miércoles, 21 de agosto de 2019

PENA DE MUERTE



            Un tema bastante álgido. El que es malo, el que es hampón, por miedo a la cárcel no deja de serlo. A pesar de todas las doctrinas penalistas existentes la cruda realidad demuestra que el nivel de regeneramiento es mínimo y el sistema penitenciario es peor, por cuestión de hacinamiento, de falta de cárceles, de corrupción dentro del mismo sistema y de la abundancia de hampones que hay, así sea de lo que llaman cuello blanco. Me imagino que a lo largo del mundo y del tiempo se han pagado infinitud de investigaciones para su remedio y supongo que todas llegan a la misma conclusión: no hay remedio y se ganaron la plata sin esfuerzo.

            Mantener un preso en Colombia costaba para 2016(1) aproximadamente $1.500.000 mensuales, que salen de impuestos. Si esta cifra se redondea, al año este costo representaría al menos $180.000 millones en gastos de manutención para el país, lo cual es equivalente a pagar la carrera universitaria de casi 5.000 estudiantes colombianos. (…) Hay 136 cárceles en Colombia, ubicadas en 29 departamentos y 6 regiones. (…) las cárceles del país tienen la capacidad para albergar 78.055 presos, pero la población es de 121.831 personas en la actualidad. De estos, 81.198 están condenados, 39.892 están sindicados y 741 están en proceso de actualización. Y siguiendo con cifras, El Espectador señala: El número de trabajadores que prestan un servicio para el INPEC es de 15.795, siendo la mayoría de su nómina los 12.848 custodiadores, según cifras entregadas por la entidad.(2)

            No sé si dentro de esas estimaciones se cuenta lo que es salud, porque pobrecitos, ellos también tienen derechos, generalmente más que los de las víctimas y el gobierno paga la cuota moderadora –y la afiliación?-. Y si consideraron mantenimiento, administración y todo lo que conlleva esa tarea, la suma sigue sumando.

            Es sabido que la cárcel no regenera, degenera, lo tengo claro. Inocentes, puede haberlos, con esta justicia colombiana es lo más seguro. Y se puso de moda entonces la cadena perpetua(3) que al decir de Yesid Reyes una ley no hace ningún cambio, no aporta nada, en su decir, en cuanto que son leyes que solo buscan votos y admiración política, nada más.

            Siempre pensé, viendo películas gringas de principios del siglo pasado, cuando el preso tenía que trabajar para pagar su estadía. Se hicieron carreteras, se mejoró la infraestructura gringa -punto a su favor-, por qué no ponerlos a trabajar en carreteras y tapando huecos en las ciudades? Trabajo es lo que hay. Alguien se ha imaginado a un preso 24 horas sin hacer nada? Buscando pelea, tratando de someter y no dejarse someter? O a lo gringo, sacando músculos en el gimnasio, para estar en forma cuando salgan?

            Entonces llego al punto crucial. La pena de muerte –no al estilo gringo que nunca cumplen-. El costo de mantener a los hampones, de toda ralea y clase, es demasiado costoso, no cumple su finalidad, el índice de criminalidad va en aumento, las cárceles no aguantan, la corrupción interna es grande y no me salgan con que son seres humanos. Seres humanos fueron los violados, los muertos, los agredidos, en una palabra las víctimas. Suficiente razón para apoyar la pena de muerte? Para mí, sí. Dirán y si fuera usted? Pues lo mismo, si la hice debo pagarla, qué vaina no? Tal vez la vida cotidiana sería otra cosa. Pero son meras ilusiones que me hago porque también tengo claro que ellos tienen más derechos que yo, que sí pago los impuestos y por ende, los mantengo.

            Inhumano? Puede que sí, pero a problemas críticos y crónicos, soluciones radicales, no hay de otra.

… yo llegué a la conclusión de que los pobres no son mejores que los ricos, que ricos o pobres los seres humanos no se merecen un carajo, que luchar por ellos es de ingenuos o de imbéciles.(4)

Tomado de Facebook


[2] En materia de sueldos: el grado 11, posición que le hace merecedor de un salario de $1.242.451. Datos de agosto de 2018. Es decir que se paga más por el preso.  https://www.elespectador.com/economia/cuanto-le-cuesta-un-preso-al-estado-asi-es-la-inversion-en-las-carceles-de-colombia-articulo-800550
[4] Oriana Fallaci. Un sombrero lleno de cerezas. Aunque sea cita fuera de contexto.

lunes, 19 de agosto de 2019

PEREZA



            Señalaban los que sabían que la pereza era la madre de todos los vicios. Wikipedia dice que La pereza es la negligencia, astenia, tedio o descuido en realizar actividades. La religión cristiana, clasifica la pereza como un vicio capital ya que genera otros pecados (…) Todos los seres vivos que se mueven, tienden a no malgastar energías si no hay un beneficio, que no tiene por qué ser seguro e inmediato: puede ser algo probable o que se obtendrá en un futuro.

            La pereza se escuda, generalmente, en la procrastinación pero a diferencia de ésta, lo que la pereza hace es postergar indefinidamente, hasta que ya no aguante más el vainazo, la orden o el desorden. A pesar de que tengamos tiempo, que no estemos haciendo nada, hay tareas o labores que son tan aburridoras que preferimos postergarlas, dejarlas para otro día, para otro momento. Cambiar una pila, un bombillo, tender la cama, hacer un arreglo que, en cualquier caso, no demanda tiempo, a pesar de estar perdiendo el tiempo haciendo postergaciones innecesarias.

            Mi mente no se acomoda a que genere otro pecado pues viéndolo así, no sé cómo con pereza se puede dar el lujo de la lujuria, la envidia, la avaricia o la gula, tal vez la ira, de la piedrita que da tener que hacer lo que no se quiere hacer, tal vez la soberbia también, de no hacer lo que hay que hacer. Parece que la iglesia se pifió por ese lado.

            Y por definición la pereza es inactividad, hermanada con el aburrimiento? Pregunta que por el momento queda inconclusa.

            Y la solución es tan sencilla, como hacerlo de inmediato, no permitir que doña pereza se instale y cuando uno termina de hacer lo que tenía que hacer piensa en lo pendejo que se fue al postergar lo impostergable. Y adicionalmente, si se hubiera hecho a tiempo, no se sufría del complejo de culpa que carga la misma pereza, que es postergación, que es inactividad, que es sinrazón que en últimas no valía la pena dejar de hacer.

            Por eso, para que no me tilden de perezoso, prefiero procrastinar, dedicar tiempo a pensar cómo se hace lo que debo hacer, cómo hacerlo con alguna efectividad y esperar que el vainazo correspondiente llegue y me haga hacerlo, aún a la brava, pero procrastinando!

… ¿por qué ha tardado tanto? Sabe que la puntualidad es una de las armas de las que se sirve Dios para recordar a los hombres que son mortales. (1)


Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Mario Escobar - El Papa Ario.

viernes, 16 de agosto de 2019

IMPERFECCIONES QUE SE OCULTAN


            Sabio dicho aquél que dice que no hay muerto malo? Y eso me hizo preguntar, no recuerdo de dónde provino la idea ni de qué acontecimiento, pero pensaba por qué todos los muertos eran buenos y a punto de ser canonizados, según decían deudos y vecinos, cuando la realidad era otra?

            Acaso está mal hablar del difunto, de sus virtudes y bondades, de su maldad y sus pecados? Parece que es mal visto dentro de la hipocresía de nuestra sociedad. Y naturalmente la iglesia no está exenta del pecado. Recuerdo que en las exequias el cura se acerca a cualquier deudo, pregunta sobre el número de hijos, nombres, una que otra bobada y en su discurso de despedida da un panegírico como si el difunto hubiera sido conocido íntimo y recurrente católico y era un padre –o madre- impecable, entregado a su familia, respetuoso de la ley divina, allegado a sus allegados, devoto y en últimas era un hijueputa, si he de decirlo sin eufemismo. En más de una ocasión me he reído –en silencio, claro está- cuando oigo ese discurso falso en que se ensalza a un muerto que era una verdadera joyita. Por eso cuando muera, esperando no pasar por la iglesia, no se diga nada de mí, que cada cual recuerde lo que debe recordar y que en últimas, en el último adiós, si es que lo hay, digan: ese sí era la cagada! Con eso basta.

            Realmente no hay muerto bueno, solo un ser humano que dejó de vivir, lleno de conflictos, con sus cosas buenas y malas, como cualquiera de nosotros, con virtudes y defectos, unos más malos que otros, otros más buenos que los de más allá, pero ninguno de nosotros lo suficientemente bueno como para ser ensalzado de tal manera que no fueron capaces de ser ensalzados en vida.

            Y como nos encanta el eufemismo, el dicho completo dice que no hay novia fea ni muerto malo –ni recién nacido feo, claro está-. De esa manera evitamos decir la verdad, a pesar de que la verdad la pensemos, así no la expresemos. Hasta en eso somos hipócritas.

Los hombres de la generación que ya se extinguía, cuya vejez había esquivado la guerra, opinaban, sin embargo, que París declinaba con ellos. Lamentaban el fin de la cortesía y de una cierta forma francesa del ingenio, herencia, según afirmaban, del siglo XVIII, y que ellos habían conservado intacta. Olvidaban que sus padres y sus abuelos habían dicho otro tanto; olvidaban también que ellos mismos habían agregado algunas reglas a la cortesía y que no habían recuperado «el ingenio», en el sentido en que ellos lo entendían, más que en su vejez(1).

Tomada de Facebook.


(1) Maurice Druon. Las grandes familias.

miércoles, 14 de agosto de 2019

LA HUMANIZACION DE LAS MASCOTAS



            Entro en terreno resbaladizo. Es cierto que se han llegado a los extremos en que las personas, en su afán de no soportar su propia soledad, adoptan un animal con el fin de vestirlo como a la criatura que no se tuvo, que se fue, que nunca vino. Fiesta de cumpleaños, fiesta de socialización, con bombos y platillos, bombas y serpentinas, como si los animales lo percibieran. Zapaticos para que no se ensucien, aunque la verdad oculta es para que no le haga regueros en su casa. Abrigos porque el pobrecito siente mucho frío –aunque se oculte que es para que no deje tanto pelo-, como si Dios no les hubiera dado la piel que tienen precisamente para que soporten los avatares de la vida y las inclemencias del clima. Todos esos extremos de humanizar a un animal me molestan, porque no los dejan ser lo que son, animales, llámense perros o gatos o pájaros o lo que quieran.

            Sin embargo, casi siempre he tenido, directa o indirectamente, mascotas, particularmente perros y a ellos me referiré. Según la ley ya no son cosas muebles (aquellos bienes que se pueden trasladar de un lugar a otro, creo que citaba el código civil), son seres sintientes y ya con determinados derechos, aunque pienso que no se requiere que la ley lo decrete así, porque el maltrato de cualquier animal (de elefante a sapo) no puede permitirse, por la sencilla razón de que es un abuso que causa dolor y daño a ese ser sintiente.

            Pero bueno, no tengo las virtudes de San Francisco, bueno por naturaleza. El compartir diariamente con un perro le va enseñando a uno un camino que normalmente no encuentra con los seres humanos. Atentos, así pareciera que no entienden, a todas las bobadas con las que uno termina hablándoles. Leales, en cuanto que están o al menos lo aparentan, cerca de uno. Y son sintientes. Quien haya compartido con un animal cada día se asombra más de lo inteligentes que son, así digan que los inteligentes somos nosotros.

            La intimidad que se genera con ellos es de tal naturaleza y pureza, si se quiere, que no está supeditada a la mentira, al deseo de dominio, al compromiso ni a ningún valor humano que permita la humillación, a pesar de conocer a ciertos personajes que tienen un animal porque es de mi hijo o excusas similares que terminan envenenando esa relación, casi como con los odios matrimoniales que se soportan porque toca soportarse.

            El animal a su vez despliega toda su sabiduría, sin querer nada a cambio –supongo y allí la pureza de la relación-. Nada más sentir un lengüetazo –de agradecimiento, de saludo, de cariño o de apoyo-; una pata dirigida a hacer notar su presencia; un bostezo para indicar la hora de la comida, si a uno se le olvidó o si le preguntó si tenía hambre; el movimiento de cola como respuesta a la pregunta de si quiere salir a pasear; o el hacer movimientos de querer que lo acaricien; o el dormir a su lado. Y no importa el genio que tenga el animal, como lo tenemos nosotros, puede ser arisco o faldero, siempre están presentes, siempre son compañía y nuestros silenciosos interlocutores, aunque a veces no tan silenciosos. Algunas veces pareciera que quisieran hablar y mascullan sus respuestas, sus alegatos, sus sinsabores. Ellos son así. Y por eso me pregunto, en estos casos cómo no humanizarlos, si en muchos casos se está mejor con ellos que con el resto de humanidad, que carece de casi todos esos valores animales.

            Les hablo en mi idioma, porque no sé el de ellos, a duras penas he logrado aprender algo del de ellos, aunque también se saben expresar con gracias y movimientos, que poco a poco han venido enseñándome y trato de comunicarme, de expresarme como ellos, en su propio idioma, es decir, sin olvidar que son perros y que si merecen respeto precisamente debo pensar como perro, pensar que son perros, que son animales que de cualquier manera el tiempo los volvió sometidos. Pero eso sí, ahora agradecidos, en cuanto estén en buenas manos.

            Así he venido humanizando a los perros que tocan mi corazón, por permanencia o de paso por este mundo. Diógenes, si mal no estoy, dijo: Cuanto más conozco a la gente, amo más a mi perro. El filósofo sabía de lo que hablaba.   

 … se dio cuenta de que las ideas pueden abrir heridas: “Es imposible alumbrar con la antorcha de la verdad sin quemar una que otra barba”. (1)

De Facebook


[1] Georg Lichtenberg. Aforismos. Edición de Juan Villoro.

lunes, 12 de agosto de 2019

FRASES SIN FUTURO


            Al parecer, hoy más que nunca, cierto formulismo hipócrita hace que abunden las frases que no tienen futuro, a duras penas un presente, al ser formuladas, pero que quedarán sin historia.

            Me refiero a esas despedidas personales, por redes o por celular que ahora se hacen como mecanismo de deshacerse rápidamente de esa situación. Oiga, nos tenemos que ver. Yo le echo una llamadita nada más pueda. Nos tenemos que reunir para recordar viejos tiempos. Me llama cuando pueda. Llámeme usted porque como vive tan ocupado.

            Tras esas frases se esconde el deseo de no tener trato alguno, el no volver a saber de esa persona, el para qué recordar viejos tiempos si no los tuvimos, el no lo llamaré ni usted me llamará, porque hoy somos dos desconocidos que no nos queremos reencontrar.

Pero se queda bien diciendo tales frases prometedoras, esperanzadoras y no se carga ninguna culpa si lo que no se piensa que haya que suceder, no sucederá, aunque el destino tiene sus caminos secretos, por aquello de que de esta agua no beberé.

Y la situación ha llegado hasta el extremo de que antaño, al recordar a una persona al menos se le hacía una llamada al año, la de su cumpleaños, así terminara con el tenemos que vernos. Hoy se sale fácilmente de ese compromiso anual, basta con unos cuantos caracteres de saludo en una red social y se quedó divinamente, si además se le agrega el futuro que nunca se piensa concretar: nos tenemos que ver.

Naturalmente la crítica me aplica, porque hay saludos de compromisos de esos jartos que uno quisiera evitar y por eso el nos tenemos que ver lo he utilizado, más ahora en que se me dificulta salir de mi zona de confort, en que montar en bus ya me hace pensar veinte veces la salida; cuestión de pensionados. En otras, saldría gustoso, pero viven tan ocupados…

Frases sin futuro formuladas en un presente sin conclusión, frases que carecen de todo sentido y que las creemos aún siendo mentiras.

… pero el problema de aquel hospital psiquiátrico era que todo el mundo se miraba y se ignoraba al mismo tiempo.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


[1] John Katzenbach. Historia del loco.

lunes, 5 de agosto de 2019

¿MACHISTA YO?


            Como van las cosas uno ya no sabe en qué lugar acomodarse. Supongo que he sido machista, por educación –materna, aclaro-. En estos tiempos la situación está en que cualquier comentario que se haga termina tildado en algún extremo.

Para ilustrarme un poco busqué en internet la palabra feminismo. Se declara como un grupo social y político que trata de reivindicar los derechos de la mujer y leyendo un artículo menciona la definición que trae la Academia de la Lengua, como: Doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres. Y la articulista que la menciona agrega: Así de breve, falsa y tendenciosa la asume la Academia de la Lengua (patriarcal). Y ahí es en donde me emberraco, si la definición es clara y decente, a mi modo de ver, la feminista que escribió está demostrando lo que es, feminista de extrema que no acepta las cosas sino que para demostrarse a sí misma termina lanzando improperios. Creo que allí radica el problema básico, el fanatismo que se le mete a las cosas.

Y por eso es que ya uno, al menos como hombre –si no se ofenden los hombres, me digo-, no puede opinar, porque cualquier cosa que diga –en chiste o en serio- ya es tildado de machista, de tendencioso. Tanto es así como ya no se puede echar un piropo porque los improperios le caen. Claudia López(1) al no tener argumento de respuesta serio arrancó contra el periodista y lo tildó de machista y con el genio que tiene doña Claudia, lee este blog y me manda linchar. Pero qué se le va a hacer. Con ese genio y esas salidas doña Claudia ya perdió mi voto, que inicialmente era para ella. Seguiré votando en blanco.

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Viene en mi auxilio Yolanda Ruiz(2): He visto a muchos hombres desconcertados, desubicados o francamente asustados ante unas mujeres empoderadas, reclamando derechos, hablando duro y sacando de la oscuridad realidades de discriminación, abuso, violencia física o sicológica, que permanecieron silenciadas o que se aceptaron durante años como parte del paisaje. Y a eso nos han llevado, para evitar problemas no hay como el silencio, así sea despreciativo –y tíldenme como se les dé la gana, que a mi edad ya poco importa-. Y agrega la columnista: Un joven de unos treinta y tantos comenta con perplejidad que en ocasiones se siente atacado cuando sus amigas reclaman por la discriminación de las mujeres: “yo no tengo la culpa ni soy machista y me miran a veces como si fuera un monstruo”. Otro que pasa de los 60, que marchó con las feministas para reclamar derechos, dice que respalda la batalla pero siente que las jóvenes de hoy se pasan y van al otro extremo. Otro hombre de 28 años con su acento costeño se pregunta: ¿ya no se puede ser galante con una mujer porque todo es machismo? Y aparece el dirigente político que no sabe leer el momento y le da su respaldo a un candidato que tiene cuestionamientos de género. Esto va más allá de una denuncia, es un asunto político, no judicial. Es tolerancia cero ante la más mínima sospecha de violencia de género o discriminación. En efecto, ya estamos en tolerancia cero, lástima me digo.

Y con lo de doña Claudia, Felipe Zuleta(3) escribió: Por cuenta de las redes, esto se volvió una tendencia y un tema de conversación. Mujeres vs. hombres, feministas, homosexuales, lesbianas, monjas, locos, ángeles y demonios opinaron sobre el tema… concluyendo que lo que todos buscan es la victimización, deporte nacional hoy favorito. Agrega el articulista: Pero eso y su preferencia sexual —lo digo yo, que soy abiertamente homosexual— no le dan derecho para maltratar a nadie como lo hizo. 

A dónde vamos a llegar? Es lo que ahora me pregunto. Debemos dejar de victimizarnos, de estar buscándole a todo el quiebre y, ante la falta de argumentos, dejar de ser groseros con argumentos tan pobres y para cerrar la discusión, que no la hubo, nada como que le griten a uno que es machista. Pues sí, puede que lo sea y? Por eso he decidido apartarme y guardar silencio en tales casos, pero eso sí, con ese silencio despreciativo que acompañado con igual mirada dice todo lo que pienso. Y como he dicho, a mi edad no me jodan si no quieren que se me salga todo el machismo que pueda cargar.

Con todos los problemas que ya tiene este mundo, para echarse uno más? He dicho! –así suene intolerante!-.

viernes, 2 de agosto de 2019

INMIGRANTES


            Un grupo, un indeterminado, un estorbo, sin historia ni individualidad. Un invasor, un odiado. Eso es lo que es un inmigrante para la mayoría de la gente nativa cuando su país es invadido.

            Un muchacho venezolano me hizo pensar. Se subió a Transmilenio y musicalmente comenzó a contar su historia, que es la historia de cualquier inmigrante. Y así comenzó, anunciando su propia historia, la que nadie oía, ni estaban interesados en oír. Un desplazado de su patria, no por su voluntad, por culpa de una voluntad ajena. Llegado a un país que de entrada le rechazaba, por su acento, que era lo único que le delataba. No fue por su querer que abandonó su patria, su suelo, su país. Fue literalmente echado porque no podía estudiar, ni trabajar, ni ser él; condenado de antemano por un gobierno socialista que al parecer de socialismo no tiene nada, como lo dijo el muchacho, pues el pueblo fue el que debió sufrir por la inexperiencia de otros. Le tocó suportar una historia de la que él no fue personaje, ni tuvo la culpa, sólo fue una víctima más, para continuar siendo víctima en un país vecino, que tampoco lo supo recibir. De extranjeros que lo trataron también como extranjero, fuera de su patria, maltratado por ser extranjero. Espero que el muchacho de la historia si no llega a ser alguien, al menos que logre ser él.

            Y lo curioso es que de una u otra manera todos somos o provenimos de extranjeros, de inmigrantes, así hoy nos demos de mucho por ser nacionales, pero queriendo ser extranjeros, sin serlo en otro país –los latinos queriendo ser gringos, los africanos europeos y así el resto-.

            De alguna manera, repito, no somos nativos de una determinada tierra. América fue sometida, cuando no arrasados sus habitantes, y somos la amalgama de siglos de diferentes polvos, en los que el originario se deshizo y se evaporó dejando esta mezcla de razas, dejándonos creer que somos raza pura. Que levante la mano y tire la piedra si le es dable, quien no haya tenido un abuelo, bisabuelo o tatarabuelo que no haya llegado a estas tierras como inmigrante, como desplazado, como hambriento y haya echado sus mejores polvos –al menos a eso aspiro- en estas tierras permitiendo la mezcla de la que hoy nos vanagloriamos.

            Todo para expresar que en algún momento alguno de nuestros antepasados fue un inmigrante y tal como hoy, en ese ayer fue vilipendiado, rechazado, hecho a un lado, denigrado. Antepasado que sufrió lo mismo que hoy estamos haciendo con ese prójimo llegado de otras tierras. Tal vez por eso somos seres malditos, porque nunca tenemos los brazos abiertos. Y todos queriendo ser gringos por derecho propio, porque no se aceptan como nacionales de la tierra que les vio nacer!

Cuando el explorador portugués Pedro Álvares Cabral pisó por primera vez suelo brasileño en la costa de Bahía en abril del año 1500, había en el país cinco millones de indios, repartidos entre novecientas tribus. Hablaban mil ciento setenta y cinco idiomas y, exceptuando las habituales escaramuzas tribales, eran gente pacífica.   Cinco siglos después de haber sido «civilizada» por los europeos, la población indígena había sido diezmada. Sólo quedaban doscientos setenta mil individuos repartidos en doscientas seis tribus que hablaban ciento setenta idiomas. La guerra, los asesinatos, la esclavitud, las pérdidas territoriales, las enfermedades…, aquellas culturas civilizadas no habían olvidado ningún método de exterminio de los indios.(1)


Óleo sebre papel, espátula. JHB. (D.R.A.)



[1] John Grisham. El testamento.

miércoles, 31 de julio de 2019

¿EN DÓNDE QUEDÓ MI PALABRA?



            Leí en un artículo de prensa: Un ingeniero experto en el tema e inmerso en el proceso, que pidió no ser citado por encontrarse sometido a una cláusula de confidencialidad, le explicó a El Espectador(1) (…) más adelante señaló: Este medio consultó a varios ingenieros cercanos al proceso, a otros que se destacan por su conocimiento en las características de la vía al Llano y a académicos menos cercanos a la situación, pero con experiencia en hidrología y geología. La mayoría no quiso referirse al tema abiertamente.

            Me llevó a pensar en los gringos, gracias a cuyos esfuerzos la ética se ha ido corriendo a otros límites –parangonando a la frase de Piedad Bonnet (2)-, que ha puesto tan de moda aquellas frases presidenciales y de alta gerencia de que esta conversación nunca la tuvimos o si me compromete no me lo diga y similares a semejantes raleas.

            Si uno firma un acuerdo de confidencialidad es para respetarlo, salvo que colinde en los límites de lo ilegal, y no da pie para que anónimamente pueda irrespetarse, aduciendo que la confidencialidad se sigue respetando si se dice muy pasito o si se le cuenta a un periodista, en que prima naturalmente el chisme y oculta la fuente para poner el veneno de la noticia y que es regla institucionalizada que el periodista está autorizado para acceder a todo, sin limitaciones, por el supuesto derecho a la noticia que se arrogaron unilateralmente.

            Y eso me lleva a que en muchos procesos judiciales, en donde hay reserva mientras no se inicien las actuaciones públicas, por arte de magia los periodistas acceden a lo reservado, con pelos y señales. Ese es otro motivo para no confiar en la justicia, porque la reserva está limitada a que no se den cuenta que la suministraron. Y lo peor es que no pasa nada cuando se viola.

            Entonces en donde quedan las promesas, las obligaciones? La otra palabra que se impuso es el extraoficialmente, que parece que autoriza para decir lo que no se puede decir oficialmente, pero que resulta exculpatoria. Demasiadas mañas de los gringos hemos aprendido.

            En algún momento aprendí un latinazgo: pacta sunt servanda (3), lo firmado se respeta. Hoy, si me conviene, lo cumplo, pero la contraparte no puede incumplir. Nada más pensar en gobiernos pasados en que si un tratado internacional no les convenía –naturalmente a ellos, no al país-, simplemente lo denunciaban y tranquilos con borrón y cuenta nueva, como al parecer se ha impuesto a nivel internacional.

            Toda esta letanía simplemente para concluir en una pregunta –retórica, natualmente- de en dónde quedó mi palabra? La honradez es una gema con muchas caras, cuyo brillo es diferente para cada uno de nosotros.(4)

La Biblia lo decía claramente, había que ser mansos como palomas pero astutos como serpientes. Ella era una serpiente.(5)




De Facebook. (6)

[2] Las barreras éticas se han venido corriendo.
[3] Pacta sunt servanda es uno de los principios que preside la teoría general del contrato y que expresa que los contratos vinculan a las partes. Los contratos son obligatorios, tienen fuerza de ley entre las partes contratantes, y deben cumplirse al tenor de los mismos (art. 1091 CC). Tomado de Google.
[4] Juan Gabriel Vásquez. La forma de las ruinas.
[5] Mario Escobar - El Papa Ario.
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lunes, 29 de julio de 2019

PÁGINAS


    
Leyendo a Italo Calvino (1) me dio una noción de lo que es escribir. Es llevar al lector por las sendas de una página en blanco, en donde van apareciendo, cual carretera, una serie de letras que unidas o desunidas van adquiriendo presencia, dando conciencia según la redacción. La simple lectura de esas palabras, medianamente bien definidas, conducen al lector al abandono de la lectura o al abandono de lo leído, según se le antoje.

            El desarrollo y la unión de esas palabras formadas en torno y encuadrada a una cuartilla de hoja -física o electrónica-, resultan decisivas para la continuación de la lectura. Dejarse perder en algún momento resulta peligroso, porque el final puede quedar al final sin ser leído, por aburrimiento, por inanición, por descuido, por la falta de un desarrollo. Por eso hay que tener cuidado con lo que se escribe, dicen que la lengua filosa es venenosa. Las palabras semejantes igualmente lo son.

            Lo curioso del escribir es que previamente han pasado por un cedazo poco responsable, el pensamiento. Muchas otras veces el pensamiento va haciendo su dictado para ser copiado, como ahora mismo, sin previo aviso, pero eso sí, siempre antecediendo al teclado, porque ya no es mucho lo que se escribe a mano, parece ya pasado de moda, es cuestión de comodidad, de agilidad y de que letra y pensamiento queden claros al estar siendo plasmados. La letra escrita a mano, de acuerdo a la agilidad y destreza, con el tiempo se va perdiendo y terminan unos escritos de letra médica que ni el mismo escritor reconoce ni logra traducir, por lo ininteligible. Por eso es mejor la letra mecánica, aún con errores, porque de cualquier modo se puede descifrar.

            Y sin darse cuenta el lector, si es que ha llegado hasta aquí, que leyendo insulseces escritas por quién sabe quién, ya ha dispuesto de un buen tiempo, intrigado por el final, por ese punto final que pondrá fin a esa lectura iniciada sin querer, por equivocación, por curiosidad.

            Tal vez desilusione ese punto final, que de pronto quede en suspensivos, lo que le haría pensar en el tiempo perdido. Quizás quede divertido, pensando en que un escritor le llevó por un camino impensado y que entre coma y coma le hizo recapacitar, enseñándole que no todo tiempo perdido es perdido, algo puede quedar. De pronto, la locura ajena hizo que se produjera un reencuentro con la suya misma y le ayuda a saber que no está solo, que hay algunos como él. A lo mejor, esa lectura, ese seguimiento de letras imprecisas le haya distraído de un mal mayor, de una pena agobiante, de una preocupación displicente, de esas que dejan el sinsabor de un mal rato del que no es posible escapar, como las tonadas que se pegan y que no salen de la mente aún retándolas a irse. Posiblemente, sí, posiblemente se ría simplemente de la ridiculez de lo escrito, pensando en que hay muchas formas de matar el tiempo.

Porque el tiempo también se mata, no es un solo decir, se mata en las redes sociales viendo cuanta barbaridad hay, publicando desde elevados pensamientos a las estupideces que llevan a pensar que cómo hizo el ser humano para evolucionar hasta ese grado de estupidez de selfis, de comentarios que ni ellos mismos se creen, de lo que desearían ser pero jamás serán, escondidos en frases grandilocuentes sabiendo que otros saben sobre su pequeñez de pensamiento.

Y todo para qué? Si todo termina en un punto final, como éste que prosigue.(2)

… y en cambio las frases siguen moviéndose en lo indeterminado, en lo gris, en una especie de tierra de nadie de la experiencia reducida al mínimo común denominador. Ten cuidado: con seguridad se trata de un sistema para implicarte poco a poco, para capturarte en la peripecia sin que te des cuenta: una trampa. O acaso el autor está aún indeciso, como por lo demás tampoco tú lector estás muy seguro de qué te gustaría más leer.(3)

Tomada de Facebook. 
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(1) Italo Calvino - Si una Noche de Invierno un Viajero.
(2) Nótese que ese signo convencional de punto (.) corresponde al punto final de este escrito, mas no de la vida, que contendrá un sinnúmero de puntos finales, como la vida misma. Ya al leer esta nota de página el lector podrá determinar cómo le fue por este recorrido de letras, sin sentido o con más sentido del pensado, ya cada cual elegirá!
(3) Italo Calvino - Si una Noche de Invierno un Viajero.

viernes, 26 de julio de 2019

LIBROS


            Siendo apasionado por la lectura, con sus épocas correspondientes a mucha lectura o a su abandono, me puse a pensar en cuántos libros habré leído a lo largo de mi vida, ya en vías de agotamiento.

            El gusto me nació cuando tenía aproximadamente unos doce o trece años, por lo tanto esos años iniciales no cuentan, lo que me llevaría a pensar que han sido cincuenta años en los que la lectura ocupan parte de la vida, debiendo descartar todo lo leído con ocasión del estudio, de la profesión, del trabajo y de las revistas de consultorio y peluquería.

            Como dije, hubo épocas de extrema lectura –siempre buena literatura-, como los iniciales de la juventud en que para evitar enfrentarme al aburrimiento del día luego del colegio cogía un libro de la biblioteca que mi anciano padre formó a lo largo de su vida. Digamos que leía un libro cada diez días, es decir tres al mes. Digamos que en diez años leí trescientos. Llegó la época universitaria y supongo que le lectura bajó a doce al año, que por cinco años son sesenta libros. La época laboral, muy dispareja la lectura, más bien ocasional, en sus primero tiempos, pero con el mismo tiempo y la posibilidad de que me los prestaran, dado que el valor del libro a lo largo de los años ha sido costoso, hizo del tiempo de lectura fluctuante. Aprovechaba las ferias del libro en las que en aquellas épocas se lograban conseguir buenas novelas y los papayasos de tres por uno y otras gangas permitían un mejor acceso a la lectura. Cómo calcular lo leído a lo largo de ese tiempo, pensando en aquellos trabajos en que no era mucha la demanda de mi tiempo laboral era mucho lo que aprovechaba para leer. Es difícil el cálculo, porque esa vida laboral me ocupó cerca de treinta años. Promediando, con un margen de error que no sé calcular, podría pensar que leía dos al mes, veinticuatro al año por treinta, dan setecientos veinte.

            Ya en estos últimos años, entré a la era digital, a pesar de que inicialmente, por el rechazo al cambio, me negaba a la lectura en computador o similar. Hoy la cosa es diferente, así como la lectura, al conseguirse gratis –o pirateada, si lo prefieren-, hace que me haya vuelto mejor lector y más exigente. Muchas veces me leo dos libros simultáneamente, lo que me lleva a pensar que en los últimos diez años me haya leído unos tres libros mensuales, lo que me darían trescientos sesenta más, para concluir con unos mil libros, si le quito un margen de error del 10%. Y yo pensaba que eran muchos más, quedándome en cola más de doscientos, mas los que quisiera releer y los que van apareciendo.

            Y de lo no leído recurro a Italo Calvino (1), con transcripción literal –para no poner el sic- y de esa manera culminar con mis pensamientos sobre los libros:

… en el escaparate de la librería localizaste la portada con el título que buscabas. Siguiendo esa huella visual te abriste paso en la tienda a través de la tupida barrera de los Libros Que No Has Leído que te miraban ceñudos desde mostradores y estanterías tratando de intimidarte. Pero tú sabes que no debes dejarte acoquinar, que entre ellos se despliegan hectáreas y hectáreas de los Libros Que Puedes Prescindir De Leer, de los Libros Hechos Para Otros Usos Que La Lectura, de los Libros Ya Leídos Sin Necesidad Siquiera De Abrirlos Pues Pertenecen A La Categoría De Lo Ya Leído Antes Aún De Haber Sido Escrito. Y así superas el primer cinturón de baluartes y te cae encima la infantería de los Libros Que Si Tuvieras Más Vidas Que Vivir Ciertamente Los Leerías También De Buen Grado Pero Por Desgracia Los Días Que Tienes Que Vivir Son Los Que Son. Con rápido movimiento saltas sobre ellos y llegas en medio de las falanges de los Libros Que Tienes Intención De Leer Aunque Antes Deberías Leer Otros, de los Libros Demasiado Caros Que Podrías Esperar A Comprarlos Cuando Los Revendan A Mitad De Precio, de los Libros ídem Deídem Cuando Los Reediten En Bolsillo, de los Libros Que Podrías Pedirle A Alguien Que Te Preste, de los Libros Que Todos Han Leído Con que Es Casi Como Si Los Hubieras Leído También Tú. Eludiendo estos asaltos, llegas bajo las torres del fortín, donde ofrecen resistencia los Libros Que Hace Mucho Tiempo Tienes Programado Leer, los Libros Que Buscabas Desde Hace Años Sin Encontrarlos, los Libros Que Se Refieren A Algo Que Te Interesa En Este Momento, los Libros Que Quieres Tener Al Alcance De La Mano Por Si Acaso, los Libros Que Podrías Apartar Para Leerlos A Lo Mejor Este Verano, los Libros Que Te Faltan Para Colocarlos Junto A Otros Libros En Tu Estantería, los Libros Que Te Inspiran Una Curiosidad Repentina, Frenética Y No Claramente Justificable. Hete aquí que te ha sido posible reducir el número ilimitado de fuerzas en presencia a un conjunto muy grande, sí, pero en cualquier caso calculable con un número finito, aunque este relativo alivio se vea acechado por las emboscadas de los Libros Leídos Hace Tanto Tiempo Que Sería Hora de Releerlos y de los Libros Que Has Fingido Siempre Haber Leído Mientras Que Ya Sería Hora De Que Te decidieses A Leerlos De Veras. Te liberas con rápidos zigzags y penetras de un salto en la ciudadela de las Novedades Cuyo Autor O Tema Te Atrae. También en el interior de esta fortaleza puedes practicar brechas entre las escuadras de los defensores dividiéndolas en Novedades De Autores O Temas No Nuevos (para ti o en absoluto) y Novedades De Autores O Temas Completamente Desconocidos (al menos para ti) y definir la atracción que sobre ti ejercen basándote en tus deseos y necesidades de nuevo y de no nuevo (de lo nuevo que buscas en lo no nuevo y de lo no nuevo que buscas en lo nuevo).

Óleo sobre papel. Espátula. JHB (D.R.A.)


[1] Si una Noche de Invierno un Viajero.