viernes, 6 de noviembre de 2020

QUÉ PASARÁ SI MUERO?

            Una pregunta que trasladé en blog anterior que quedó en suspenso para la mayoría de quienes pudieron leerlo, si los hubo.

 

            Y luego de escrito me repregunté: qué pasará si muero?

 

            Hubo un silencio, casi de funeral, tristemente apático. No me sonrojé, ni me amilané ante ella, simplemente me sonreí al ver la respuesta: N A D A.

 

            Nada, no pasa nada, los demás seguirán su camino y yo el mío, si es que lo hay. Si no lo hay, pues tampoco pasa nada, porque me habré convertido en nada y podré dejar de pensar: Y ahora qué?

 

«a los muertos les importan poco los entierros, pues obedecen a la vanidad de los vivos» (1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


[1] Eurípides, Las troyanas. Citado por Donna Leon, En el nombre del hijo.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

SENTIDOS

              Si algo es difícil de explicar es el mundo del recuerdo asociado a olores, sabores, imágenes, sensaciones.

             Es mirarlos más allá de las paredes, dejando volar el recuerdo, recordando el lugar, el momento de un pasado lejano, cuando se apreció por primera o por única vez, quedando con los girones del recuerdo.

             Será eso lo que se llama nostalgia?

             Y esas sensaciones sentidas no son precisamente el recuerdo completo de lo que fue vivido en su momento, son solo las apreciaciones que nos trae el recuerdo, más allá de esas paredes que las encierran, sujetas a una subjetividad inexplicable, propia del recuerdo.

             Un olor a leña de cocina me ha traído unas pocas veces el recuerdo de la vieja abuela lejana, el simple olor me retrotrajo a esa abuela que pocas veces vi, pocas veces compartí, pero es ese simple olor, no cualquiera, el que lo asocia con la imagen de la abuela, pequeñita, formal de las tierras ancestrales de mi mamá. También rememoro el olor a cocina de medio día que desprendía la casa de una tía, cuando conviví con ellos en su hogar en épocas de vacaciones. Un olor inconfundible a los productos de la tierra –papa, cubios, habas-, pero que no logro encontrarlo en cualquier parte, era el olor a su cocina el que me trae a la memoria a esa mujer, hija de la otra imagen, envolatada con los quehaceres culinarios para los comensales, bastante grande por cierto. Otro muy particular el de la ropa de mi papá, fumador pero con una esencia que pocas veces he podido volver a sentir, porque olía a mi papá, aún con sus viejas colonias que ambientaban luego de su baño diario. El Chanel de mi mamá, el número cinco, puntualizaba ella con elegancia, que igualmente me acompaña, pero no cualquiera, solo el que va aparejado a su imagen. Y todos los olores igualmente aparejados con una imagen, imagen que no se ve, que simplemente se siente en presencia al no tener cabida en el imaginario, porque pienso en la abuela, en la tía, en mi papá o en mi mamá y no es que me proyecte la imagen, me proyectan las presencias y sé que en ese momento están allí, alegrando mi recuerdo.

             Y qué decir del sabor, hay sabores de nostalgia, de placer compartido, aunque es difícil recordar el sabor de los besos dados, los que fueron bien saboreados, compartidos, llenos de ilusión, de deseo y de placer. Esos sí son difíciles de que  retornen del recuerdo, se difuminan, se evaporan y resultan difíciles de recuperar. Al igual que aquel sabor de roscón recién horneado, pero el de la vieja panadería, no cualquiera, la que nos transporta a la niñez llena de ilusión, de esa ilusión de placer de poder comer el roscón recién horneado, caliente que venía acompañado con todas las sensaciones, el tacto que dejaba el tomarlo en la mano con su azúcar tan particular, el olor tan característico, ese sabor de bocadillo caliente. Sensaciones de antaño, recuerdos del ayer que no llegan tan fácilmente a hacer presencia luego de tanto tiempo.

             Y queda el mundo de los sonidos, por ejemplo, la siesta de la tarde, en el silencio de la casa que me arrullaba hasta caer en la profundidad del sueño, gracias al tictac del viejo reloj que estaba en el comedor. O el de oír a mi mamá en el lavadero, cuyos sonidos igualmente me arrullaban hasta lograr el entresueño, tal vez con un toque de seguridad, de seguridad materna, la necesitada en la infancia, no verla pero saber que estaba allí. Sonidos del recuerdo, ilusiones del pasado.

             No olvido el de las imágenes, otro mundo de recuerdo, siendo curioso que el paisaje, la imagen, el contorno no se presenten ante nuestro recuerdo como una foto de álbum, de aquellas que eternizan y que las hace indelebles al paso del tiempo. Son imágenes que sabemos que no vemos, pero que nuestro cerebro nos permite identificar desde algún recóndito rincón en donde están archivadas. Pensar en la imagen del recuerdo que me da el nombre de mi papá, o de mi mamá, o de muchas personas que vimos jóvenes y luego envejecidas, pero que con solo la mención objeto de recuerdo, aún sin verlas en la mente, sabemos que son lo que nos hace añorarlos, manteniendo en la distancia esa imagen de recuerdo, del que quedó grabado, a pesar del paso del tiempo.

             Y si todas las sensaciones –su olor, su forma, su color- se juntan en el recuerdo, éste se hace más real, pero son sensaciones que no se consiguen todos los días, muy esporádicas, muy escasas, tal vez por eso se disfruten mucho más, al no ser cotidianas, aunque muchas de ellas se olvidan, como se olvidan los primeros besos dados, pero que, de alguna manera, se han incrustado para volver al recuerdo, cuando menos se espera, llenos de nostalgia, de recuerdo vivo, que nos hace sentir los buenos momentos. (Entre paréntesis y sin ánimo de ofensa, también los hay de aquellos momentos no tan buenos, que también entristecen).

Enamorado de su mujer, orgulloso de sus hijos, competente en el trabajo, ¿por qué preocuparse por la felicidad? ¿Y en qué, si no, en esta ausencia de preocupación podía consistir la felicidad?[1]

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


[1] Nobleza Obliga. Donna Leon.

lunes, 2 de noviembre de 2020

HOUSE SIN EUFEMISMO

             Naturalmente resulta redundante decirlo, pues es propio del doctor House hablar con claridad, sin sentimiento, como deben ser las cosas. Así de simple. Pero en estas sociedades, no digo modernas sino de toda la vida, nos incomodan las preguntas, las frases directas, la realidad, la verdad dicha. (Lo curioso es que no nos ofendemos demasiado cuando nos dicen: sos un hijueputa! Curiosidades de la verdad dicha).

 

            La gente obtiene lo que obtiene. Frase típica de House. En me lleva a pensar en el destino, en la predestinación, en la libertad, en el libre albedrío. Solo pensarlo, ya que me cansé de pensar en cuestiones retóricas.

 

            No todos fuimos creados iguales. A pesar de tanto derecho humano (y maricadas por el estilo, si se me permite), una frase muy cierta. Unos son más altos, más gordos, más feos, más oscuros, más inteligentes, más vivos. Ni siquiera entre hermanos de una misma familia somos iguales. El gruñón, el serio, el payaso. Unos tienen más suerte que otros, otros nacieron para ser esclavos (de los demás, de la vida, de lo que sea) y otros son líderes, para bien o para mal. Es lo único cierto que hay, como la muerte, sin escapatoria y como somos, eso somos, a pesar de la envidia de unos o del orgullo de otros. El mundo necesita sirvientes, tanto como necesita de patrones. Podemos aspirar a lo que sea, que se logre es otra cosa. Pero no todos somos iguales física, intelectual, sentimentalmente ni en morales ni éticas, entonces para qué pretender igualar lo que es desigual por naturaleza?

 

            Morir todo lo cambia. Para el que está vivo y siguió vivo. Para el muerto, que perdió la vida. Todo lo cambia, aunque sea dentro de una temporalidad superficial.

 

            Ni modo, así es la vida!

 

… eso solamente parecía tener relevancia en caso de poder acreditar nobleza o riquezas. Los pobres tenían abuelos, mientras que los ricos tenían antepasados.(1)

Tomado de Google.
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[1] Donna Leon. El huevo de oro.

viernes, 30 de octubre de 2020

QUÉ PASA SI MUERO?

             El problema de repetir las temporadas del Doctor House es que lo induce a oír frases que uno preferiría omitir, al ser preguntas curiosas, impertinentes, lo sé. Poco razonables, lo sé. Eufemísticas, también sé que no lo son.

 

            Y la de este título, la que nadie quiere hacerse, al menos en voz alta. La mayoría ni siquiera en voz baja y menos hacérsela. Porque ya saben la respuesta, de antemano, le temen a ella y odian oírla.

 

            Para la respuesta se necesita mucha, tal vez demasiada objetividad; alejarse lo más posible de la subjetividad, de los sentimientos, olvidar el pobreteo propio de cada quien, pues adoramos que nos pobreteen. Ay pobrecito, es la condescendiente respuesta que al parecer insufla el alma ante la desgracia.

 

            Por eso prefiero dejar la pregunta en el aire, para no distraernos en lo que viene a continuación. Si es que algo tiene que venir a continuación de la pregunta impertinente, grosera, agresiva, pero necesaria.

 

            Y la respuesta…

 

—Todos estamos en las manos de Dios.

—O del destino —tercia Sánchez Terrón, fatuo y solemne—. La naturaleza tiene reglas implacables[1].

Tomado de Facebook
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[1] Hombres buenos - Arturo Pérez-Reverte

miércoles, 28 de octubre de 2020

LA IGNORANCIA DE LA LEY

             Existe un supuesto jurídico que enseña que la ignorancia de la ley no sirve de excusa, para nadie. El postulado, como ahora todo lo jurídico, se aplica dependiendo de quien lo dice y de quien lo recibe, es decir, como toda ley, todo depende y de allí que por eso no exista justicia y la ley… es otra cosa.

             Pensando en eso, en pleno siglo XXI, qué tanta verdad hay en ello? Me puse a pensar en las leyes que se han dictado desde la constitución del 91 y a hoy van 2061, es decir un promedio de 687 por año y de ser cierto el aserto legal todos deberíamos conocerlas para no excusarnos en su cumplimiento, o al menos para saber a qué atenernos. Lo sé, la mayoría son babosadas: que se declara patrimonio nacional cualquier pendejada, que se rinden honores a cualquier difunto que tuvo la palanca para que propusieran la ley respectiva, que la nación se une en cualquier efeméride, se hace canto a la bandera por cualquier cosa, (como por ejemplo la 2057 de este año, por la que se declara al yipao y a la cultura yipera como patrimonio cultural integrante del paisaje cultural cafetero, sin saber que es paisaje cultural y que un jeep sea alabado hasta llegar al rango de ley! Todo envuelto en labia grandilocuente); o esta otra joya, la 2074 para festejar la operación jaque se señala el 2 de julio como el día de la Valentía y Estrategia Militar Patria, durante el cual las máximas Autoridades Administrativas del nivel Nacional y Territorial realizarán actos protocolarios en los cuales se destaquen a los miembros de la sociedad cuyas acciones se consideren valerosas y leales. Falta que con el tiempo se entregue la medalla Uribe, pienso no sin ironía; y así, para no seguir envenenándome. Para eso sirven los legisladores. Y si me retrotraigo a las leyes del siglo pasado y las que subsisten del antepasado (por ejemplo, el código civil), con un promedio bajito de 500 leyes anuales, durante cien años, para contar nada más el siglo pasado, ya son bastantes como para ignorarlas, aunque las ignoramos totalmente. Y aún así, dígase que más de la mitad ya están desuetas, derogadas o modificadas, el número que queda es demasiado grande, para un cristiano cualquiera.

             Y ahora nada qué decir sobre los decretos, que en sentido amplio fungen como leyes. Para ver su magnitud, basta con ver que durante 2019 se dictaron 2419 decretos, de toda especie, sin poder determinar a simple vista cuales quedaron derogados, modificados, ampliados y, su mayoría, inservibles, si se me pregunta. Un promedio de dos mil al año, durante 120 años, digamos que el 80% ya no funcionan, pero el 20% nos obligaría y no podemos atenernos a alegar su ignorancia, aunque ella sea total, lo he de confesar. Y los temas? Para cuentachistes, para sonrojarse, para sentir vergüenza ajena, tal como pasa con las leyes. Si se permite mi pesimismo irrefrenable en estas lides.

             Afortunadamente la ignorancia de la ley si sirve de excusa si se trata de normas de nivel departamental y municipal, siempre que uno no viva en ese pueblo. De lo contrario, ni imaginármelo podría.

             Entonces, la ignorancia de la ley no sirve de excusa y menos en un país de leyes, lo que me hace sentir, he de confesarlo, más confundido de conocerlas todas ellas, pues es de sentir popular que las leyes se escriben con grandilocuencia que genere confusión e inmediata interpretación, para que los que pueden, puedan hacerle el quite a lo que dice la ley, en su beneficio. El resto? Que se joda, como siempre!

 

¿Por qué hemos de estar siempre usando unos términos generales tan altisonantes como vacíos de significado?[1]

Tomado de Google
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[1] Donna Leon. Piedras ensangrentadas.

viernes, 23 de octubre de 2020

Y EL TIEMPO NO PASA?

 

Te escribo con tanta claridad porque en esta época es imposible guardar un secreto. La conversación más íntima es escuchada y repetida y no hay carta que no pueda ser leída y, si es necesario, copiada. Vivimos en un tiempo de recelos y sospechas. Por eso he llegado a la conclusión de que el mejor modo de sobrevivir es hablar y escribir con toda sinceridad.[1]

 

            Cualquiera que pudiera leer estas palabras pretendería que son actuales, pero fueron escritas en 1959 por Mika Waltari, palabras que remitió a hace más de dos mil años, es decir cuando no se vislumbraba ningún adelanto, tan solo el paso de un profeta llamado Jesús, en el segundo de los casos. En el primero, tampoco se vislumbraba demasiado adelanto en tecnología, aunque ya se empezaban a dar los primeros pasos para llegar a la era del internet, casi treinta años después.

 

            Si para aquellas épocas pretéritas, del siglo pasado –para no hablar de las más pretéritas-, se desconfiaba del decir al poder ser oídas por terceros sin que lo supieran los primeros, qué se podrá decir de lo que la actualidad tiene qué decir, porque así no se diga, cualquier algoritmo lo puede deducir y hasta intuir, así se trate de un algoritmo, no de una mente racional. Un chisme, dicho en red social, se multiplica en la medida en que resulte interesante, venenoso o al menos un poco perspicaz, porque tratándose de chisme, todos somos iguales, no importa si son o no ciertos, lo importante es poder replicarlo antes que los demás. La defensa posterior es lo de menos, porque en todo caso se vuelve tan intemporal que un chisme mata a otro mejor y cada tres segundos se genera un mejor chisme, más velado, más hipócrita, más mentiroso, más soslayado.

 

            Por lo visto, a pesar del transcurso de los años, los humanos no hemos cambiado, seguimos con la tergiversación, con el amagualamiento de los hechos, esclavos del chisme, sin importar las consecuencias.

 

            Y entonces me pregunto, si desde hace tantos siglos no hemos cambiado –seguimos siendo chismosos, sin importar las consecuencias-, como esperamos ser mejores en estos tiempos en que hasta la renuncia o la echada del puesto se notifica por medio de una simple nota que puede llegar por una red social o en el mejor de los casos, por algún comentario de algún conocido que nos lo hace saber por el mismo medio.

 

            Por eso, chismosos seremos hasta que nos muramos! Y así lo sabrán, pues el chisme de que uno ha muerto vuela por las redes invisibles de eso que llamamos ciberespacio.

Pero no me arrepiento de ello, pues ningún hombre puede borrar ni cambiar las consecuencias de sus actos[2].

Tomado de Google


[1] Mika Waltari - Marco el romano

[2] Mika Waltari - Marco el romano

miércoles, 21 de octubre de 2020

ORDINARIO

             Lo ordinario de la vida. Una mera frase, afirmativa y si se lee desprevenidamente, la oración puede tener varias lecturas, como evidentemente las hay.

 

            Por ejemplo, con la acepción de ordinario(1): Bajo, basto, vulgar y de poca estimación, la vida queda como algo deleznable(2). Si le doy la acepción de Común, regular y que sucede habitualmente, la vida adquiere otra cualidad y otra calidad. Ya cambia de enfoque, al no tener un contexto previo. Y si se dice con la acepción de Que no tiene grado o distinción en su línea, es decir, que no se destaca por nada especial, también se le da a la frase otras significancia diferencial.

 

            Pero independientemente a todo eso, me dio por ver lo ordinario de la vida, es decir, que convivimos en una vida ordinaria, la que ordinariamente vivimos, la corriente, la que al parecer no tiene nada de particular o especial.

 

            Precisamente es en este punto en donde puede estar uno de los misterios de la vida, en que no sabemos apreciar el día a día, eso ordinario que hacemos ordinariamente –entendido como corrientemente, no piensen que me refiero a lo basto-, es eso que hacemos cotidianamente a modo de robot, de lo que no percibimos con conciencia. Lo ordinario es respirar, pero se hace de una manera tan automática que no nos paramos a considerar su importancia –aunque en yoga es fundamental-, mientras que lo extraordinario en tales circunstancias sería el no respirar, que ahí sí lo miraríamos como algo especial, cuando lo realmente especial es lo ordinario.

 

            Y después de viejo, esperando siempre lo extraordinario que trajera felicidad, resulta qué equivocada era la apreciación, pues la felicidad no estaba en lo extraordinario sino precisamente en lo ordinario, en el día a día. Se trataba de sonreír ante una nube que nos coqueteaba, llevándonos al recuerdo o a la nostalgia. Era sentir el viento que despeina cuando se adquiere conciencia de su existencia. Es caminar viendo cómo el mundo avanza sin prisa y sin maldad. El canto de un pájaro, la risa de un niño columpiándose, la sonrisa fresca que se recibe de un desconocido.

 

            Es ese ordinario acontecer lo que hace que la vida ordinaria, además de seguir su curso, permite que sea la realidad. Por su lado, lo extraordinario, no es ordinario, no sucede todos los días y pasa muy de vez en cuando y por eso es extra, no es ordinario.

 

—Supongo que porque me gusta el pasado —dijo—. Leer sobre otros tiempos nos enseña que, en realidad, a pesar de que han pasado siglos desde entonces, no hemos cambiado tanto.(3)

Tomado de Facebook

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[1] Según la RAE hay 17 acepciones. https://dle.rae.es/ordinario.

[2] Que es despreciable y no merece ser tenido en consideración. Si se me permite el exceso de locuacidad.

[3] Donna Leon. Muerte entre líneas.

lunes, 19 de octubre de 2020

TODOS MIENTEN

             Una premisa básica y fundamental que guía al doctor House. Por demás muy válida y de allí que su primer diagnóstico no sea tan acertado, debido a las mentiras, medias verdades, omisiones o exculpaciones que el paciente da.

 

            Y no es solo a nivel médico. Fundamentalmente mentimos y especialmente cuando algo no quedó como debía quedar o no fue hecho como debía hacerse. Allí aparecen las mentiras, las medias verdades, las omisiones que permiten una exculpación, en el caso de que se llegue más allá de la búsqueda.

 

            Mentimos por vergüenza. Mentimos por temor. Mentimos a manera de exculpación. Todos mentimos.

 

            Y me preguntaba si eso era inherente al ser humano. Si es un rasgo atávico[1]. Si viene en nuestro ADN, pues todos, para evadir responsabilidad tenemos una disculpa en la punta de la lengua.

 

            Y lo curioso de todo es que aún sabiéndolo, seguimos mintiendo, mintiéndonos, sin vergüenza ya.

 

            Y fuera de todo eso somos egoístas o tal vez sea por eso?

 

—A nadie le gusta enterarse de las desgracias de la gente que nos cae bien, la verdad —afirmó el camarero.
—Es cierto —dijo Brunetti asintiendo, y respondió con otro cliché—: pero la vida es así, se empeña en decirnos lo que no queremos oír.(2)


Tomado de Facebook
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(1) Es decir, propio del pecado original, si se pudiera afirmar, pues se define como semejanza con los abuelos o antepasados lejanos. Aparición de caracteres propios de antepasados. El atavismo suele atribuirse a la expresión de un gen que habría quedado inactivo en algún momento de la historia filogenética de la especie. En términos mendelianos, el atavismo se ha explicado como resultado de la herencia de dos genes recesivos. Wikipedia.

(2)  Donna Leon. El huevo de oro.

viernes, 16 de octubre de 2020

DIVAGANTE

             Ignorancia y analfabetismo eran los males que llevaban al sometimiento del pueblo, según predican quienes saben del tema.

 

            Aunque haya símil entre las dos palabras, hay una distinción, si bien sutil, que las hace diferentes. Ignora(1) quien no sabe y analfabeta(2) quien no aprendió. Quien quiera buscarla, bien puede hacerlo, porque no es mi tema de hoy.

 

            Hoy el analfabetismo ha disminuido –del 27,1 en 1964 al 5,24 en 2017(3)- y a la universidad se va mucho más que antes, muchas más personas, por lo que, en términos generales, el analfabetismo no es predicable como antes, como causa de sometimiento.

 

            Mientras que la ignorancia… ignora el que no sabe, como yo, que ignoro el arte de la panadería o de la ingeniería, pero aún tengo sentido común. Ignorante el fanático que no ve más allá de sus narices. De allí que ignorancia y falta de sentido común, ante la imposibilidad de calcularlos, prevalecen en todos los tiempos.

 

            Y todo para preguntarme, entonces qué? Qué pasó? Que nos idiotizó o qué nos ha mantenido idiotizados tanto tiempo para seguir como estamos? No por falta de alfabetización, pero sí de ilustración, naturalmente la adecuada, porque aún los fanáticos se ilustran de las idioteces de quien los dirige.

 

            Otra divagación mía sin sentido, al haber leído que estamos sometidos gracias a la ignorancia y el analfabetismo, cuando todo se reduce a la falta de sentido común, que, como dirían antaño, ya no es el más común de los sentidos.

 

            He dicho!

Los siglos pasan y nosotros no aprendemos.
Los siglos pasan y nada pasa, solo cambian las formas, amoldandose a los siglos y los siglos siguen pasando, sin pasar nada, en el fondo seguimos igual, como al comienzo, como al inicio. Tanto del bien como del mal, que juntos siemore han existido, diemore gan coexistido, sin cambios, solo las formas, pero la esencia se mantiene, perdura y prosigue.(4)

Tomado de Facebook
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[1] Falta general de instrucción o de conocimientos. 2. Hecho de ignorar o desconocer algo. Diccionario Google.

[2] incapacidad de leer y escribir que se debe generalmente a la falta de enseñanza de las mismas capacidades.Wikipedia.

[3] https://www.mineducacion.gov.co/1759/w3-article-376377.html?_noredirect=1

[4] Donna Leon. Cuestión de fe.