miércoles, 6 de octubre de 2021

PALABRAS EQUÍVOCAS

             Todos, todo el mundo. Palabras cobardes que permiten escondernos tras ellas.

 

            En contraste, la palabra nunca, nunca se debe pronunciar, ni cuando es juramento, ni cuando es promesa, porque es palabra equívoca, tal como lo es juro o te lo prometo.

 

Nos vemos, nos hablamos, me llamas. Si no es cita amorosa, implica silenciosamente distanciamiento, entendido implícitamente por ambas partes. Así es.

 

Fueque, otra palabra que implica mentira oculta o en búsqueda de exculpación que le libere de la carga.

 

Mientras que la palabra esperanza, es eso, esperanza que tomada con fe, nos deja más tranquilos.

 

Sigo pensando en cómo son las palabras, cuando son dichas, diferentes a cuando solo son pensadas. 

Le pareció que las biblias eran un buen añadido. Las biblias apaciguaban a la gente, cuando deberían estar en alerta máxima[1].

Tomado de Facebook
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[1] El objetivo. David Baldacci.

lunes, 4 de octubre de 2021

Y HABLANDO DE PALABRAS

             Cuando las palabras faltan, el pensamiento se agita. Cuando las palabras sobran, el pensamiento se acalla.

 

            Pensar que todo se reduce a la palabra, es la expresión de la vida. Están en el recuerdo, cuando se quiere expresar; están en la intimidad, cuando se quieren reflejar. Pero en los sueños no están, porque en ese mundo, las palabras sobran, se truecan por imágenes, aunque digan lo mismo, porque la una no requiere de la otra, porque, sin saberlo, la una es la otra, son lo mismo y vuelven a lo mismo. Es el mundo sin palabras, aunque se crea que el mundo sin palabras es el silencio, es silencio absoluto, el aterrador, el insoportable, aquel que nunca hemos sentido efectivamente, porque aún en silencio, palabras o imágenes dicen mucho, dicen poco, pero dicen algo. Pero el silencio absoluto lo niega todo, por ello, tal vez por ello, sea un medio efectivo de tortura.

 

            Por eso, cuando las palabras faltan, lo mejor es callar y si las palabras sobran, igualmente es mejor callar. Para qué exponerse.

 

—¿Por qué no dejaste que te viera antes?

—Porque me gusta observarte cuando existes sin mí. [1]

Tomado de Facebook
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[1] El perro de terracota. Andrea Camilleri.


viernes, 1 de octubre de 2021

INCOHERENCIAS

             ¡Fuera maricas! El grito de odio en una manifestación autorizada a neonazis en Madrid. Se desbordó y naturalmente el vandalismo apareció. Después el gobierno aparece diciendo que nos engañaron, que esa no era la manifestación que habíamos autorizado, que fueque… y así.

 

            Entonces me pregunté si a los manifestantes, además del vandalismo, se les podía imputar el delito de odio. Se defenderán con la autorización obtenida y la libertad de pensamiento y de expresión, entonces me pregunto: cuál derecho gana?

 

***

 

            La otra manifestación en las mismas Españas, tanto en Madrid como en Barcelona, para ser más precisos, oponiéndose en manifestación por reformas a los aeropuertos de esas ciudades. Que no se haga acá, que se haga más allá. En otras palabras que envenenen a los de allá, porque supongo que los de acá se creen con más derechos.

 

            Entonces, dirá alguno, por qué no cierran todos los aeropuertos? Entonces todos saldrán a gritar por el derecho a volar y hasta los ecologistas saldrán a llorar porque no tienen aviones, porque no pueden viajar a las tierras en que hay que proteger la ecología.

 

            Quién puede entonces entender a la humanidad? Sí, pero no, pero sí!

 

***

 

            En conclusión, como oí en una producción coreana: A la gente no le interesa la realidad. Nos engañan con las ilusiones que quieren creer.[1]

 

 

En cuanto el otro cerró la puerta, le entraron unas ganas locas de fumar. Pero estaba prohibido, y con razón, pues, como es bien sabido, el humo que inhalan los fumadores pasivos causa millones de muertes, mientras que la contaminación, la dioxina y el plomo de la gasolina no.[2]

Tomado de Facebook
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[1] White nights. Capítulo 19.

[2] La excursión a Tindari. Andrea Camilleri.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

PRÉSTAME TU VOZ

 En las inscripciones funerarias tempranas, los muertos rogaban al paseante: «préstame tu voz», para revivir y anunciar quién yacía en el sepulcro. Los griegos y romanos creían que todo texto escrito necesita apropiarse de una voz viva con el fin de completarse y alcanzar su plenitud. Por eso, el lector que paseaba su mirada por las palabras y empezaba a leerlas sufría una especie de posesión espiritual y vocal: su laringe era invadida por el aliento del escritor. La voz del lector se sometía, se unía a lo escrito. El escritor, aun después de su muerte, utilizaba a otros individuos como instrumento vocal, es decir, los ponía a su servicio. Ser leído en voz alta significaba ejercer un poder sobre el lector…[1]

 

            A los lugares que voy, en la medida de las posibilidades, me gusta recorrer los cementerios, los viejos cementerios claro está, leer los nombres, verificar las fechas que en sus lápidas se han incrustado, así como las fotografías y otros recuerdos inútiles que les incluyen, tales como los escudos de Santafé o Millonarios, entre otros o el carrito con el que jugaba, tratándose de niños y en alguna oportunidad, hasta la foto de la moto que tenía.

 

            En los cementerios, en los viejos cementerios se ven muchas cosas, algunas ridículas, para quienes somos meros visitantes curiosos, tal como he anotado. Y naturalmente se leen en el mármol cuánto fueron amados, sin certeza de si fue escrito como una mera solemnidad o si realmente fue sentido, el mármol aguanta todo, como el papel. A veces, al observar el entorno, de ser buen observador, se nota y hasta se acaricia el cariño o el desapego con que fueron escritas las palabras dictadas.

 

            Y hay cementerios de cementerios, refiriéndome a los viejos cementerios, pues los de hoy, ya no son lo que fueron y supongo que asustan menos que los viejos cementerios. Ya no tienen curiosidades. Y hablando de curiosidades, recuerdo un cementerio en España, el de la Coruña, con vistas a la playa, así desearía uno ser enterrado, quitándole lo lúgubre que de por sí es un cementerio. Un cementerio con buenas vistas.

 

            Préstame tu voz, sigo recordando. Es la súplica del olvidado, que no quiere ser olvidado. Préstame tu voz, me sigo diciendo, préstame tu voz para no ser olvidado, repite mi nombre en voz alta, para saber que una vez viví. Préstame tu voz, para no ser borrado en el recuerdo de los que también me siguieron.

 

La memoria de los viejos, cuanto más tiempo pasa, más nítida es. Y más despiadada[2].

Foto JHB (D.R.A.)


[1] El infinito en un junco. Irene Vallejo.

[2] El perro de terracota. Andrea Camilleri.

lunes, 27 de septiembre de 2021

QUÉ PASA SI… (IV) EL RE-NACIMIENTO

             Ya pontifiqué sobre las alternativas después de la muerte, si no hay nada en el más allá o si efectivamente hay cielo (si me han seguido en blogs precedentes).

             Ahora queda la última posibilidad que es la reencarnación, en cuya palabra pretendo abarcar lo que se considera la reencarnación en sí misma considerada, pero que involucra el resto de formas posibles, tales como la transmigración del alma, renacimiento, metempsicosis, vida kármica, el alma como energía, etcétera.

             Si se me permite resumir la idea, el asunto consiste en que el ser, el espíritu, la energía; si se quiere, el alma, contiene dos estados a la vez, que coexisten en algún momento (cuando se es espíritu y cuando se vive como ser humano, por ejemplo).

 El de energía propiamente dicho, es decir aquel estado que se genera luego de la muerte (y antes de la vida) y el que comparte con la vida como cuerpo real, según nuestra visión humana. Advirtiendo naturalmente que ese estadio de alma o energía, es vida también, si se observa con cuidado.

 El principio, para este caso, me atrevo a acudir a las palabras científicas sobre la energía, no se crea ni se destruye, se transforma. Y de esta manera el que es eterno es el espíritu. No voy a encauzarme en que cada espíritu es una partícula que forma parte de un todo que es el Hacedor, o el Dios, o la partícula primaria, pues sería entrarme en asuntos que no domino y que sinceramente, por el momento, no tengo ganas de pontificar (ya habrá tiempo, si me alcanza esta vida!).

 Enfocándome y evitando irme por las ramas, en esta alternativa explican los que saben, y si no les malinterpreto, uno viene a la vida corporal humana (al desconocer otras formas que pueda tomar el alma) a experimentar, a vivir, en nuestros términos humanos, y una vez experimentada esa vida (larga o corta, buena o mala) se muere el cuerpo, se retorna a un más allá y en búsqueda de la perfección (el nirvana?) se retorna una y otra vez hasta la plena satisfacción. Son estadios por los que hay que pasar, hasta lograr el último de perfección total; otros señalan que cada vida es una escuela, en la cual se vienen a pagar karmas (deudas no saldadas en búsqueda de la perfección), en las que se viene a vivir situaciones que el espíritu necesita conocer (de bondad o maldad, a experimentar el goce de los placeres -para bien o para mal-, por eso hay madres teresas y hitleres), de donde el espíritu es uno y los cuerpos en los que se integra son múltiples, como variadas son las épocas en las que vive (de cuerpo presente, para ser más explícito).

 

Y ante todo y ahí está el misterio, es que todo lo relacionado con el espíritu hay que separarlo de todas las nociones humanas que tenemos, particularmente hay que tener claro que en ese mundo no existe tiempo ni espacio, debe haber otras nociones que escapan a nuestro entendimiento, y pudiendo comprender eso, tal vez se podrá tener una noción sobre lo que es la eternidad.

 Siempre he pensado que en esto hay una infinita injusticia que está en la imposibilidad de que, como seres humanos, conozcamos la verdadera intención de ese espíritu, pues haciendo una evaluación de nuestra vida, como hombres de carne y hueso, la vida no es fácil, nada fácil y si hemos de pasar por infinidad de vidas, no es justo que no sepamos, al menos que tengamos un indicio, que vinimos para algo, pero ese algo nunca nos será dicho y ahí está la injusticia, que no podamos recordar al espíritu.

 Amén.

 Estas disquisiciones las termino con esta cita:

Así descubrió que la verdad es huidiza, que es casi imposible desentrañar el pasado tal y como sucedió porque solo disponemos de versiones diferentes, interesadas, contradictorias e incompletas de los hechos. En las Historias abundan frases como: «que yo sepa», «según creo», «de acuerdo con lo que averigüé por boca de…», «no sé si es verdad; solo escribo lo que se dice». Milenios antes del multiperspectivismo contemporáneo, el primer historiador griego comprendió que la memoria es frágil, evanescente, y que cuando alguien evoca su pasado deforma la realidad para justificarse o encontrar alivio.[1]

Tomado de Facebook
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[1] El infinito en un junco. Irene Vallejo.

viernes, 24 de septiembre de 2021

QUÉ PASA SI… (III) EL CIELO

             La segunda alternativa que me formulé respecto de lo que ocurre después de la muerte es precisamente un acto de fe, de creer que ganaremos el cielo (o el infierno), según los actos de bondad o maldad que hayamos realizado, del equilibro de la balanza entre el bien y el mal que hicimos durante la estadía en la vida.

             Este cielo (o infierno) nace, en mi caso, de la programación religiosa a que fui sometido en mi niñez y juventud y resulta aplicable a la mayoría de religiones, particularmente las llamadas cristianas y con precisión, la católica, en mi caso (hoy he de confesar que ya ni sé qué soy en ese aspecto).

             Los curas me prometieron que al final de mis días, habiendo contrición de corazón y arrepentimiento firme, con solo evocarlo, puedo salvarme e ir directo al cielo. Allí gozaré de los placeres celestiales, en compañía de mi Diosito, ángeles, arcángeles, coros, querubines y serafines, así como de todos aquellos que murieron antes de mí, por toda la eternidad. Por toda la eternidad.

             Si no hubo tiempo para tal arrepentimiento o deseo final de salvación, se hará una evaluación de lo bueno, de lo malo y de lo regular que hice en este mundo de vivos (sin sarcasmos, dirá alguien). La balanza celestial determinará si el camino es recto al cielo, si es necesario pasar por un intermedio llamado purgatorio hasta que se logré la exculpación total o si, por el contrario, el comportamiento no se sujeta a las previsiones celestiales, directico al infierno, sin intermedios. (Supongo que supeditado al previo juicio final, nunca han explicado si se adelanta para cada uno al momento de su muerte o hasta que se extinga la humanidad para poder adelantar ese juicio final para todos, que en tal caso debe durar otra eternidad). Aunque Donald Walsch[1], al haber hablado con Dios sostenga que la infinita bondad de Dios impide calificar a unos y otros como pecadores o personas salvas, pues cada uno vino con su tarea a realizar en este mundo (si no lo tergiverso, claro está).

             Caigo ahora en una contradicción religiosa, la madre iglesia dijo que no existe el infierno[2], pero no se ha pronunciado sobre el diablo; aunque claro está, de ser así se confirmaría la teoría de Walsch. Pero claro, las sagradas escrituras sí que lo mencionan en sus diferentes nombres (diablo, satán, el ángel caído, etc.), hasta tentó a Jesús, según quedó escrito, ergo… Cosas de la iglesia que es mejor no controvertir, por ser dogma y ser expuesto, ante insistencia, en la excomunión (en mi caso ya perdí la cuenta de las barbaridades que he dicho y que motivarían la expulsión).

             Sea como fuere, la posibilidad de que exista ese cielo (e infierno) está y, tal vez, sea un motivo por el que no nos hayamos matado todos (más? Dirá alguno) con el fin de tenerlo todo lo que queramos, si supiéramos que luego de morir no hay nada. Tal vez, solo tal vez, ese límite conscientemente inconsciente es el que nos hace obrar de la mejor manera. Vaya uno a saber. En conclusión, bajo esta perspectiva, se vive -lo mejor que se puede-, se muere -lo mejor que se pueda- y se goza de un paraíso por toda la eternidad y, al parecer, sin retorno nuevamente a esta vida. A gozar de los goces celestiales por toda la eternidad! (aunque me pregunto si toda la eternidad no es mucho tiempo?).

 

—Dios es demasiado listo y no viene por aquí, muchacho. Estamos solos.[3]

Tomado de Facebook
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[1] Conversaciones con Dios. Interesantes todos sus tomos.

[2] En estos días el Papa, indirectamente, reconoció la existencia del infierno al manifestar que las parejas que se vuelven a casar, varias veces, ya no iban al infierno.(¡!) Vaya adelanto, me digo.

[3] El último hombre. David Baldacci.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

QUÉ PASA SI… (II). LA NADA.

             Iniciaré con elucubraciones de lo que pasa después de la muerte. Naturalmente es una visión pragmática de ateos.

 

Científicamente hasta el momento no ha sido posible determinar si existe o no un más allá, todo se resume a una reflexión de fe. De allí que siempre he pensado que para el paso posterior a la muerte existe un cincuenta por ciento de que no pase nada, tanto como existe el otro cincuenta por ciento de que sí haya algo después de la muerte.

 

En síntesis, el punto es que existe la posibilidad de que se muere uno y no haya un más allá, ni un más acá.

 

Simplemente se acabó la vida, el cuerpo se descompone, no hay alma que vuele, al no haber ningún lugar al qué volar.

 

Una descripción bastante cruda, lo sé, pero si sigo siendo objetivo, así es. Una verdad descarnada, sin condimentación ni sentimentalismos. No hay premio ni castigo en el más allá.

 

Si se fuera consciente de que así fuera, perdemos el año como seres humanos, porque todo lo hecho, bueno o malo, bueno y malo, queda sin recompensa o castigo, si es posible pensar en ello. Y entonces se pregunta: Para qué la vida si al final…

 

En tal medida y ante esa posibilidad, para qué joderse tanto en la vida si al final… Un resultado deprimente, pues al final estamos esperando algo más y de no existirlo para qué los límites éticos, morales, legales si lo que realmente resultaría válido sería vivir la vida lo más intensamente, para bien o mal, para obtener los deseos de uno mismo. Supongo que nada nos frenaría pues al final… la vida sigue igual. No alcanzo a imaginarme ese mundo, pero en fin, existe la posibilidad (fuera del límite de la fe o de las creencias arraigadas) que después de la muerte no pase nada.

 

En esa medida, creo que perdimos el año.

 

—Este asunto de la fe siempre me ha suscitado curiosidad. Personalmente, creo que quien tiene fe es afortunado y quien no la tiene es un desgraciado.[1]

Tomado de Facebook
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[1] El comisario Bordelli. Marco Vichi.

lunes, 20 de septiembre de 2021

QUÉ PASA SI… (I)

             El título de un video que recorre las redes sociales: Esto sucederá cuando mueras[1].  En resumen concluye con el resultado de la vida vivida, así no más.

 

            Se muere uno y deja de ser un problema. Esto debe tenerse claro, para morir con tranquilidad, me digo. A partir de ese momento todo deja de ser problema. Ya uno no elige el féretro ni el tipo de ceremonia, porque eso ya deja de ser un problema para el difunto, es problema para los que quedan. Lo que hizo en la vida pierde importancia. Todo se queda y ya nada es suyo. Si deja herencia que los herederos la disfruten, la malgasten o sea su perdición, ya es problema de ellos.

 

            La ropita que tenía, si no termina en un ancianato o en una compraventa (¡vaya uno a saber!), termina en la basura. Poco importa cuánto costaba, ya está usada. Lo que no tenga valor (económico), a la basura, salvo que a algún heredero le mueva el deseo del recuerdo. Así es y así ha sido.

 

            Y así con todo lo que carece de valor, a la basura. Hasta el producto de sus hobbies, sin valor, a la basura, así esté guardado en un computador, en el que basta mandar los archivos al basurero. Naturalmente todo lo de valor, bienvenido sea (dicen los herederos), lo disfrutarán o lo dilapidarán, como dije.

 

            Los recuerdos, también terminarán, solo los deudos quedarán parcialmente con ellos. Los vivos determinarán con qué recuerdos se quedan, cuáles desechan, pues tampoco es problema del difunto.

 

            Así de simple es la vida y cómo, para el difunto, todo igualmente termina.

 

            Pero me surgieron unas preguntas, respecto del muerto, no de los que quedan vivos, pues ya es problema de cada cual lo que hace con su vida y, de todos modos, su momento les llegará.

 

            Pensaba en las alternativas que al muerto se le pueden presentar, por el hecho de haberse muerto y me encontré con tres posibles (pudiendo ser más pero por sus diversas variantes pueden reducirse a ellas).

 

            Esas alternativas pueden ser:

 

1)      Nada. Puede que al morir no pase nada.

2)      Hay un cielo (o un infierno), creyendo en las promesas de la iglesia católica, en mi caso o en la generalizada por las religiones cristianas. Y se gozará del cielo por toda la eternidad.

3)      Reencarnamos en un eterno ir y venir.

 

Por capítulos individuales pensaré en cada una de ellas.

… como siglos más tarde Miguel Hernández, revela aquí su obsesión por las palabras. Las palabras que ama y le aterran por el poder que tienen en el mundo, por el mal uso que se puede hacer de ellas[2].

 

Tomado de Facebook

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[1] Mente millonaria, página oficial. https://www.youtube.com/watch?v=z_DgGXHotYE

[2] El infinito en un junco. Irene Vallejo.

viernes, 17 de septiembre de 2021

¿CUÁNTO CUESTA LA VIDA?

             El nombre de una película de Netflix, relacionada con el 11 de septiembre.

 

            De entrada cualquiera diría que la vida no tiene precio. Cierto. Que todos somos iguales y por ese hecho para todos la vida valdría igual. Cierto? Que, visto desde otra óptica, de inseguridad, por ejemplo, la vida vale lo que cuesta una bala. Puede ser.

 

            Que ante una demanda contra el estado se condena en gramos de oro fino (2.000? 3.000?), lo que conduce a pensar que ante la ley la vida si tiene precio, teniendo en cuenta la edad, educación, trabajo, enfermedades, posibilidad de vida según tablas preestablecidas, entre otros.

 

            Y es más, si se piensa bien, uno mismo puede tasar el precio de su propia vida. Y lo hacemos cuando tomamos un seguro de vida. Y hasta en eso somos avaros o mezquinos, si se quiere, porque depende del valor de la prima que queramos pagar, en cuya medida valoramos el costo de la vida de la persona asegurada de la que queremos heredar o de lo que queremos que hereden y es entonces donde el precio de la vida es relativo.

 

            En todo caso, si se enferma o se muere o aún si se muere de viejito, la pregunta resulta intrascendente, indolora (la pregunta) y no genera problemas ético morales. Aquí, en estos casos, la vida no tiene precio, al no haber demanda o seguro al cual reclamar.

 

            Pero cómo son las cosas, según veamos la pregunta, para la cual cada uno tendrá su respuesta y, en el fondo, de tener valor, solo habrá avaricia y mezquindad.

 

 

—Para que el tiempo pase. Qué tontería de frase. El tiempo se las arregla por sí solo para pasar, no necesita ayuda —dijo mi padre.
—A veces pienso en las frases hechas y me pregunto de dónde vienen. Algunas son realmente absurdas.[1]

Tomado de Facebook
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[1] Las tres de la mañana. Gianrico Carofiglio.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

ESPEJOS

             Iba yo caminando cuando veo a unos muchachitos jugando, uno de ellos, el mayor, dentro del juego empujó e hizo caer al mediano. Este se levanta y protesta por el empujón y el mayor le echa la culpa al más pequeño, que no tenía velas en el entierro. Sin embargo, el caído le reclama al mayor que le vio cuando lo empujó y en su defensa el muchachito mayor se limitó a contestarle: Ah! pero si usted me empujó hace tres días.

 

            Niños que no superaban los diez o doce años y ya con esas. O tal vez me deba corregir con la frase, niños que ya han visto esas conductas en los adultos y las adoptan como mecanismo de defensa, porque no podemos aceptar las consecuencias de nuestros actos, no podemos reconocer nuestras equivocaciones, cuando nos dejan en evidencia. Siempre sacando la excusa, la exculpación, la disculpa, la coartada, la justificación o, en otros términos más coloquiales, sacándole el culo a la cagada cometida (ups! Pero como está de culto al escribir, dirá alguien).

 

            Pareciera que nunca nos educaron para que asumiéramos nuestros actos, de maldad, -porque de los de bondad ahí sí estamos en primera fila haciendo alarde de ellos-. Y no sé en qué medida, traspasamos esas taras a nuestros hijos y éstos a nuestros nietos.

 

            Curiosa situación, me limitó a pensar, ante la imposibilidad de lograr que el mundo cambie.

 

se atribuye a Broca la afirmación de que « prefiero ser un mono transformado que un hijo degenerado de Adán».[1]

Tomado de Facebook
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[1] El Cerebro de Broca. Carl Sagan.