miércoles, 14 de septiembre de 2022

NADA

                No somos nada y creemos que somos todo.

                 Dentro de una visión galáctica no somos absolutamente nada y nada es nada, entendiendo que el somos incluye a toda la humanidad.

                 Si como humanidad no lo somos, cómo pretendemos ser algo siendo un solo ser, incluida toda la humanidad.

                 Todas estas elucubraciones nacen de ver la serie Cosmos. Y allí hablaron de la pretendida colonización de planetas que quisiéramos hacer, como última opción al haber arrasado el nuestro, pues no hay duda de que somos los causantes de su destrucción -como género, como especie, no como individuo, aunque también, pues vivimos en nuestro tiempo y sobre él giramos). No me imagino viajando uno en plan de colonización y diciendo esto es mío, con qué derecho? Me imaginé llegando como los colonizadores que llegaron a América. Con qué derecho vamos a decir esto es mío (entendiendo el discurso como lo harían los gringos, como enseñaron las series de ciencia ficción, que ahora no es tanta la ficción). Me imagino la envidia, la sed de poder, ingredientes posesivos que llevan a donde llevan y los seres humanos tenemos suficiente de esos ingredientes en nuestro ADN y así visto, con el tiempo igualmente arrasarán a esa tierra que conquistarán, seguro que a la brava. No somos confiables.

                 No somos nada y nos creemos de todo. Visto desde el punto de vista terrícola, como país, no somos nada y nos creemos el ombligo del mundo, con el cacareado discurso de tener dos océanos, de tener el mejor café, las esmeraldas, y el resto de blablablá que pueden decir mucho pero no dicen nada.

                 Y lo más curioso de todo, visto como habitante de una ciudad, sabemos, eso sí lo sabemos, que no somos nada (ni siquiera para tomar decisiones); y estamos en lo cierto, no somos nada, pero nos creemos el ombligo del mundo. 

Una alucinatoria y grotesca galería de espejos que repiten la imagen siempre distinta de mí mismo.[1]

Tomado de Facebook
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lunes, 12 de septiembre de 2022

LA RISA, REMEDIO INFALIBLE

                Una verdad y un inolvidable título, aunque los chistes no era que fueran nada del otro mundo. Selecciones de Readers Digest, recuerdo.

 

                Qué sería del mundo sin risa, sin humor. Tal vez lo que es. Aunque el mundo tiene más estupidez hoy, sí, en los gobiernos y en los payasos que nos representan, esos no nos hacen ni reír. La guerra parece un chiste, pero no tiene humor, no da para reír. Los gobiernos tampoco.

 

                Y ahora que lo recuerdo, no me acuerdo cuándo fue la última vez que algo me hizo reír hasta las lágrimas, claro, no han sido demasiadas las veces en que las lágrimas salían motivadas por un chiste, una situación ridícula o algo intrascendente que lo hacía llorar de la risa.

 

                Y cuántas lloré riendo? Ya ni me acuerdo, pero supongo que contadas. La cara no me ayuda, pero me reía a menudo y la risa, sin duda, es un remedio infalible.

 

Y eso es lo bueno de las generalizaciones, que vistas por donde se miren, son verdades rotundas que no sirven para nada.[1]

Foto tomada en algún lugar de Galicia



[1] Asuntos de un hidalgo disoluto. Héctor Abad Faciolince.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

QUIERO BORRAR MI PASADO

                Una afirmación con un dejo dubitativo que oí a otros mientras me tomaba un café.

                 Entonces me pregunté si uno puede cambiar el pasado, así impúdica y de improviso me llegó la pregunta.

                 Su respuesta fue simultánea: No! Aunque si uno es testigo de la DEA o de la CIA le desaparecen el pasado y hasta la cara con una sola operación, al menos eso dicen las películas.

                 De no ser así, insistí en la pregunta y la respuesta se aferró, salvo… salvo que pudiera tener un trastorno mental, me dije.

                 Entonces me volví a preguntar, si no se estaba en las situaciones anteriores, si no puedo cambiarlo, lo puedo borrar? Las elucubraciones germinaron. A ver, qué puedo borrar del pasado? Tal vez y con mucho esfuerzo olvidándolo. Sí, tal vez. Como se olvidan muchas cosas que el cerebro ha de considerar como inútiles, como qué almorcé el 28 de julio de 1975, aunque en cualquier momento pueden resurgir los recuerdos, en algún momento vuelven, creyendo que ya estaban olvidados.

                 Entonces puedo cambiar de apariencia, como una forma de olvidar el pasado? Pues claro, con esta modernidad puedo hacerlo y hasta vestirme de quien quisiera ser, aunque me vea ridículo, porque después de los sesenta cómo he de verme vestido de quinceañero? Puedo cambiar de nacionalidad? Pues claro, hasta puedo renunciar a ella y hoy es bastante fácil. Y de nombre? También, por qué no? Si soy libre de hacerlo, pues debo tener presente que los demás también tienen su libertad para aceptarlo o no, porque tampoco puedo imponer ni anteponer mi libertad sobre la de los demás.

        Dentro de mi libertad puedo hacer muchas cosas, hasta suicidarme, pero todo ello puede tener consecuencias indeseables o que no se alcanzan a calcular. Con tales acciones puedo afectar a otros, incluidos los hijos, porque pueden llegar a sentirse perdidos al saber que el padre que le crió ya no es su padre, pues ese señor es un señor con otro nombre que puede hacerlo distinto y por eso puede llegar al rechazo. Tengo esa libertad de hacer los cambios que quiera, como dije, pero ellos también están en su libertad de rechazarme y el hecho de todo cambio tiene sus correspondientes consecuencias.

 Y como puedo cambiar de nombre, puedo cambiar de fecha de nacimiento, los nombres de mis padres? Ah! esto no se puede cambiar, como no se puede cambiar la genética (en este aspecto, claro está). Ni siquiera echándonos mentiras, aunque se las crea uno solo, pero la realidad es otra, de eso no hay duda.

 Y si quiero hacerlo, si quiero borrar mi pasado, si se pudiera, entonces mis padres y hermanos y mi familia entera dejaría de serlo y no puedo exigirles que lo acepten, argumentando mi libertad disfrazada (porque lo es), pues al pretender borrar el pasado la consecuencia lógica es que quien era mi familia dejará de serlo y ellos están en su derecho de rechazarme, a pesar del ADN, esa es su libertad (o su derecho), porque también son libres de aceptarlo o no y bajo el estigma del uso de la palabra libertad (o derecho) no puedo obligarles a lo contrario.

 Y si pudiera cambiar la fecha de nacimiento? Pues resulta que, además de ridículo, imposible, porque los sesenta y pico de años que tengo son imposibles de borrar (por más cirugías que me haga). El papel aguanta todo, pero el cuerpo y la mente tienen sus límites naturales.

                   —Ojalá pudiésemos detener el tiempo…

El tiempo.
No es frecuente que los jóvenes hablen de él. No es habitual que aquellas muchachas convertidas ya en mujeres, que se conocían desde los once años, invocasen al tiempo con nostalgia. Estaban descubriendo que el tiempo es un tirano que avanza de manera ineludible, acorrala a las personas y las derrota mientras las conduce a destinos inesperados; las despoja de los vestidos de la niñez y, más tarde, les arranca los de la juventud, sin detenerse hasta llegar a una tragedia mayor: la vejez y la muerte. El tiempo es, en fin, una sucesión irrepetible de oportunidades; oportunidades que, en muchas ocasiones, por temores o por vicisitudes del destino, las personas malgastan.
Tiempo, pues, perdido, que nunca volverá, eran esos valiosos segundos que ahora se les escurrían entre los dedos. El tiempo perdido, sí; eso mismo pensaban.[1]

 Y si creo borrar mi pasado, como dije, debo aceptar que me quedo sin familia, todo lo cual, de ser cierto, lo será solo para mí y para mi imaginación porque el pasado no se puede borrar (salvo intrusiones bajo tortura o un brutal golpe que lo haga), entonces sí se puede olvidar, pero el ADN no lo puedo borrar (hoy, hasta cambiar, pero borrar, borrar…), aunque lo quisiera, aún si fuera un sicótico, en otras palabras, si tuviera problemas mentales, lo cual es otro problema diferente.

 Debo recordar que no puedo usar mi libertad (o derecho) para pisotear la ajena, recordando que toda decisión tiene sus consecuencias, funestas o no, más funestas o ninguna, hasta no verlas no se sabe de ellas, aunque el previsivo siempre ha de adelantarse a todas ellas.

 Si reniego de mi ADN no puedo esperar que los demás me reciban con los brazos abiertos, ellos también tienen su elección, porque yo fui el que cerró las puertas del pasado, no se les puede culpar.

 Dos preguntas diferentes, borrar el pasado y olvidar el pasado, consecuencias varias, posibilidades varias, dos preguntas con multitud de respuestas.

 Somos esclavos de nuestro destino, así no lo queramos, así fue, así es, no podemos escapar, pero podemos aceptarlo, aceptando también las decisiones ajenas, si se quiere ser libre. 

Ahora sé de la fragilidad de nuestras convicciones y de nuestra voluntad, y lo peligrosa que para nuestras almas puede ser la vida, con una tentación diferente esperándonos a cada revuelta del camino. Por ello hoy digo y afirmo, con total convicción, que nada tenemos asegurado en esta tierra, pues sólo se necesita un simple empujón del destino, tal vez casual o tal vez intencionado, y todo, tal cual lo vemos y sentimos, de pronto puede sernos quitado.[2]

Tomado de Facebook
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[1] El Jardín de los Ciervos. Patricio Sturlese.

[2] Patricio Sturlese. El inquisidor.

lunes, 5 de septiembre de 2022

NO PERDONO

Una frase que oí a un padre de un policía asesinado en emboscada. Yo tampoco los perdonaría, facinerosos hijueputas al margen de la ley. A un asesino no se le perdona, así esté de moda que uno tenga que salir en televisión y redes sociales perdonando. Vaya hipocresía.

 

Uno no debe perdonar ciertas cosas, así digan que envenena el alma, porque hay cosas imperdonables. Como aquél (hijueputa) que envenena y maltrata animales, tampoco tienen perdón de Dios.

 

Y a propósito, si no tienen perdón de Dios, eso no nos obliga a perdonar a cuanto hijueputa nos hace daño, por el contrario, deberían pagar y pagar bien caro su descaro que pretenden solucionar con un: me perdona?

 

Hay cosas que no tiene perdón y con el perdón de todos, hay cosas que no se perdonan, que se deben pagar, como sea, pues el dolor no se soluciona con un: me perdona? A la mierda los que opinan lo contrario.

 

Como se ve, escribí con el alma envenenada -no porque la tenga, no porque me la hayan hecho, no porque yo lo haya sufrido-, simplemente porque no comparto las modas estúpidas del perdón publicado en redes, cuando no hay perdón ni de Dios; discursos políticos que nos han querido imponer para no sentirse discriminatorios, cuando lo son, por eso, este discurso va contra ellos y las modas de las redes sociales que imponen que debemos perdonar al prójimo y tal vez por eso andaba emputado, porque me cansé de oír mentiras o medias verdades; cada cual es libre de decir si perdona o no, pero no por imposición. Dios me libre!

 

… lo conocía no solo con la memoria, sino con el corazón. El corazón tiene recuerdos que el cerebro olvida.[1]

Tomado de Google



[1] Peores maneras de morir. Francisco González Ledesma.

viernes, 2 de septiembre de 2022

POR QUÉ RESULTA TAN DIFÍCIL DECIR NO ENTENDÍ.

                Eso hacemos, sí, ante el temor de hacer el ridículo o, ante, simplemente miedo a que nos señalen como ignorantes. No nos atrevíamos a confesar que no entendíamos, aún si no estuvieran hablando en chino, no teníamos la suficiente fortaleza de un niño para decir sin ruborizarse: no entendí.

 

                Hoy no entiendo por qué lo hice tantas veces. Aunque también me pidieron que hiciera ininteligible lo que podía decirse de manera sencilla. Y logré hacer de lo simple algo complicado, pues para eso se hicieron los abogados, o no?

 

                Hoy, en la distancia, cuando ya no me importa ruborizarme por no saber, veo cómo a través del lenguaje se pueden ocultar tantas cosas; nada más ver el objeto de un contrato de prestación de servicios, por ejemplo. Dicen de todo, sin decir nada. Un discurso blindado contra algún ente investigador. Si no puedes con el enemigo, confúndelo, es la orden. Y eso ya no lo entiendo, pudiendo confesar que se le contrata para algo en concreto, para qué carajos escribir galimatías, pues escribiéndolas, se quiere significar que lo más seguro es que se quiere ocultar algo, lo que no se quiere que se vea, pero alargando más el tema, la pereza intelectual ha llevado simplemente al ocultamiento de todo, copiando lo que ni siquiera saben que quieren ocultar. Hoy escribo y puedo decir abiertamente no entendí, como casi no entiendo lo que acabo de escribir.

 

                Todo esto por una valla, la de la foto, de la que no entendimos un carajo cuál es el objeto, pero pudimos decir, sin colorearnos, sin rubores, no entendí.

—Es por tu bien.[1]

Tomado de Google



[1] Una novela de barrio. Francisco González Ledesma.


lunes, 29 de agosto de 2022

¿Y DÓNDE ESTÁ DIOS?

                Pregunta al ver Cosmos, versión 2020.

 

                Pregunta que en circunstancias desgraciadas se hacen los afectados, el que está en la miseria, el huérfano, el viudo, el lisiado, el que está tocando fondo, el que sufre.

 

                No me encuentro actualmente en ninguna circunstancia que me haga preguntarme dónde andaba Dios, pero sí me puedo preguntar: En dónde está Dios y naturalmente no tengo respuesta y seguro que mientras esté vivo no obtendré respuesta, no soy un místico, tampoco uno de los elegidos, soy un simple mortal y como tal, por ahora no tendré respuesta alguna, pero valió la pena hacerse la pregunta, aunque retórica: En dónde está Dios.

 

                Y una respuesta retórica, si ello es posible, qué importa dónde esté, la vida sigue, estando o no estando, con dichas y desgracias, así es la vida, hay que seguirla viviendo esté o no Dios.

 

Cierto es que existen cosas de las que nadie debería dudar, pero también lo es que la carne es débil y no hay minuto en la vida de un hombre en el que las preguntas sin respuesta no provoquen vacíos, y en muchas ocasiones, vacíos de fe. Me sentí más humano.[1]

Tomado de Facebook
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[1] El Inquisidor. Patricio Sturlese.

viernes, 26 de agosto de 2022

DOS FRASES

            Viendo una película me llamaron la atención dos frases, una vista al inicio, otra al final.

 

                La primera atribuida a Mark Twain: No es lo que no sabes lo que te mete en problemas, sino aquello que tú sabes con certeza, pero que no era tan verdadero

 

                Quería profundizar, pero palabras no me salieron, era como si bastara con su enunciación y por ello la dejo así, como enunciado, ya cada cual verá cómo las toma.

 

                Y la segunda, en un diálogo tenido en una cafetería, en la que uno de los protagonistas decía que la había oído en un café de Nueva York, palabras más, palabras menos: La verdad es como la poesía, nadie la quiere oír.

 

                Quedo sin palabras, solo con mil ideas.


Tomado de Facebook
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miércoles, 24 de agosto de 2022

JUEGO DE PALABRAS

Qué curioso es el tiempo. Y estaba pensando en el clima, con sus subidas y bajadas intempestivas.

 

Y recordé la voz de un fraile que explicaba a un policía que quería saber sobre el pasado de un cura. Con voz suave, pero firme le dijo: Aquí vivimos el presente, sentenció.

 

Qué curioso es el tiempo. Cuál? A qué tiempo se refiere? Y refiriéndose al tiempo temporal, a que forma verbal? Pasado, presente, futuro, pasado imperfecto, futuro imperfecto, acaso habrá un presente imperfecto, futuro condicional, presente condicionado?

 

Y si es el tiempo climático, a cuál se refiere? Al gris que anuncia lluvia, al negro tormenta, al ocre ocaso, al amanecer brillante? O al frío glacial, al frío de medio día, al calorcito del amanecer, al abrazador medio día, al templado que no se define si estar aquí o allá, o al aguacero que cae sin ningún anuncio, pero premeditadamente.

 

Qué curioso es el tiempo, pensé una vez más. 

Tú eso no lo has pensado nunca, Ruth, pero todos los momentos maravillosos son inútiles.[1]

Tomado de Google
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[1] Una novela de barrio. Francisco González Ledesma.

lunes, 22 de agosto de 2022

TIEMPOS

            En la caminata diaria con los perros, una vía siempre transitada, Mónica paró al ver un conjunto residencial en una zona que no es vieja y me preguntó cuántos años ya podría tener e hice mis cálculos y llegué a la conclusión de que tendrían unos treinta años si tenía como referencia la época en que conocí la zona por primera vez.

 

            Ya regresando, mi mirada se fijó en una carnicería y me llamó la atención la presentación de los diferentes tipos de carne. Unos trozos de carne magra, sin casi gordo y me entretuve viendo la distribución. Llamativa, se respiraba limpio, dentro de lo que puede pensarse de una carnicería. Cada cosa en su sitio, todas las carnes limpias, hasta las vísceras. Y eso me trajo a la memoria la carnicería de Don Miguel, la de mi niñez y juventud, con la radio Metropolitana siempre puesta (rancheras, música popular, que para los oídos de la época era música de pueblo, he de confesar, hasta que descubrí la belleza de la voz de Javier Solís, por ejemplo con lo cual ya dejó de ser música de pueblo, aún siéndola).

 

            Don Miguel, hablo de la década de los sesenta, o sea hace ya mucho tiempo, demasiado tiempo. No había orden, las carnes que daban al público era grasosa, llena de gordos, sangruda por doquier, nada más recordar las batas ( o la bata, supongo que nada más tenía una) con la que atendía, llena de sangre, recuerdo que hasta los cuchillos los limpiaba en ella. Las vísceras dejaban mucho qué desear. Desaseo producido por la sangre y la misma actividad eran las reinantes. Uñas largas y negras, sangrantes igualmente, que eran limpiadas con un trapo que se lavaba cada veinte años o simplemente se secaban las manos contra la bata, la eterna bata sangruda. Que mi mamá manda pedir una libra de cadera, que bien bonita, que sin gordos, tajada. Naturalmente don Miguel despachaba la carne que le daba la gana, haciendo oídos sordos al pedido, en particular que no tuviera mucho gordo. Sobra recordar que las moscas pululaban por todos lados.

 

            Hoy, todo lo contrario, hasta las vísceras están limpias, bonitas, no dan asco y ni siquiera se ve mucha mosca. Da gusto comprar menudo, corazón, bofe, menudencias (aunque aclaro que nunca las compro, simplemente dan gusto verlas).

 

            Esos son los sutiles cambios en la vida que no vemos, están y se van dando las transformaciones sin ni siquiera darnos cuenta del avance de la vida. Es un momento en que uno se pregunta cuándo envejecí, cuando me salieron esas ojeras, cuándo perdí el pelo, cuándo me hice viejo, sabiendo que comencé hace muchos, pero muchos años, a hacerme viejo, muy sutilmente.

 

Quizá porque cuanto más me acerco a la muerte más me anima despellejar de mis recuerdos todo lo banal, y una fecha —a pesar de lo que opinen los historiadores— no es más que otro día en el calendario.[1]

Tomado de Google



[1] Líbranos del bien. Sánchez Baute.

viernes, 19 de agosto de 2022

VERDAD

            -Me va a contar la verdad?

            -Cuál verdad?

            - La mía? La suya? La de ellos?

            - La mía está parcializada, no es objetiva, busca la exculpación, me defiendo automáticamente ante algo que me pueda perjudicar o afectar, por inane que sea, es un reflejo condicionado que aprendí desde que tengo uso de razón. Con todo, va a creer en mi verdad, si sabe que no es la verdad, o que es una verdad a medias o en una mentira disfrazada. Y si le contara la verdad, no me creería.

            - La suya, está parcializada, no es objetiva, busca la exculpación, se defiende automáticamente ante algo que le pueda perjudicar o afectar, por inane que sea, es un reflejo condicionado que aprendió desde que tiene uso de razón. Con todo, va a creer en su verdad, si sabe que no es la verdad, o que es una verdad a medias o en una mentira disfrazada. Y si contara la verdad, no le creería.

            - La de ellos? está más que parcializada, no es objetiva, busca la exculpación, es un reflejo condicionado que se aprende desde que se tiene uso de razón. Con todo, va a creer en la verdad de ellos que está más que parcializada, si sabe que no es la verdad, o que es una verdad a medias o en una mentira disfrazada. Y si contaran la verdad, no se les creería.

             Habrá alguien que me crea, si yo mismo ya empecé a dudar? Será que en algún momento podré creer en mi verdad? Me preguntaba. Y la suya? Y la de ellos?

 

Lo importante no es lo que él diga de ti sino lo que tú callas sobre él. Créeme: no hay mayor gloria que el otro desconozca lo que sobre él se piensa. Y en todo caso, no hay mayor venganza que la escritura. La palabra se olvida pronto, pero lo escrito prevalece; la palabra la escuchan pocos, pero lo escrito traspasa las fronteras. Cualquier frontera…[1]

Tomado de Facebook
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[1] Líbranos del bien. Alonso Sánchez Baute.


miércoles, 17 de agosto de 2022

EL HILO INVISIBLE

            El nombre de una película de Prime Amazon. Ariadna fue lo primero que pensé, el hilo que permitió a Teseo salir del laberinto. (No se me tome por letrado, solo investigué en Wikipedia y aunque sí pensé en el hilo, no era ese el hilo conductor al que quería referirme).

 

            Pensaba en el hilo del destino, me equivoqué de personaje, pensaba en el hilo que los antiguos pensaban era tejido para señalar de antemano la vida de las personas. Resultó que eran tres hermanas que representaban el nacimiento, la vida y la muerte (los romanos las llamaban Parcas, -no sé si porque hablaban poco- y los griegos las Moiras), realmente en ese contexto pensé inicialmente.

 

            Pensaba que ese hilo, tejido de antemano, era un destino preescrito, pero no sé si se va escribiendo a cada instante que pasa la vida, refiriéndome a esto último, y aclarado para evitar caer en contradicción, que existía una dicotomía (que puede terminar en un enredo mental, mío).

 

            A ver si me explico: por un lado, a cada instante que transcurre se va visibilizando lo escrito en el libro de la vida. De allí que el futuro inmediato no exista a la vista, pero sí programado y, en este caso se va escribiendo a medida que escribo estas líneas.

 

            Por otro lado, si el destino ya está escrito, es como si se abriera el libro con palabras invisibles, hojas en blanco que no dicen nada pero que contienen ese futuro con palabras invisibles en que ese futuro invisible escrito en el ayer, señalando el futuro de lo que acontecerá al volverse presente la invisibilidad comienza a desaparecer para hacerse palabras visibles en el libro y diario de la vida.

 

            Pero si no existe libro en el que el destino esté escrito o el libro en el que se va escribiendo la vida, qué será lo que existe sin existir? (No, no me he drogado, solo elucubraciones para llenar los vacíos de la vida.)

 

Pero no añoremos el futuro. «No hay peor nostalgia que añorar lo que no ha pasado», dice la canción esa que tanto tararea mi hija Constanza. [1]

Tomado de Google


[1] Líbranos del bien. Sánchez Baute.

viernes, 12 de agosto de 2022

EL LUGAR EQUIVOCADO

            Tomé un taxi. El conductor un hombre mayor que yo. El vehículo algo desvencijado en cuanto los amortiguadores señalaban que habían tenido un mejor tiempo.

             Comenzó el trayecto, música incluida, programas matutinos de chistes flojos y de doble sentido, de esos que al menos a mí no me sacan ni una mueca de sonrisa, por ser tan ordinarios. Chiste flojo, conductor sonriente, conductor que mira por el retrovisor para ver si también me había gustado la ordinariez propia de don jediondo y de los de su ralea, mi cara no refleja ningún gusto, pero el conductor sigue mirando por el retrovisor para ver si me gusta el chiste de turno, pero realmente con la ordinariez ajena no puedo.

             Conductor que se convierte en chofer de buseta. Trancón indeseado, pero son las horas propias para el trancón por mi ruta. No mantiene las distancias, se pega a centímetros del carro que le precede. No le paré muchas bolas, pues el problema no es mío, no voy manejando, el carro tampoco lo es.

             Pero de trancón en trancón comenzó a comportarse como los buseteros de mi época, tratando de pasarse al otro carril con la esperanza de avanzar y un vez allí mirando la oportunidad para pasarse de nuevo al carril del que veníamos. Así todo el trayecto. Culebreado el camino, por impaciencia del chofer que en medio de su situación le pegaba al timón, como si así avanzara. Refunfuñón, fuera de todo. Yo, tranquilo porque iba con suficiente tiempo para llegar y además sabía que era hora de trancón, obligatorio, de esa no me salvaba.

             Todo eso me llevó a pensar que un taxista lo que más tenía que tener era paciencia, pues él, más que nadie, conoce los trancones y horas pico de toda la ciudad y no le encontraba razón de ser a su comportamiento y cada frenada, constante por demás, la hacía a centímetros del carro que le precedía. Mi temor era que le diera. Además de paciencia, debería manejar con más soltura, respetando al menos las distancias consabidas. Mirando con más detalle la cara del chofer, tratando de entender su comportamiento, al parecer permanente, me trajo a la memoria los choferes de bus y buseta de mi época, en la que realmente sí era un peligro montar en buses con choferes locos y además peligrosos.

             Concluyo, ese hombre estaba en el lugar equivocado, por su propia salud mental no debería manejar taxi y menos someter al pasajero a su propia neurosis, pero cómo decirle a un busetero que no sabe manejar?

—El esclavo carece de incentivos, le conviene trabajar lento y mal, ya que su esfuerzo sólo beneficia al amo, pero la gente libre trabaja para ahorrar y progresar, ése es su incentivo.[1]

Tomado de Google.
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[1] Isabel Allende. La isla bajo el mar.

martes, 9 de agosto de 2022

INCOMPRENSIBLE

             He tenido una sensación, por demás absurda, que no he podido explicar a satisfacción mía, tal vez mi cerebro la tenga clara, pero la percepción real no se acomoda a la situación.

 

            Salí de Madrid, España, a las diez de la mañana y aterricé en Bogotá, Colombia, a la una de la tarde del mismo día. Del mismo día, de eso no hay duda alguna. El vuelo entre una y otra ciudad duró diez horas.

 

            Se me perdieron siete horas? Sí, ya sé, no iba sino venía. Sí, ya lo sé, hay muchas explicaciones científicas, pero cómo explicarle a mi cerebro o a mi cuerpo que las cosas son como son, no necesariamente como se sienten.

 

            Y ya estando en mi tierra, en ese suelo que conozco, mirando hacia atrás, solo hacia el día anterior, el paseo se fue desvaneciendo, volvía a mi rutina, todo parecería un sueño, un paseo convertido en un sueño, vívido sí, pero despertando ya a otra realidad.

 

            Son cosas que me resultan incomprensibles.

 

uno suele acordarse de las palabras cuando ya ha pasado la ocasión de pronunciarlas.[1]

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[1] Ricardo González Ledesma. Expediente Barcelona.