos. Pero al parecer eso no es cierto y ahí es donde interviene el inconsciente, en sentido literal y amplio.

 

            Eso deduje al ver un programa de Natgeo (el ABC del cerebro[1]). Es el inconsciente, es ese piloto automático que tenemos cuando nos da pereza manejarlo. Delegamos la decisión, sin saberlo, sin suponerlo y dejamos que ese inconsciente nos dirija, aunque lo hagamos inconscientemente.

 

            Eso es lo bueno de delegar, la responsabilidad queda en otro, así sea en un inconsciente, no siempre muy acertado, se le dejan tomar las decisiones como él quiera y cuerpo y mente obedientemente le siguen, creyendo que es lo más adecuado.

 

            De allí que vuelva a insistir en que no se pueda confiar en uno mismo ni en sus percepciones, puede que lo que vea no sea lo preciso, que lo que oiga sea lo sonado, que lo tocado no se parezca a la realidad, teniendo en cuenta que el cerebro lo que toma es la primera impresión y como buena computadora que es, busca lo similar y sugiere y decide, a través del inconsciente, según la delegación concedida.

 

            Ahora, si no puedo confiar en mis percepciones, porque puede que no sea totalmente cierto, mucho menos puedo contar con ese cerebro que es un inconsciente, y entonces será eso lo que nos hace unos irresponsables, por ser dejados, por actuar en automático y seguimos creyéndonos la perfección de la creación cuando la imperfección continúa descubriéndose? Mucho inconsciente!

 

El destino hace lo que le viene en gana, pero a veces hay que echarle una mano.[2]

Tomado de Facebook
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[1] https://www.dailymotion.com/video/x7r6akq

[2] Maurizio de Giovanni . El otoño del comisario Ricciardi

lunes, 29 de marzo de 2021

TE AMARÉ POR SIEMPRE.

             Dijo ella.

 

            Antes de que él respondiera, se hizo una transición de tiempo-espacio, es decir, en una fracción sucedió todo.

             Por siempre oyó él, una sentencia inapelable. Y cuánto era por siempre, se preguntaba, cuánto era por toda la vida, pensaba, como si oyera una promesa para cumplirse hasta más allá de la eternidad.

             En ese instante era una promesa, afirmada con seguridad pero sujeta a cumplimiento, como promesa que era. También pensó que ese por siempre estaba sujeto al destino, una promesa azarosa pero que parecía posible de cumplir.

             Aunque el por siempre podría significar por un año, por diez, tal vez por quince, porque nunca se sabe, como solía suceder en los tiempos de los abuelos que, de cualquier manera, se llegaban a celebrar las bodas de oro o de diamantes, de cualquier manera.

             Hoy, igual que ayer, se siguen haciendo las promesas de amor eterno, sin pensar en cuánto va a durar esa eternidad, porque las promesas son relativas, se hacen al calor de la emoción y hasta que ella pase y hasta que a alguien le pese, es promesa.

             Por siempre es mucho tiempo, pero aun así, el respondió:

 

-          Yo también.

 

Te amaré toda la vida

Todos los años, los meses y los días

Todas las horas y todos los instantes

Mientras pueda latir mi corazón.[1]

Tomado de Google
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[1] Te amaré toda la vida. Javier Solís. Para quienes quieran recordar: https://www.youtube.com/watch?v=OS0FaBgaUtI.

viernes, 26 de marzo de 2021

CALIGRAFÍA

             La caligrafía es el arte de escribir con letra bella, artística y correctamente formada, siguiendo diferentes estilos; pero también puede entenderse como el conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona o de un documento. Una perspectiva clásica definiría a la caligrafía como el conjunto de letras escritas que dependen del flujo y ritmo de la pluma, pincel o instrumento de borde plano que se utiliza para su trazado. Rufino Blanco definió la caligrafía como «el arte de representar con belleza los sonidos orales por medio de signos gráficos, o bien, la única bella arte gráfica de la palabra», nos enseña Wikipedia.

             Antaño materia importante que desde niños se nos imponía, tan importante como el uno más uno. Me enseñaron, como a todos los viejos, la caligrafía Palmer[1] o cursiva como se identifica hoy. Bonita letra, la mía no tanto, no tuve la suerte de escribir con estilo. Con el tiempo y la práctica se hacía más legible, aunque ante el afán de copiar lo escrito en el tablero, antes de que borraran, se iba haciendo ilegible. Pero con suerte siempre fue legible.

             Sin embargo la tecnología ha venido desplazando el arte de escribir, a mano, preciso, pues el escribir subsiste, a pesar de que las nuevas generaciones al hacerlo han venido disminuyendo la grafía, por ahorrarse supongo que algo de su precioso tiempo y hasta se ha venido suplantando con los tales emoticones, para ahorrar su precioso tiempo, insisto.

             Con el tiempo, decía, los computadores fueron reemplazando el escrito a mano y la mano se volvió ágil para teclear, pero lerda para expresar el pensamiento a través de ella. Lo veo por experiencia, hace muchos años había dejado de escribir, a un lado quedaron lápices, esferos y estilógrafos y los cambié por el teclado, que gracias a haber aprendido en la vieja máquina de escribir de mi papá, dominaba de cualquier manera, aunque él insistiera en el uso de todos los dedos (izquierda: asdfgf e derecha: ñlkjhj, repetir hasta el cansancio), como enseñaba el método; hoy son tres los dedos que más utilizo, con bastante eficiencia y generalmente sin ver las teclas oprimidas, al menos aprendí eso.

             Y la caligrafía se quedó en el tiempo y los manuales correspondientes se fueron evaporando, no porque se deseara, sino porque el tiempo se impone. Hoy, escribiendo en papel o a mano, si se prefiere, veo como mi letra se va haciendo cada vez más ilegible, no sé si por la rapidez que existe entre el pensamiento y lo que voy trascribiendo o por la falta de práctica, aunque no he desechado mi estilógrafo, de tinta verde, que me hace aferrarme a un pasado que no quiero olvidar.

Los jóvenes tenían los ojos llenos de deseos, los viejos hacían todo lo posible para quitarse de encima el mal olor del pasado.[2]



Tomado de Google
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[1] El método Palmer de caligrafía comercial desarrollado y promovido por Austin Norman Palmer a finales del siglo XIX y principios del XX, se convirtió en el sistema de escritura más popular en los Estados Unidos y otros países donde se implantó. (…) En este método a los estudiantes se les enseñaba a adoptar un sistema uniforme de escritura cursiva con movimientos rítmicos. Las personas zurdas eran, por lo general, obligadas a utilizar su mano derecha. El método Palmer involucraba movimientos musculares en los cuales los músculos más próximos al brazo se utilizaban para el movimiento al escribir en lugar de permitir que los dedos se movieran durante la escritura. Wikipedia.

[2] Marco Vicchi. El recién llegado.

miércoles, 24 de marzo de 2021

OBJETS IN MIRROR ARE LOSING

             

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           Siempre me ha llamado la atención de esta leyenda en los espejos retrovisores de los carros.

             Se trata de una advertencia, no para proteger al conductor, claro está: No son por la seguridad de los usuarios, son por la seguridad de la empresa por si a alguien se le ocurre demandarlos.[1]

            Las imágenes que reflejan el espejo no están donde están, en otras palabras. Una frase que debería estar en el ADN, hablando del pasado, si pensamos que el espejo retrovisor muestra lo ocurrido, lo que está atrás, lo que es pasado. Y por esa misma distorsión sensorial, hacemos esa mirada sin objetividad, acercando o alejándola a conveniencia de un recuerdo.

 Dicen, como dije, que sirven no para proteger al conductor, sino como advertencia hecha por el fabricante, por si algo pasa, es decir, una forma anticipada de evadir cualquier responsabilidad, tan propia de los gringos que demandan por cualquier cosa, porque para demandas de responsabilidad extracontractual son unas joyas, tan expertos como la letra pequeña de las pólizas de seguros.

 Y ese espejo que refleja el pasado también se minimiza con nuestra propia subjetividad, esa que como letra chiquita, permite evadir responsabilidades, si nos fue mal; porque si nos fue bien, también sirva para sacar pecho, con exageración si hicimos lo que deberíamos hacer o si se excedieron en su reconocimiento.

 Por eso pienso que no todo lo que se refleja es. 

Vivimos rodeadas de peligro. Debemos convivir con ello o decidirnos a morir.[2]

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[1] https://www.motorpasion.com/otros/los-avisos-en-los-espejos-retrovisores

[2] Alexander, V.S. - La catadora de Hitler.

lunes, 22 de marzo de 2021

HÁBLAME DE TI.

            Dijo ella.

            Y todo quedó en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido, quedado en suspenso, ante la ingratitud de la pregunta.

 -          Pero qué podría decir de mí, pensó él.

       Sí, qué podría decir. Podría hablar de un pasado, de lo que fue. Podría también hablar de sus sueños, no necesariamente su futuro, porque la incertidumbre estaba allí y casi nunca se cumplían, como sabía que sus sueños de ayer hasta el momento no se habían cumplido, porque ya los había olvidado.

Qué podría contar de sí mismo? Naturalmente de todas aquellas cosas positivas que tenía, que le habían sucedido, porque de las negativas había que negarlas, mantenerlas ocultas, a raya, dentro de los muros negativos o vergonzosos, que solo uno puede conocer, pero se podían contar algunas minimizándolas o positivizándolas lo más posible, pues algún lunar hay que demostrar, no somos tan perfectos, pensó.

 Tampoco se podrían contar los secretos más profundos, los que desde antaño se enterraron en lo más profundo de la oscuridad, precisamente para que no sean abiertos, para que murieran en el olvido, pero que de pronto carcomen a latigazos, aunque también podían minimizarse y hasta disfrazarse con aquella frase tan manida: te puedo contar un secreto? Cuando… sí, cuando… En cuyo caso, dejaría de ser secreto, así se haya amortiguado, porque de serlo nunca se contará, como aquellos que nunca se contarán, porque pueden ser angustiosos y algún día pueden volverse como un bumerán.

 Una pregunta que genera un instante de mutismo mientras se escoge la palabra encantadora, aparentemente, la que debe reflejar lo mejor de uno mismo, la más positiva y, para no parecer perfecto, alguna nimiedad negativa, que no afecte la percepción, presentándola lo más positivo posible.

 Y el instante pasó y él respondió alegremente:

 -          Qué te gustaría saber…?

 

En todos nosotros, reflexionó tristemente Madeline, conviven dos personas. La que habríamos podido ser, la que somos.[1]

Tomado de Facebook
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[1] Cornell Woolrich. Hacia la noche.