miércoles, 17 de mayo de 2023

REFLEJOS

             Somos el reflejo de nuestros padres y a la vez nuestros hijos son el reflejo de lo que somos, con las variaciones que resultan propias por el paso de los años, el cambio de los tiempos. Así no lo queramos, pues el hecho de haber convivido con ellos algo se queda, algo se pega, algo permanece. Por algo son familia.

 De allí que las retahílas que oíamos de niños y de jóvenes, que nos llegó a molestar en demasía, venimos a replicarlas con nuestros hijos y, con el tiempo, éstos con los que serán nuestros nietos. Es un arte que se aprende al convivir en familia y la misma constancia con que se repetía esa retahíla queda grabada en nuestros genes, a fuerza de recuerdo, que en la vejez solo permiten una mirada al pasado con una picarona sonrisa de recuerdo. Y nada más empiecen a leer lo que a continuación transcribo, de un mensaje de whatsup recibido el día de la madre, permite corroborar que la retahíla, una vez odiada, nos sirve de defensa para la otra generación, y ésta hacia la siguiente, es decir, nada nuevo, un ejercicio familiar en que ha incurrido toda familia, al menos la colombiana. (Perdonarán mi falta de originalidad.) 

Las mamás, además de expertas en remedios tradicionales, también se destacan cuando de dichos se trata. Recuerdas frases como: “es mejor prevenir que lamentar”, “usted no se manda solo” y el temido “no se dice qué, se dice señora”.

Esos dichos colombianos maternos suelen ser el resultado de la cantaleta, momento ideal en el que salen a relucir los dotes filosóficos que toda madre tiene y donde nos dan un memorando, nos comparten reflexiones o nos lanzan una advertencia disimuladamente. (…) Por ese motivo y por el día de la madre, traemos una recopilación de los dichos colombianos maternos más populares, para recordar con alegría esos momentos y asegurarnos de que no se nos olviden, para decírselos a nuestras futuras generaciones:

 1. No me abra los ojos. Esta expresión es lanzada con el fin de calmarnos cuando estamos ofuscados y también cumple otra función, la de recordarnos cuál es nuestro lugar en la casa y que la que manda es ella. Esto último también se resalta con la frase “¿Y desde cuándo los pájaros tirándole a las escopetas?”. Son de esos dichos colombianos maternos que te erizan la piel.

2. Cuento hasta 3 y …Se nos advierte que debemos seguir una orden de forma inmediata, no siempre se completa el conteo. Este dicho suele estar acompañado de: “…y ya empecé” o “…y ya voy en 2”.

3. ¡Mientras usted viva bajo este techo y estas cuatro paredes, se hace lo que yo diga! Esta es la frase madre por excelencia cuando el objetivo es, que recordemos nuestro lugar en la casa y quién es la que manda en ella. (…)

4. ¡A que voy y lo encuentro! Frase que nos informa que ella tiene un poder misterioso de encontrar objetos extraviados o que simplemente no vemos. Debemos tener cuidado cuando esta frase se dice de la siguiente manera: ¡Ay donde vaya yo y lo encuentre! Mejor corre tú a buscarlo.

5. Entonces si su amigo se lanza de un puente ¿usted también? Esta frase es todo un clásico, nos parecía ilógica pero ahora entendemos que lo único que buscaban era que tuviéramos la suficiente personalidad para no exponernos a riesgos o situaciones embarazosas. Y jamás, lee bien, jamás se debía responder a esta pregunta de manera literal.

Y aquí viene la ñapa: (…)

6. ¡Estas no son horas de llegar a una casa decente!

7. Se me está llenando la taza.

8. Le entra por un oído y le sale por el otro.

9. ¡Búsqueme que me va a encontrar!

10. Algún día me lo va a agradecer.

11. Cuando tengas hijos, te vas a acordar de mí.

12. Usted cree que estoy pintada ¿o qué?

13. Usted verá.

14. Yo sé porque se lo digo.

15. Haga lo que se le dé la gana.

16. Cuando usted va, yo ya he ido y vuelto dos veces.

17. ¿Y usted qué creyó, que esto es un hotel?

18. ¡Ay, me tenía con el credo en la boca!

19. ¿Usted cree que yo nací ayer cierto?

20. Un día de estos se van a levantar y no me van a encontrar.

Y, como dije, además de la sonrisa picarona del recuerdo, el recuerdo mismo habrá venido y nos habrá dejado el recuerdo de esas palabras maternas que, con segunda intención, podrían ser sabias, pero en aquellos momentos resultaban molestas, por el veneno que sabíamos tenían incluido y que no permitían mayor réplica, salvo que uno quisiera enfrentarse a la chancla voladora, un palazo o un buen juetazo, sicólogos que en esa época eran los más eficientes para definir la noción de poder, no precisamente otorgado a través de una democracia, pues en la familia la jerarquía no permite democracias, creo que sabiamente.

 

Imágenes en color y en blanco y negro, algunas incluso con el virado a sepia que se estilaba a mediados del siglo XX. Gente muy seria y personas sonrientes; niños alzados sobre los hombros de su padre y manos entrelazadas en las instantáneas de una boda. El relato de muchas vidas capturado y congelado para el deleite de quienes, de vez en cuando, se detendrían, sonrientes y soñadores, quizá conteniendo la emoción y los recuerdos, frente a aquella pared[1].

Tomado de Facebook
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[1] Deudas del frío. Susana Rodríguez Lezaun.

lunes, 15 de mayo de 2023

CONTRADICTORIOS

             Hay frases que como autoayuda pueden usarse para aquí o para allá.

 

            En un muro de la Cardioinfantil hay una frase, creo que atribuida a García Márquez que dice: A un niño le puedo dar alas, pero no le enseñaré a volar.

 

            Por su parte, se le atribuye a Lao Tse el siguiente dicho: Si das pescado a un niño hambriento lo nutrirás una jornada. Si le enseñas a pescar lo nutrirás toda la vida.

 

            Dos frases que en un principio pueden tener la misma significancia. Un objetivo semejantes, medios diferentes, resultados aparentemente iguales si se ve a larga distancia.

 

            Pero… siempre me surge un pero. Pensaba en que, en el primer caso, si le doy alas a ese niño, lo mínimo que podía hacer era enseñarle a usarlas, así fuera dentro de un marco teórico si no pudiera ayudarle en su primer intento de vuelo. Y por otro lado, pensaba, si darle alas y pretender que de una se tirara al vacío… Aunque supongo que así puede ser en la naturaleza, no lo sé. Algo así diciendo la madre: mijito, es hora de abandonar el nido, así que a volar, mire a ver cómo lo hace…

 

            Creo que prefiero a Lao Tse, dar la caña y enseñar a pescar, luego es su problema de cómo va a proseguir su vida.

 

            Supongo que es pensamiento de padre muy paternalista. Lo del empujón para que aprenda a nadar se me hace muy sádico.

 

O así es como yo lo veo. Sé que soy incapaz de cometer un acto violento. A pesar de todo. Los que me conocen lo saben. No haría daño ni a una mosca. La mayoría de las personas somos así. O, al menos, la mayoría queremos pensar que somos así. Pero nadie debería sobreestimarse.[1]

Tomado de Facebook
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viernes, 12 de mayo de 2023

SENSACIONES

                Hay sensaciones que resultan indescriptibles. Se sienten en un momento, al rato han desaparecido. Sensación de tristeza, por ejemplo; de pérdida; de culpa, por citar algunas, las principales, negativas. De igual manera de recuerdo, de nostalgia, de añoranza y disfrute, de buenos momentos.

 

                Sensaciones agradables, no tan agradables y desagradables, que van y vienen sin sentido, sin advertencia, sin anuncio y de la misma manera desaparecen, escapándose cual vil rastrera, aunque las negativas son más duraderas, son insidiosas, mezquinas y depresivas y más renuentes a evaporarse. Al contrario de las buenas sensaciones, esas desaparecen en un suspiro, muchas veces sin dejarnos volver a disfrutarlas, como debería.

 

                Y las sensaciones deben tener su secreto. Aparecen como por arte de magia y uno queda sin explicación lógica, cuando hacen su aparición y uno no acaba de entender cómo y para qué aparecieron, dejando la sensación correspondiente, buena o mala.

 

                Las que conducen a la depresión son las más corrientes, es como si estuvieran pendientes de los buenos momentos para aparecer y deshacerlos, pura envidia (me digo). Y cuando se van, sin explicación, queda uno petrificado al no saber para qué carajos tenían que aparecer, en un día que podía ser corriente, al menos sin el estrés de una visita no anunciada, no querida, no deseada.

 

                Sensaciones fugases que nos sacan una sonrisa o nos dañan el resto del día.

 

El diablo nunca fue viejo y piadoso.[1]



Tomado de Facebook
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[1] Farsa. Thomas Erickson.

miércoles, 10 de mayo de 2023

FISONOMÍA

                Tuve un sueño, como casi todos los días, me digo. Pero lo curioso es que en el sueño vi a una muchacha que conocí hace muchos años, demasiados, lo que quiere decir que en el sueño puede tener veinte años menos de los que hoy tendría, ella y yo, aclaro.

 

                Traté de recordar su nombre, aunque dentro del sueño no era necesario, porque allí dentro estaba toda la información requerida, que a la larga no era necesaria.

 

                Una vez despierto, su imagen de juventud estaba allí, con las características del recuerdo de vieja data, pero no vislumbraba en dónde la conocí, pero sabía que era ella. Infructuosos los esfuerzos por recordar al menos su nombre, hasta el momento sigue anónima, aunque fresco el recuerdo de su fisonomía, tal vez el recuerdo de su figura la última vez que la vi.

 

                El recuerdo quedó congelado en el sueño igualmente congelado. Imágenes que se tienen pero que fuera de esa imagen congelada no dicen nada más. Es solo una imagen que se quedó congelada allí, tanto en el recuerdo como en estos momentos en que intento vanamente recordar algo más de ella, al menos su nombre.

 

                Más me vale dejar la cosa así, porque veinte años, al menos, han dejado mella, más a mí que a ella, pues en esa época le llevaba al menos quince años y la diferencia es diferencia. Es mejor dejar congelada la imagen, me dije.

 

Me miro en el espejo y me pregunto si ese de allí soy yo.[1]

Tomado de Facebook
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[1] Domenico Modugno. Cómo has hecho.

lunes, 8 de mayo de 2023

DESEO

                Somos un mundo de deseos. Cómo nos programaron para ello?

                 No nos conformamos con lo que tenemos. No señor, no nos conformamos. Siempre se quiere algo y una vez obtenido el deseo se desvía en búsqueda de otro, mayor o menor, aunque parezca que generalmente es a uno mayor.

                 El deseo que querer tener algo. Una vez obtenido, como dije, gozado o no, viene otro deseo, pareciera que es pura programación, siempre insatisfechos, siempre por un algo que creemos satisfará el ansia de tenerlo.

                 Nada más pensar en un ejemplo, como hombre, sin pretender sonar machista (o si se quiere se puede ser tildado como tal, a quién le importa) y lo decía por el ejemplo que voy a poner. Un destornillador (de allí que me puedan tildar de machista pues el asunto de las herramientas tradicionalmente han sido maña masculina). Se tiene un destornillador, que se usa muy de vez en cuando, pero se conoce uno más fuerte, uno de mejor marca, uno más bonito por su presentación, diseño o publicidad o por un mero comentario oído de alguien y el deseo surge de tener otro destornillador, a pesar de que el primero cumple con todos los requisitos del caso y sin importar si ha sido o no usado hasta ese momento. Entonces se encuentra uno con uno anunciado como telescópico con imán (por aquello de la pereza de agacharse a recoger el tornillo caído) y no hay Dios que impida el deseo de tenerlo. Se compra sin mayor discusión y ya se tienen dos destornilladores que cumplen la misma función. Se ve otro y téngale que se compra y ya se tienen tres destornilladores, que cumplen la misma función y que no han tenido el gran uso que uno jura que requiere. Y surge una promoción y téngale que se compra, teniendo ya varios que no se han usado y que cumplen la misma función. Pero además, se necesita el de pala, el de estrella, el exagonal (que jamás tendrá uso), de tres puntas, plano o de pala grande, mediano o pequeño, porque uno nunca sabe cuándo lo va a necesitar. Y se pierde la cuenta de cuántos destornilladores se tienen, pero se tienen y vaya uno a buscarlos y nunca encontrará el que necesita, ironías de la vida, eso es. Y se tiene toda una caja de herramientas, arrumadas en cualquier lugar, usadas muy escasamente, pero se tienen.

                 Y así es con todo en esta vida o pregúntese a una mujer (así me tilden de lo que quieran) cuántas cajas de maquillaje tienen, por no decir zapatos, medio usados, no usados, simplemente coleccionados. Coleccionamos insatisfacciones y siempre buscamos más, pudiéndonos conformar con una sola, que nos daría más satisfacción que tener la colección completa que nunca se usará, pero así somos, puros soñadores insatisfechos, buscando otra pareja, otra casa, otro carro, otro trabajo y hasta otros hijos al no estar satisfechos con lo que tenemos. En una palabra, estamos jodidos, no hay de otra.

                 El simplismo puede ser la solución a la necesidad de tener otra cosa más.

                 He dicho.

Tomado de Facebook
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viernes, 5 de mayo de 2023

DE LA FELICIDAD

             No sé si es una frase de cajón. Tampoco sé si es verdad. Dicen que uno de los secretos de la vida es la de ser feliz. Hay que ser feliz, dicen; hay que buscar la felicidad como el nirvana que, naturalmente, no está a disposición de todo el mundo. Se impone sí como una necesidad biológica.

             En la realidad la cosa es bien distinta, la vida es muy diferente, no es tan rosa como es presentada y tal vez, por ello, por no ser rosa, es que se impone la necesidad de buscarla a cada instante, en cada rincón, a todo momento, se convierte en una necesidad para sobrellevar la vida misma.

             Pero me encontré dentro de mis lecturas diarias un inicio de comprensión, más real, que puede dar una luz al tema: 

Intento comprender todas las formas de pensamiento —explicó el doctor— para tener una visión más amplia del mundo y del ser humano, pero al final parece que a todos nos preocupa lo mismo, en cualquier rincón del planeta y a lo largo de todos los siglos.

—¿Qué es…?

—Ser felices, ni más ni menos. Estamos tan seguros de que nuestro objetivo en la vida, casi diría que nuestro derecho, es conseguir la felicidad, que cualquier contratiempo nos descoloca, nos lleva a la frustración y al desánimo. Deberíamos enseñar a los niños que la vida es dura, una carretera llena de curvas y baches que siempre termina en un profundo barranco. Eso sí, por el camino, si tenemos suerte, podemos hacer unas cuantas paradas en lugares más o menos interesantes donde pueden suceder cosas que nos hagan moderadamente felices.

—Bueno, creo que es lícito buscar la felicidad.

—Por supuesto, pero siempre que tengamos claro que no es lo único que nos podemos encontrar. La vida también conlleva malos momentos, cierta dosis de sufrimiento, más de una desilusión y, desgraciadamente, bastante dolor, tanto físico como psicológico. La felicidad consiste en saber exprimir al máximo los buenos momentos y que su recuerdo nos ayude a superar los malos. No podemos dedicar la vida a esperar más, tenemos que aprender a ser felices con lo que somos y con lo que tenemos. Obviamente, es lícito y recomendable intentar mejorar, pero si no lo conseguimos, no debemos hundirnos en la tristeza. El problema de la sociedad actual es que no tolera la frustración.

—Es una gran lección, doctor, la recordaré.[1]

                  Entonces, me pregunto, ante la imposibilidad de encontrar ese nirvana, casi imposible, lo mejor es buscar la tranquilidad, pues lográndolo, de la mano vendrán los momentos de felicidad, aunque, en últimas, ésta acaso no es lo mismo que la tranquilidad misma? La tranquilidad de vivir, de ser, de andar por este mundo, sin estar preocupados por andar buscando una quimera que no llega de manera constante y definitiva. (En mi interior oigo una vocecita que me dice: hasta que llegue cualquier hijueputa viene a amargarnos el día, que de esos nunca faltan). 

Pensamos mucho más de lo que actuamos.

No estaba de acuerdo. Hay gente que se mantiene permanentemente ocupada para no tener que pensar.[2]

Tomado de Facebook
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[2] El poeta de Gaza. Yishai Sarid.

miércoles, 3 de mayo de 2023

CEMENTERIOS

 

La luz del crepúsculo de la ciudad, y el rumor del tráfico se filtraba en el cementerio a través de los muros y las enormes ramas que se alzaban sobre aquellas tumbas olvidadas. La paz de la muerte lo rodeaba por todos lados.

Allí el tiempo se detenía.

Allí el tiempo no tenía nada que hacer.[1]

 

                Mi proclividad ha sido la de visitar cementerios, buscar curiosidades, fotografiar la soledad, sentir ese silencio frío propio de los cementerios, pensando en todos los que allí están, sin estarlo ya; pensando en el olvido que en su mayoría hoy son. Sus lápidas les delata cuando el abandono es patente.

 

Pronto quedarían en el olvido sus vidas y sus destinos, sus alegrías y sus penas. Todo terminaría diluyéndose en el silencio eterno, enterrado bajo un montículo en el cementerio, en un lugar que jamás visitaría nadie, salvo el soplido del viento sobre la hierba.[2]

 

Pensando también en los conocidos que pueden estar allí, esperando que su nombre sea mencionado para revivir al menos durante esos momentos en que el recuerdo aflora, al saberse olvidados luego de cruzar el umbral que dirigió los pasos a ellos con ese adiós transeúnte. Los adioses a los amigos siempre son terribles. Mientras pasan los años son cada vez más los amigos a los que hemos visto partir hacia la oscuridad de la muerte y muchas veces, al morir gente cercana, uno se pregunta por qué el destino los escogió a ellos y no a otros, culpables de tantos desmanes, prepotencias y maldades. Pero la lotería de la vida tiene ese signo irracional, contra el cual es imposible apostar.[3]

 

                Los cementerios siempre me han llevado a la reflexión que terminan concluyendo con el eterno: y todo para qué. … estaba al lado de la fosa, aguantando aquel horrible frío, intentando encontrar el sentido de todo aquello, de la vida y de la muerte. Como siempre, no encontraba respuesta. No existían respuestas definitivas para la soledad de la vida entera que ahora yacía en aquella urna. (...) La vida era un amasijo de casualidades sin propósito, y esas casualidades regían los destinos de los hombres, igual que una tempestad que se desata de repente y causa destrucción y muerte. (…) pensó en Marion Briem y en su historia común, que ahora había terminado. Sintió nostalgia y remordimientos. Hasta aquel momento, mientras sostenía la urna entre las manos, no se había dado cuenta de que ya había terminado. Pensó en su relación y en sus experiencias compartidas, en una historia que era parte de él y a la que no quería ni podía renunciar. Esa historia era él mismo.[4]

 

                Y sin respuestas, el silencio se va conjugando con el silencio mismo del cementerio y solo me queda una pregunta que me inquieta: Y yo, ahora, no sé qué hacer con el futuro que me queda.[5] 

 

—¿Acaso no tenemos todos miedo a morir? —preguntó Erlendur.[6]


Foto JHB (d.r.a.)

[1] En el abismo. Arnaldur Indriðason.

[2] Arnaldur Indriðason. Naturaleza hostil.

[3] La memoria y el olvido. Leonardo Padura.

[4] Invierno ártico. Arnaldur Indriðason.

[5] Los hombres mojados no temen la lluvia. Juan Madrid.

[6] Hipotermia. Arnaldur Indriðason.

viernes, 28 de abril de 2023

PRIVACIDAD

             Hoy me pregunto en dónde está mi privacidad. No logro comprender ya ese concepto. No sé cuándo la perdí. A deshoras me entran llamadas de cuantas entidades puedan existir, ofreciéndome miles de cosas que no necesito y que no quiero, ni si quiera esos fabulosos préstamos que me quieren hacer. Saben mi número de celular y de fijo, mi nombre completo, la cédula, la dirección donde vivo y hasta el nombre de mi mamá. Mensualmente bloqueo cerca de cincuenta llamadas, pero aún así, siguen insistiendo.

 

            Recuerdo que uno tenía derecho a la privacidad y con eso me refiero al siglo pasado, eso cacarea el artículo 15 de la Constitución: Todas las personas tienen derecho a su intimidad personal y familiar. He de advertir que como todo el discurso de la constitución son meras palabras pero que no se hacen efectivas ni gimiendo ni llorando, eso lo tengo claro. Se nota que he perdido la fe en todas esas promesas que nos hacen como sociedad, pero es lo que hay, dirá cualquier español.

 

                El derecho a la privacidad o a la intimidad es, en lato sensu, aquel derecho humano por virtud del cual la persona, llámese física o moral, tiene la facultad o el poder de excluir o negar a las demás personas, del conocimiento de su vida personal, además de determinar en que medida o grado esas dimensiones de la vida (sic)[1]. 

 

                De allí que me pregunte si ese poder de excluir o negar a las demás personas para que se metan en mi intimidad es posible lograrlo hoy en día. Lo dudo, es mi primera respuesta y creo que la única, nada más pensar en acudir a la burocracia para lograrlo, o ir a la justicia para obtenerlo, sabiendo que una y otra sirven para tres cosas, fuera de estar llenas de papeleos y trámites, por no hablar de injustificadas demoras y hasta corrupción. Se nota nuevamente la fe que tengo en el sistema que nos gobierna, pero es lo que hay, dirá el español citado.

 

                Otra pregunta retórica que quedará en el papel, en este en el que escribo.

 

Pero no sé cómo. Ya no es como antes. ¿Son imaginaciones mías o antes todo era mejor?[2]

Tomado de Facebook
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[1] Eso leo en una publicación de internet del gobierno mejicano (se notará que me resisto a escribir con equis a los mecsicanos).

[2] El poeta de Gaza. Yishai Sarid.

miércoles, 26 de abril de 2023

¿ESO SOMOS?


Ella era una estadística[1].

                 Una mera frase que leí en un libro. Cuatro palabras que parece nos define. Así, simplemente. Para el estado, para los bancos, para la salud, para quienes nos pensionan, para los servicios domiciliarios, para la empresa de comunicaciones, para el transporte y en fin, para todos con los que tengamos, comercial o impositivamente, una relación, para ellos somos eso, simplemente una estadística que nos vigila, por si no cumplimos con los compromisos; naturalmente para la estadística, poco importa si ellos no cumplen, los obligados somos nosotros.

                 Me he referido en otras oportunidades a que no somos más que anónimos, que realmente no influimos mayor cosa en este mundo, somos uno más del montón, a pesar de que nos creamos otros cuentos, como las enseñanzas propias de los libros de autoayuda o a las que nos dicta nuestro propio ego.

                 Esa frase, esas humildes cuatro palabras que la componen, confirmó la prédica de antaño, solo somos unos fulanos anónimos, resumido en cuatro palabras: solo somos una estadística, nada más que eso.

                 Dentro de mi tristeza al descubrir esas cuatro palabras sólo me queda recurrir a los libros de autoayuda, para que tal vez, sólo tal vez, me saquen del marasmo depresivo en que esas palabras me imbuyeron.

 

Quítate algunos gramos del peso que cargas en los hombros, no perderás nada con ello.[2]

Tomado de Facebook
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[1] El poeta de Gaza. Yishai Sarid

[2] El poeta de Gaza. Yishai Sarid

lunes, 24 de abril de 2023

MÁS ESTUPIDECES

                Me encuentro en un dilema binario, no sé si escribir y dejar salir toda la mala leche que el asunto me provoca o abstenerme de hacerlo. La lucha ha sido grande y como se ve, decidí escribir, perdonándoseme cualquier subida de tono, que desde ya preveo. Es solo mi opinión (los que se ofendan fácilmente es mejor que dejen de leer en este punto).

 

                La Universidad del Rosario[1] le dio el título de abogade a un tontarrón que se dice ser no binario. Lo primero, si realmente lo fuera el fulano, ya se lo había mandado cortar para ser realmente no binario, es decir quedaría ni fu ni fa. Hay que tener coherencia o no? Se es o no se es. Lo segundo, una reputada universidad (lo de reputada es porque antaño lo fue, hoy no sé y además es reputada) que cede a hacerse pasar por universidad inclusiva (no sé qué quiere decir ese término, pero hay que estar en la onda, supongo).

 

                Que sea binario, no binario, homosexual, marica, lesbiana, hetero o como quieran denominarse según las tendencias actuales no es punto en discusión, cada cual con sus preferencias sexuales, me tienen sin cuidado sus inclinaciones, desde que sean privadas, de intimidad. El punto es la cuestión idiomática. El cristiano (o cómo se le dirá?) ahora es abogade y como tal no puede pertenecer al colegio de abogados, así de sencillo. Aunque con las aberraciones jurídicas que he visto, con una tutela supongo que obligará al colegio a cambiar de nombre y ser el colegio de abogades o le tocará crear su propio colegio, no lo sé. Y la universidad, dentro de su propia estupidez, permitir ese título de abogade, cuando la madre academia no lo contiene[2], mejor le hubiera concedido el título de lauyer que suena más neutro, me digo, pensando estúpidamente, al pretender ser inclusiva (terminacho que sigo sin entender); la universidad deja mucho qué desear, aunque visto como un negocio, es un cliente más (aunque cliente es masculino, como se dirá en no binario? Y el cliente siempre tiene la razón, aún en la estupidez).

 

La estupidez nos arrastra. Y me sigo preguntando, cómo se hablará con ese tipo (o tipe?), pues se ofende con el masculino y con el femenino, será que escribe igualmente como no binario? Cuestión de coherencia mental me digo y me repito, el tarado ese por qué no se lo corta y así demuestra que es no binario, que ni fu ni fa? Porque lo que es cierto es que le sobra el tilingo ese (diría mi mamá). Me gustaría verlo dentro de veinte años a ver cuál es la maricada, ver si fue locura de juventud o si alcanzó la perfección que pretendía, pero por mi cuerpo no creo que aguante tanto tiempo para corroborarlo.

 

Si seguimos así, no sé cómo se terminará hablando en este mundo y ahí sí le tocará a uno volverse políglota. Y el problema es que se ofendan cuando uno les hable en castizo, aunque se van a ofender de todos modos, así son los fanáticos sin causa. Y no quiero seguir hablando de los no binarios porque en mi cabeza saltaron mil preguntas sobre su sexualidad, preguntas ellas que harían sonrojar a más de uno, entre ellos yo. Cómo son las cosas, no?

 

En cualquier caso, lo más preocupante, a mi juicio, es la pérdida de valores morales y sociales que se advierte en nuestra sociedad y que permitieron, en un pasado muy cercano, que hasta se produjeran (estas) manifestaciones.[3]

Tomado de Facebook
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[1] “Yo pensé que era seria” El palo que le están dando a la U del Rosario por graduar a un ‘Abogade’. A pesar de la lucha feminista para que sus títulos se expidan en femenino, una persona no binaria les tomó la delantera. Conozca al primer ‘abogade’ del país. https://www.las2orillas.co/yo-pense-que-era-seria-el-palo-que-le-estan-dando-a-la-u-del-rosario-por-graduar-a-un-abogade/

Exsenadora uribista María del Rosario Guerra calificó de vergonzoso el título de abogade para persona no binaria – Infobae. https://www.infobae.com/colombia/2023/04/14/exsenadora-uribista-maria-del-rosario-guerra-califico-de-vergonzoso-el-titulo-de-abogade-para-persona-no-binaria/

[2] Según la RAE: Buscador general. No se ha encontrado abogade dentro de todo el contenido del diccionario. Y un artículo agrega: no olvidemos que añadir la letra “E” a las palabras aún no está reconocido por la RAE, por lo tanto, dichas palabras no existen gramaticalmente hablando. https://www.las2orillas.co/yo-pense-que-era-seria-el-palo-que-le-estan-dando-a-la-u-del-rosario-por-graduar-a-un-abogade.

[3] La memoria y el olvido. Leonardo Padura.