miércoles, 24 de julio de 2019

¿CÓMO NO ENVENENARSE?


      
Me puse a leer titulares de un solo periódico a pesar de que me lo había prohibido por razones de salud mental y atiné a recaer en la lectura sobre los corruptos. Tantas noticias al respecto y en un solo día. Solo para mencionar algunos hago el listado:


Un solo día y terminé envenenado. Todos gritan su inocencia a los cuatro vientos y terminan negociando con la fiscalía para denunciar a sus compañeros que igualmente gritan con altavoz sobre su inocencia, quienes hacen otras denuncias para ganarse los justos beneficios! Hago un paréntesis, eso de negociar con la fiscalía la culpabilidad ha llevado a grandes impunidades. Hampones que gritaron su inocencia y terminan confesando para ganarse unos cuantos años de la pena, eso da pena y es culpa de los gringos que se inventaron la farsa: Soy culpable, pero sin denuncio a los otros soy inocente,(1) falacias de la justicia gringa que hemos sabido importar y a quién le importa? Cierro mi paréntesis.

Y entonces me pregunto cómo no envenenarse si es la misma prensa la que le daña a uno el día? Y me sigo prometiendo no ver más noticias, porque todas son iguales, en tiempo y espacio, nada cambia, todo sigue igual y yo dejando que mi bilis se alborote por todos esos episodios vergonzosos. No hay derecho -alegórica y literalmente- , me digo, así como no hay justicia y esperando la divina, seguro que me los vuelvo a encontrar en el más allá, gozando de las dichas divinas. Es que no hay derecho. El problema es que ya no creo ni en mis promesas.

Y todos gritando inocencia, pero feo y sin plata, si me llegan a tildar de deshonesto, cómo podría hacer para demostrar que realmente sí soy inocente? Esas son las crueldades de la vida.
     
Las barreras éticas se han venido corriendo(2).

De Facebook
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(1) Nada más ver Billions de Netflix y la manipulación de la negociación.
(2) Piedad Bonnet.

lunes, 22 de julio de 2019

INDEFINICION


Esos cuatro seres decisivos que sólo pueden ser definidos en términos del no ser: la Oscuridad, la Nada, el Silencio, la Muerte.(1)

            Leyendo esta cita de un desconocido aforista(2), solo conocido en su tiempo, tal como Nicolás Gómez Dávila en nuestro medio, igualmente hoy desconocido y que usaba más la palabra escolio, me lleva a pensar en palabras que resultan difíciles de definir, empezando por las descritas por Lichtenberg.

            Tratando de definir cada una de ellas sólo veo las veo definidas como ausencia de su contrario: ausencia de luz, del todo, del sonido y del ruido y el último, de la vida. Es como tratar de definir a nuestros seres ausentes. Y curiosamente rebusco en los diccionarios y todos ellos me llevan a ausencia. Y la ironía se hace presente, porque de los diccionarios brillan por su ausencia mejores definiciones en búsqueda de un mejor conocimiento.

            De allí que las cuatro palabras se encuentran hermanadas, pues en la oscuridad no se ve nada, el silencio reina y pareciera que es el paso a la muerte. Esa ausencia me hizo recordar a Jorge Oñate: Ausencia que me tiene solo, y hasta tu recuerdo se aleja de mí. Nostalgia de mirar tus ojos, de sentir tu cuerpo de tenerte aquí.

            Pero bueno, el cuento venía a que hay cosas que resultan difíciles de explicar, de expresar, de contar, entre ellas, como inicié, la oscuridad, la nada, el silencio y la muerte. Conceptos obligados que se dan por sentados, que no requieren de otra explicación, que buscarles otra es como buscar las tres patas al gato –que realmente no sé de dónde viene el dicho, ni por qué tres, ni por qué le tocó al gato(3)-.

            Entonces todo me lleva a palabras que se dan por sentadas, tales como dios y patria, que si se ven hoy, resultan vacíos –para quienes no lo vivimos pregonando, aclaro-. Son palabras, meras palabras que sólo sirven para expresarse, pero que difícilmente podemos definir, al darse por sentadas. Alguien ha intentado describirle a un ciego de nacimiento lo que es el arco iris? Me gustaría verle explicando lo que es el color, el verde, o el amarillo, o el rojo y aún el negro, si lo tuviera. En esta vida todo lo damos por sentado.

            Y visto así, todo queda sinsentido. Pareciera que este escrito es el inicio del desquicio, si alguien pudiera definirlo.

Qué dulce es morir.(4)
Óleo sobre papel. Espátula. JHB (D.R.A.)


[1] Georg Lichtenberg. Aforismos. Edición de Juan Villoro.
[2] Aforismo: Frase o sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte.
[3] Buscarle tres pies al gato. Dícese, propiamente, de los que tientan la paciencia de alguno, con riesgo de irritarle. Impropiamente, se aplica a los que con embustes y engaños tratan de probar lo imposible. Según José Mª Iribarren, es un dicho corrompido, ya que el verdadero es buscar cinco pies al gato.  https://www.fundacionlengua.com/es/buscarle-tres-pies-al-gato/art/180/
[4] Película Un método peligroso. En palabras de Freud.

viernes, 19 de julio de 2019

DUDAS RESURGIDAS


 —Pero, Gertrude —protestó—, ¡no puede haber pruebas contra la evolución! ¡Es ridículo, por favor!
  —Lo que no hay, Marta —dije yo—, son pruebas de la evolución. Si la teoría de Darwin hubiera sido demostrada ya —y recordé que le había dicho lo mismo a mi cuñada Ona no hacía demasiado tiempo—, no sería una teoría, sería una ley, la Ley de Darwin, y no es así.
  —Hombre… —murmuró Marc, mordisqueando una hierbecilla—, a mí nunca terminó de convencerme eso de que viniéramos del mono, por muy lógico que parezca.
  —No hay ninguna prueba que demuestre que venimos del mono, Marc —le dije—. Ninguna. ¿O qué te crees que es eso del eslabón perdido? ¿Un cuento…? Si hacemos caso a lo que nos contaron (…), el eslabón perdido seguirá perdido para siempre porque nunca existió. Supuestamente los mamíferos venimos de los reptiles, pero de los innumerables seres intermedios y malformados que debieron existir durante miles de millones de años para dar el salto de una criatura perfecta a otra también perfecta, no se ha encontrado ningún fósil. Y pasa lo mismo con cualquier otra especie de las que hay sobre el planeta.
  —¡No puedo creer lo que estoy oyendo! —me reprochó Lola—. ¡Ahora va a resultar que tú, una mente racional y analítica como pocas, eres un zopenco ignorante!
  —Me da igual lo que digas —repuse—. Cada uno puede pensar lo que quiera y plantearse las dudas que le dé la gana, ¿o no? A mí nadie puede prohibirme que pida pruebas de la evolución. Y, de momento, no me las dan. Estoy harto de oír decir en la televisión que los neandertales son nuestros antepasados cuando, genéticamente, tenemos menos que ver con ellos que con los monos.
  —Pero eran seres humanos, ¿no? —se extrañó Marc.
  —Sí, pero otro tipo de seres humanos muy diferentes a nosotros —puntualicé.
  —¿Y qué pruebas eran esas que encontraron los fundamentalistas de tu país, Gertrude? —preguntó Lola con curiosidad.
  —Oh, bueno, no las recuerdo todas de memoria ahorita mismo. Lo lamento. El que estemos hablando sobre lo que nos contaron los yatiris me ha hecho refrescar viejas lecturas de los últimos años. Pero, en fin, a ver… —Y se recogió con las manos el pelo ondulado y sucio, sujetándoselo sobre la cabeza—. Una de ellas era que en muchos lugares del mundo se han encontrado. restos de esqueletos fosilizados de mamíferos y de dinosaurios en los mismos estratos geológicos, cosa imposible según la Teoría de la Evolución, o huellas de dinosaurios y seres humanos en el mismo lugar, como en el lecho del río Paluxy, en Texas. Y otra cosa que recuerdo también es que, según los experimentos científicos, las mutaciones genéticas resultan siempre perjudiciales, cuando no mortales. Es lo que decía antes Arnau sobre los millones de seres malformados que harían falta para pasar de una especie bien adaptada a otra. La mayor parte de los animales mutados genéticamente no permanecen con vida el tiempo suficiente para transmitir esas alteraciones a sus descendientes y, además, en la evolución, harían falta dos animales de distinto género con la misma mutación aparecida en sus genes por azar para asegurar la continuación del cambio, lo que es estadísticamente imposible. Ellos admiten que existe la microevolución, es decir, que cualquier ser vivo puede evolucionar en pequeñas características: los ojos azules en lugares de poca luz o la piel negra para las zonas de sol muy fuerte, o que se tenga mayor estatura por una mejor alimentación, etc. Lo que no aceptan de ninguna manera es la macroevolución, es decir, que un pez pueda convertirse en mono o un ave en reptil o, simplemente, que una planta dé lugar a un animal(1).

            Una lectura, desprevenida y las dudas que se generan pensando uno que lo aprendido en alguna oportunidad era la verdad revelada, dado que así lo decían los libros –respetados y respetables-, aunque he de confesar que desde hacía mucho tiempo me preguntaba cómo diablos, en un momento histórico, lugar determinado y preciso, teniendo en cuenta la ley de las probabilidades, habían surgido evolucionados un hombre y una mujer que se encontraron por casualidad a la vuelta de la esquina y habían generado la especie denominada humana; no tenía explicación racional para mis ignorantes preguntas, pero influido por la fe, católicamente adquirida, pensaba que si los sabios lo decían, así era. Pero no, vueltas que da la vida y la pregunta de antaño resurgió y me hizo dudar de lo aprendido.

            Dentro de mis pensamientos se refrescaron, como digo, dudas pasadas y sigo creyendo que la teoría de la evolución tiene muchos huecos, pues no veo en qué momento hubo salto genético, en el mismo sitio, en la misma fecha, generándose una nueva especie desconocida hasta el momento y un hombre y una mujer se encontraron por casualidad y se dieron cuenta que con requeñeque podían poblar todo un planeta, siempre que tuvieran parejas, aunque dicen los que saben que cuando hay requeñeque entre familiares la especie se degenera (o pregúnteles a los Romanov). Y si no me cabe en la cabeza ese momento, mucho menos que la misma situación se presentó al mismo tiempo en otro lugar del planeta tierra –bastante amplio por demás y sin transporte para completar- como para que los hijos de unos se encontraran con los de otros y así indefinidamente. Para concluir, me pregunto si no se hubieran extinguido los dinosaurios habrían generado evolutivamente gigantes?

            Sí, ya sé, preguntas bobas de un completo ignorante como yo, pero qué le vamos a hacer, ese sigo siendo yo!

Cuando a mediados del siglo XVIII, Jorge Luis Leclerc, conde de Bufón, unió dos ramas aparentemente distintas, la historia natural y la historia cultural, el estudio del hombre cambió por completo. Hasta ese momento habíamos sido la especie elegida y teológicamente éramos más parecidos a Dios que al chimpancé. Leclerc demostró a los sabios de su tiempo que el hombre era un animal más. Ahora hemos dado un paso hacia delante, el hombre es un virus mutado que está destruyendo el único planeta en el que se han detectado formas de vida complejas.(2)


Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Matilde Asensi. El origen perdido.
(2) Mario Escobar. El papa ario.

miércoles, 17 de julio de 2019

SIGO OPINANDO SOBRE LAS REDES SOCIALES


     
Un buen artículo de Piedad Bonnet, Fabricar silencios (1), me hizo caer en una nueva reflexión sobre las redes sociales y menciona al escultor catalán Jaume Plensa dice, refiriéndose al estado actual del mundo: “Hay demasiada polución de mensajes. (…) Hay que reflexionar. En mi caso, la propuesta es el silencio. Porque nunca he querido gritar más que el que grita”. Igualmente dice que Ninguna época había estado más lejos del silencio. Lo que impera hoy es el grito, el ruido de la multitud. Basta con entrar a las aguas de internet gritando más fuerte que el otro para obtener la mirada colectiva, el like que se anhela, incluso el insulto, cualquier cosa que le ratifique al sujeto que él existe. Nunca antes el individuo corriente, el ciudadano común, había estado tan necesitado de atención, de validación del otro, de reconocimiento. Y razón que tiene. Agrega: Beatriz Sarlo, en su reciente libro La intimidad pública, denomina “famoso del montón” a aquel que, víctima de la compulsión narcisista del momento, se dedica a hacerse notar a toda costa. “El escándalo, dice la autora, es una de las formas de la notoriedad actual, una forma que no exige de sus protagonistas ni calidad ni logros, sino que sean suficientemente conocidos como para convertirse en personajes”.

Me pongo a pensar en cuánta notoriedad busca uno al replicar o publicar en redes sociales, cuánta aceptación se necesita de los demás. En mi caso, que publico el blog y las fotos que cada día tomo por la afición que del tema tengo, me hago la reflexión y me exculpo pensando que no se trata de narcicismo sino de una forma de dar a conocer mi opinión y mi capacidad de expresarme a través de la fotografía. No sé si son excusas para no encuadrarme dentro de lo que se critica, de lo que critico, pero poco importa, me gusta lo que hago, es mi explicación más convincente.

Pero bueno, en el citado artículo dice también: ¿Y cómo se hacen conocidos? De muchas formas. Puede ser empelotándose en Instagram o sumando su voz a la algarabía de cualquier debate o insultando a diestra y siniestra, ojalá con términos escatológicos. El rey de ese imperio es el trol, un engendro de estos tiempos que busca hacerse el importante jodiendo a otros. 

Y eso me lleva a contar como anécdota un encontrón que tuve en Facebook, en días pasados. Pues resulta que publicaron una foto de Botero, Mutis y García Márquez, tomada el siglo pasado, hacia los sesenta, creo. Y aparece un insultante, cuyo nombre no transcribo para no inmortalizarlo y comentó: Saque a Botero de ahí, que asco. No aguanté el insulto, sinceramente y cacé la pelea. Le dije: SI NO LE GUSTA NO COMENTE, PUES ASCO DA ES EL COMENTARIO, PUES NI SIQUIERA CONOCE NI SABE QUIÉN ES BOTERO. ESO SE LLAMA DECENCIA (En redes me gusta escribir en mayúscula, aclaro y son transcripciones textuales de lo escrito). Y contestó: el "concepto artístico" de Botero es pobre muy pobre y eso es darle mucho alago es simplemente un mercader retorcido de piezas que ni siquiera el mismo fabrica, muestra lo peor del arte colombiano. Y no me aguanté y repliqué: DE CASUALIDAD ES ARTISTA? SER CRITICO ES MUY FACIL. HA VISTO TRABAJAR A BOTERO, LE HA VISTO CON LA BATA Y LAS MANOS DANDO LE FORMA A SU TRABAJO? HA SENTIDO LO QUE HACE UN ARTISTA? EL CRITICO SOLO TIENE LA LENGUA SIN HABERSE ENSUCIADO LAS MANOS Y SOLO SOLTANDO EL VENENO POR SU BOCA. BASTABA CON QUE DIJERA QUE NO LE GUSTABA LA OBRA DE BOTERO Y PUNTO. A MI NO ME GUSTA PICASSO PERO POR ESO NO LO DESPRECIO. Y contestó: Picasso es un artista, no lo compare con Botero, eso es un insulto... y contraataqué: LA IGNORANCIA NO TIENE LIMITES... Y me respondió: concuerdo así como su fé ciega en ese asqueroso "artista". Y me dio papaya y le dije: LA IGNORANCIA NO TIENE LÍMITES, ASÍ COMO LA FE NO LLEVA TILDE! Y siguió en el juego, pero me rendí, ya no valía la pena seguir el juego desgastante. Alguien terció sabiamente: Señor  (n.n.) ... ¿Por favor nos hace una lista de lo que podemos publicar y no le ofende? Es que este es un espacio para la memoria con lo que hay disponible y no un espacio para la censura según los gustos de algunos... De todas maneras disculpe, es que en ese momento tampoco le preguntaron a usted si podían tomarse la foto para ser publicada muchos años después. El problema es que uno cae en el desgaste mental y emocional cuando trata con ese tipo de personajes que se encuentran en redes.

Conclusión, como cita la Bonnet: Según David Brooks en The New York Times, los estudios dicen que los troles “tienen puntajes altos en psicopatía, sadismo y narcisismo. Los medios en línea no los han vuelto despiadados; simplemente lo son. El internet les ha dado una plataforma para usar ese salvajismo en todo su esplendor”. Y para culminar, agrega: Pero resulta que el escándalo es, por naturaleza, efímero. En el torbellino de las redes hasta el más picante y sabroso de ellos está condenado a desdibujarse. Eso angustia al “famoso del montón”, que debe inventarse, rápidamente, otro motivo para perturbar a su público. Y este, ávido de acción, espera con las fauces abiertas a que le den su ración diaria. De esa droga se alimentan los unos y los otros, creando el griterío universal que conocemos.

            Con esa lección, me prometo cada día a no dejarme ganar de esos que buscan ser famosos dentro del montón, es igualarse al guache correspondiente. Naturalmente mis promesas son fluctuantes, según el estado de ánimo y la piedra que me generan. Amén.

Pero tampoco creo en el masoquismo de poner la otra mejilla. Si las ortigas me invaden, si la hiedra me asfixia, si un insecto me envenena, si un león me muerde, si un ser humano me ataca, lucho contra ellos. Acepto la guerra, hago la guerra(2).

Tomado de Facebook (3)


[2] Oriana Fallaci. La fuerza de la razón.
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lunes, 15 de julio de 2019

PROPÓSITO DE VIDA


Mi propósito de vida está acompañado de ilusiones, esperanzas y sueños. Así lo aprendí. Algo ininteligible, como el propósito de corazón, que tampoco nunca entendí.

A propósito, qué es propósito? Determinación firme de hacer algo. 2 Objetivo que se pretende alcanzar, me dice el doctor Google. Es decir, deseo, anhelo, ganas de, intención, intento, proyecto, es decir otro ininteligible que depende no de la persona sino de factores externos como el azar, el destino, el sino.

O será que el propósito de vida es simplemente dejarse llevar por la vida?  De ser así, deja de ser propósito?

Son preguntas vergonzantes que aún no he resuelto.

Hay veces en que uno no sabe cómo ha llegado hasta donde está, que no puede explicar cómo sucedieron las cosas que le llevaron hasta una situación determinada.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Matilde Asensi. El origen perdido.

viernes, 12 de julio de 2019

TIEMPO INDESCIFRABLE


            La noción de tiempo, como he venido escribiendo, directa e indirectamente, se convierte en un tema surrealista.

            Hacia la década de los setenta leí el famoso libro 1984; faltaban como catorce años si siguiera el orden del escrito. Para cuando lo leí, catorce años eran catorce años, es decir mucho tiempo. Cuando llegó el 84 pasó desapercibido, ya iba para la treintena de mi vida, el tiempo comenzaba a acelerarse y la tecnología se encaminaba a la popularización. Luego, en los noventa surgió el miedo, ya estando sistematizados, porque en el 2000 se iba a producir el caos por culpa de una imprevisión, el cambio de siglo que los computadores no reconocerían y volveríamos al día uno. Llegó el 2000 y no pasó nada, porque ante la presión del tiempo llegó la correspondiente solución.

            Naturalmente he de mencionar que en mi niñez y juventud ver el año 2000 era inimaginable, ni siquiera lograba pensar en la edad en que tendría para ese año. Era lejano, muy lejano y llegó y no pasó nada, solo envejecí. Hoy pensar en el 2050 es ver el tiempo a la vuelta de la esquina, naturalmente creo que no llegue a esa fecha, la longevidad de mi familia no llega a los ochenta años. Visto el 2000 desde la imaginación vendida por la televisión de la época, sería vivir en la era de la serie Los Supersónicos; luego del 2000, en donde ya no hay imposibles, el tiempo perdió sus límites, porque todo es posible, ya no nos asustan los imposibles, tal vez para el 2050 los viajes se harán estilo Star Treck, tanto en naves como en teletransportación y el tiempo perderá valor, como le pasó a Colón, en su primera travesía que duró dos meses y nueve días y hoy se hace en máximo doce horas.

            Estas son disquisiciones de un viejito que vivió épocas más oscuras, tiempos diferentes aún siendo constantes.

El hombre, ser levísimo, es soñado por una figura incierta, y el estado del mundo informa que “más que la creación de un ser superior somos el pasatiempo de uno bastante defectuoso”.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Georg Lichtenberg. Aforismos. Edición de Juan Villoro.

miércoles, 10 de julio de 2019

INTERNET Y REDES


Me preguntaba cómo me identifica Internet trabajando en sistema binario. Cuántos ceros y unos soy, porque solo así puedo ser visible para la red. Y sólo haciendo el ejercicio de ceros y unos con mi nombre (Juan) el resultado que arrojó es que me llamo: 01101010011101010110000101101110, 17 unos y 15 ceros, ese es mi nombre, el de simple cuatro letras convertido en treinta y dos números (y eso que encontré que si es mayúscula las letras empiezan con 011 y empiezan con 010, con lo que se modifica aún más la cosa). Curiosidades de la vida y entonces cómo sería mi nombre completo? Un montón de ceros y unos, nada más.

            Además estoy almacenado en una nube que resulta que no es nube sino en un depósito aquí en la tierra y no en uno solo sino en un montón por todos los viajes que realizo en Internet y todo, claro está, a pesar de ser números, éstos se convierten en palabras que son un arma, para ofender o para defender o para apoyar también. Sin vergüenza alguna, sin rubor, sin miedo, sin consecuencias o al menos eso creemos, porque toda acción tiene su consecuencia, resulta también cierto.

            Mejor entonces no me pregunto cuántos bits(1) tiene una palabra(2) porque las líneas terminarían interminables e ilegibles para leer para nosotros los legos.

            Todo esto me surgió a raíz de ver una serie de Netflix sobre la red oculta o negra, si se quiere. Los legos, como decía, solo conocemos una cara de la red, la que usamos constantemente y unos cuantos profundizan más y están en lo que llaman la red oculta, blanca o negra, allí también están, buscando y rebuscando según su interés oculto igualmente.

            Pero la red, cualquiera sea su color, no la conocemos, aunque somos muy conocidos, por otros, por hackers, por servicios de inteligencia, por amigos y enemigos. Y permite todas las barbaridades. Desde el insulto y la pornografía, al abrazo y a la palabra de apoyo. Une y desune.

            Lo que resulta más increíble es que sintiéndonos anónimos, pretendiendo ser anónimos podemos caer en manos de esa red, la que nos puede robar los secretos más recónditos, nuestra personalidad, nuestro ser. Pueden matarnos dejándonos vivos y me pregunto, en tal caso, cómo decirle a un banco en que aparece uno como inexistente, que uno es uno si en sus bases de datos dejamos de existir? Que la plata que ellos me tienen es mía? Que desaparecí por el deseo ajeno, que tal vez no exista porque las bases de datos me desaparecieron, pero que ese sigo siendo yo? Como oí en una serie de Netflix(3), desaparezco como si nunca hubiera existido. Convencerlos de que aquí estoy, que soy de carne y hueso y no mera información llena de bits desaparecida con mi identidad, de que ya no existo para ellos habiendo sido parte de ellos. Cómo probarlo si mi ser físico no es suficiente prueba?

            En la red oculta o no, no hay orden, no hay ley, tierra salvaje, del más fuerte, del más avivato, donde se navega con confianza o con hipocresía, donde se permite la injuria, la venganza, la ofensa, hasta el sarcasmo y la ironía, aunque éstas no la entiendan a quienes va dirigida. Naturalmente también es apta para el compañerismo, la autoayuda, el narcicismo y la buena voluntad. Sigamos confiando en lo segundo, pues resulta cierto que no somos tan invisibles como creemos serlo, pues hasta la CIA debe estar leyendo este escrito, sin yo saberlo.

—¿Y quién eres tú?
 —Soy parte de ese poder que anhela el mal eternamente y eternamente obra el bien.(4)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


[1] Este código denominado ASCII (American Standard Code for Information Interchange) permite representar hasta 128 caracteres diferentes, para ello necesita7 bits (27 = 128 combinaciones). Normalmente el código ASCII se extiende a 8 bits(1 byte) añadiendo un bit de control, llamado bit de paridad. Doctor Google.
[2] Windows 7 tiene 9 bytes, porque cada carácter insertado (Sean letras, números, espacios o símbolos) tiene un byte de tamaño; y si se dice que un byte es 8 bits, entonces (9 bytes por 8 bits) esto es igual a 72 bits, me responde el doctor Google.
[3] Algo en qué creer.
[4] Goethe, Fausto.

lunes, 8 de julio de 2019

PLANES PARA EL FUTURO


Un amigo me preguntó qué planes tengo para el futuro. Lo único que se me ocurrió fue decirle que los pensionados no tenemos planes para el futuro, porque el futuro inexorable se acerca cada día más. Por eso los planes en mi caso se limitan a vivir, lo mejor posible.

            Y viéndome en retrospectiva al parecer no hice planes, al menos a largo plazo. Los planes ya venían predefinidos, como conseguir un puesto, trabajar y mejorar, casarse, tener hijos y lo infaltable, al menos en ese tiempo: casa, carro y beca y jalar la vida lo más que se pudiera, dentro de la comodidad posible.

            Y hablando de planes, tal vez podía hacerlos, pero la vida me enseñó que siempre interviene ese uno por ciento faltante, llámese azar o destino, que es en últimas el que decide.

            Ya entrando en longevidad, donde dentro de los planes no puede estar el de hacer plata, porque ya es tarde para planearlo -salvo ganarse el baloto-, solo queda la alternativa de vivir, lo mejor que se pueda con lo que se tiene, con lo que se hizo.

            Curiosamente cuando se habla de planes hacia el futuro siempre interviene un ingrediente infaltable: la plata. Nada más es hacerse la pregunta y es de presencia constante la plata, por lo que la meta termina en lo mismo, en hacer plata, para cumplir con los planes de vida que se hagan. Así es.

            Sin embargo, cuando ya es tarde para hacer plata, los planes de vida se modifican, tal vez por la experiencia vivida, por la realidad presente, porque ya no hay más que hacer y se transforman en el vivir cada día, insisto, lo mejor posible, sentado en la realidad, dejando el campo necesario para soñar, para ilusionarse, para tener una buena esperanza.

            Por eso, ante esa pregunta, que puede parecer vergonzante, lo único que puedo decir es que no tengo planes para el futuro, solo vivir cada día con lo que él traiga, lidiando con lo que resulte de él. Y reafirmo, lástima que uno no hiciera desde joven planes de vida futuros más sencillos, tales como tratar de ser feliz, de gozarse el día a día, sin que intervenga ese factor vergonzante como es el de supeditar los planes a la plata.

Con todo, sigo agradecido con lo que me tocó de vida, no me ha ido mal.

Siempre había sabido mantenerse en su sitio, cómodamente instalado en sus rutinas.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) John Katzenbach. Personas desconocidas.

viernes, 5 de julio de 2019

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO EN COLOMBIA


            Ya te la mando. Un momentico no más. No me demoro. Cinco minuticos. Espere tantico. Esas son las referencias que se suelen usar en este país, no sé si en el resto del mundo. Y eso nada de mencionar a aquellas visitas de servicios públicos que le dicen a uno que queda programado y que esté pendiente porque lo van a enviar a lo largo del día, sin especificar ni siquiera de qué día, ni qué es largo.

            Nos hemos acostumbrado al incumplimiento de citas, de reuniones, de envíos. Y tampoco menciono cuando vamos a alguna vuelta y quien atiende nos dice que esperemos un momentico, mientras el revisa su chat!

            Ya es una maña nacional en el cual una palabra define, por sí misma, un lapso corto, pero que por efectos de interpretación el lapso se convierte en un indefinido más en la vida.

            No hace mucho estando en una carretera de la costa, no digo cuál para que no se sientan ofendidos los lugareños, como estaban reparando la vía principal había que esperar el paso en uno u otro sentido. Mientras esperábamos se acercó un vendedor al que le preguntamos cuánto podía demorar el paso. Naturalmente como buen costeño nos dijo que ajá, un momentico. Porque el ajá costeño es lo mismo que la cosiaca del interior, indefinidas indefiniciones. Cuando le preguntamos cuánto faltaba para llegar al siguiente pueblo, mirando hacia sus límites dijo alegremente festivo: Ya llegaste, están aquí no más. Lo que significó que nos faltaban cuarenta minutos sin pares. Visitado el pueblo, a su salida preguntamos cuánto duraba para llegar al otro y nos contestaron: ajá, si coges por ahí, unos diez minutos, que naturalmente fueron otros cuarenta, parece que lo calculó pensando que íbamos a trescientos por hora.

            Entonces los espacios de tiempo se trastocaron de números a palabras indefinidas de infinita extensión de tiempo y pasaron a un momentico, ahí na’más, adelantico no más, espere tantico, un momentico por favor y similares, aunque algunas conservaron la numeración sin perder la indefinición, como el famoso cinco minuticos no más. Aunque recuerdo, porque me contaron, claro está, que el tiempo en los moteles se miden por el rato y la tarifa está diseñada por el rato, aunque el rato dura una hora, después de eso creo que empezará a contarse un rato, dos ratos…

            Sigo preguntándome, apartándome de la relatividad einsteniana, qué pueden significar: Ya te la mando. Un momentico no más. No me demoro. Cinco minuticos. Espere tantico. A lo largo del día. Ahí no más. Y tal vez por ello el incumplimiento se debe a ello mismo, pues aplicar el cuarto de hora dependía de la urgencia o necesidad de la espera o de su anhelada huída, sin mencionar la trágica maña de la hora judicial que no era la hora a la que se citaba sino dentro de la misma hora y algo más, si dependía de las autoridades. Y eso que no mencioné las conversaciones de redes sociales: espéreme un minutico, ya voy llegando, hay un trancón, en dónde está?

            Son curiosidades de esta vida que aún no logro entender, me gusta ser puntual.

Cuando creía aprender a vivir, he aprendido a morir.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Leonardo da Vinci. La Biografía. Walter Isaacson

miércoles, 3 de julio de 2019

FRASES ENGAÑOSAS



            Tipo exportación es una de ellas. Me preguntaba al leer una etiqueta, hoy tan común, que señala que el producto es tipo exportación, lo que me llevó a pensar si los otros productos que no lo son, son de mala calidad? Son los que eventualmente se quedan para consumo interno, es decir, nos quedamos con la pasilla, con el producto sobrante. O es sólo una frase para que al mismo producto le puedan subir el precio por la sola mención de ser exportable, de mejor calidad, siendo la misma? Termina siendo un engaño para despistar a despistados?

            Eso me lleva a pensar en la ecología puesta en moda, sin razón, sin lugar a razonamiento profundo. Ya todos somos ecológicos, criticamos todo lo que cause daño al ecosistema, otra palabra abusada, pero viendo nuestra propia necesidad olvidamos el efecto. Y me incluyo dentro de ellos. Vi una propuesta del restaurante en que cada cual llevara el envase para el domicilio del almuerzo, pues así se ayuda a la naturaleza. Lo pensé inicialmente como idea para compartir, pero me vi en el plan de llevar las ollas para que me despacharan el almuerzo, lavarlas luego y así seguir con la rutina de la actividad. Pero no, me negué, no quiero cargar ollas, de todos modos me están cargando al precio el envase, no estoy ayudando con la ecología pero sí permitiendo que el vendedor gane más, porque no me va a rebajar el recipiente. Otra mentira piadosa, basta ver las grandes superficies, como se llaman ahora, que con el argumento ecológico dejaron de entregar las bolsas supuestamente gratis, cuyo valor de todos modos estaban incluidos en el producto, pues ellos nunca pierden, ahora las cobran con el sobreprecio que ya tenían. Ganan por punta y punta y resulta que no hay tal colaboración con la naturaleza.

Eso de huevos criollos que son más caros que el huevo común y más de un vivo dice que son criollos, siendo corrientes. Y entonces me preguntaba, si son criollos deberían ser más baratos porque les cuesta menos en su producción pues la gallina se alimenta de pasto, tierra y lombrices y no de concentrados y esto aplica a todas las hortalizas y vegetales que suponen que no tiene químicos ni fertilizantes.

Y continuando con lo ecológico, siempre nos han dicho que el ganado es el que más genera contaminación, mucho más que los gases de vehículos. Siendo así, maten todas las vacas, extínganlas y evitamos el efecto, si es que son las mayores productoras contaminantes. Pero en un documental que vi, decían esto, pero señalaban más adelante que más contaminantes que el ganado era la industria textil y luego mencionaban otra, que ya olvidé cuál era, por la piedra que me dio al sentir la contradicción de que uno es el mayor contaminante del planeta, pero hay otro que es más contaminante y luego otro más. Al fin, cuál de ellos resulta ser el mayor? Si nos atenemos al idioma que enseña que si es el mayor, no hay otro mayor, según mi lógica, pero…

Para culminar, aquello de zonas francas. Siempre me enseñaron que las zonas francas o portuarias se constituían para la importación de productos que vinieran de otros países. Hoy el concepto al parecer cambió radicalmente. Nada más ver los productos de consumo cotidianos en que dicen que son fabricados en Medellín, Itagüí o alrededores para la zona franca de Tocancipá, Gachancipá o cualquiera otra y todo para evadir legalmente impuestos, lo que quiere decir que se puede producir barato, pero la viveza está en que hecha la ley, hecha la trampa, como señala el viejo aforismo.

 Y así nos mantenemos, con el juego de frases engañosas, en las que no quiero meter la política, que es todavía más engañosa y vergonzosa, lo sabemos, pero las aceptamos, porque ya forman parte del idioma cotidiano, del engaño en que sabemos que nos engañan pero seguimos comprando, a pesar del engaño.

Todo el libro estaba lleno de referencias a él, pero expandía sus ideas. Las advertencias de Humboldt estaban dispersas entre todos sus libros —pequeñas perlas de conocimiento aquí y allí, que muchas veces se perdían en el contexto general—, pero Marsh ahora lo entretejía todo en un poderoso argumento. Hablaba página tras página sobre los males de la deforestación. Explicaba que los bosques protegían el suelo y los manantiales naturales. Cuando el bosque desaparecía, el suelo desnudo quedaba a merced del viento, el sol y la lluvia. La tierra dejaba de ser una esponja para convertirse en un montón de polvo. A medida que el suelo estaba más «limpio», todo lo bueno desaparecía y «la tierra deja de ser habitable para el hombre», terminaba. Era una visión pesimista. El daño causado por dos o tres generaciones, decía, era tan catastrófico como la erupción de un volcán o un terremoto. «Estamos —profetizaba— destruyendo el suelo, los revestimientos, las puertas y los marcos de las ventanas de nuestra vivienda».(1)

Óleo sobre papel, espátula. 2018 JHB (D.R.A.)


(1) Andrea Wulf. La Invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Humbolt. Y lo dijo hace más de cien años.

lunes, 1 de julio de 2019

NIMIEDADES Y TRIVIALIDADES

Su curiosidad, como la de Einstein, a menudo se refería a fenómenos que la mayoría de individuos de más de diez años ya ni se plantean: ¿por qué el cielo es azul? ¿Cómo se forman las nubes? ¿Por qué nuestros ojos solo ven en línea recta? ¿Qué es bostezar? Einstein afirmó que le asombraban cuestiones que a los demás les parecían triviales.(1)

            Pensando en los temas que a lo largo de este blog he venido escribiendo, fuera de noticias o asuntos sociopolíticos que de alguna manera pican mi lengua, veo que hay un común denominador que son las nimiedades, las trivialidades de la vida, según el punto de vista que el lector quiera darle. Maricadas suyas, dirán algunos conocidos. Es que no tiene otras cosas en qué pensar? Diría mi mamá. Y sí, lo sé, pero es que tengo tantas preguntas sin respuestas, tantas respuestas a las que no sé acomodar las preguntas que me han dado para pasar de los cuatrocientos, cómo llamarlos, diálogos conmigo mismo?

Parto inicialmente de definiciones, para saber a qué me atengo. Nimiedad: Cosa inmaterial que tiene poca o ninguna importancia. Y trivial: Que no tiene importancia, trascendencia o interés. Eso me lleva a la sinonimia: insignificancia, nadería, bagatela, fruslería. Baladí, insignificante, frívolo, fútil, insustancial.

Ante tales definiciones y sinónimos sólo el rubor me acompaña, pensando que eventualmente mis amigos y mi mamá tendrían razón, pero hago caso omiso a tales comentarios, porque lo que sí sé es que me encanta divagar por aquellas intrascendencias que a nadie le interesan, sabiendo que filosofar no cuesta nada y menos aún cuando uno ya está pensionado.

Eso me lleva al campo anecdótico. Estado en primaria en alguna clase de ciencias me atreví a preguntar por qué, estando en la cocina, con el vapor de la olla a presión –porque era la que más vapor despedía- no se formaban nubes. No sé si el recuerdo se me distorsiona, pero lo que me quedó grabado fue que el profesor al parecer pensó que estaba mamando gallo y estaba poniendo a prueba su saber de manera burlesca. Su respuesta, además de agria, me hizo sentir como un soberano… culo, sin usar eufemismo. Me hizo sonrojar, me hizo sentir ridículo delante de todos. Y desde ese día dejé de preguntar en público y de pasada, de intervenir en clase con efectos académicos, porque para el relajo sí que estaba listo. Ni siquiera en la universidad preguntaba, al recordar la vergüenza infantil. Ese fue un buen trauma adquirido por mi inquietud infantil, pues recordaba, estando en la cocina cómo miraba el vapor, pasaba mi mano para sentirlo, quería comprenderlo, supongo. Y también creo que quería ver una nube en el techo de la cocina. Pero bueno, eso fue anécdota, que me quedó bien grabada desde esos doce años que debía tener. Santo remedio, no hay que preguntar si no se quiere ruborizarse.

Pero continúo, como hoy no me da vergüenza ruborizarme ante el computador y menos ante los eventuales lectores, la curiosidad que no se supo cultivar, siempre me ha llevado a preguntas aparentemente triviales, a preguntas que al parecer no tienen respuesta, que aún no les he encontrado respuesta, como si existe Dios, como para qué la vida, como si vale la pena vivir, qué sentido tiene, por qué el cielo es azul, por qué en la cocina no se forman nubes con el vapor que desprenden las ollas –estas últimas sí tienen respuesta, basta consultar el doctor Google sin necesidad de ruborizarse-.

Entonces concluyo que ahora –y desde siempre, aunque siempre en el silencio mudo- seguiré haciéndome preguntas triviales, pensando en nimiedades que tal vez no conduzcan a nada pero que de pronto dé en el clavo y se me aparezca Dios y me diga que sí existe. Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas!

Óleo sobre papel. Espátula JHB (D.R.A.)




(1) Walter Isaacson. Leonardo Da Vinci. La biografía.