viernes, 16 de mayo de 2025

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL

             Veo una hoja en blanco y quisiera que empezara a contar historias, ajenas naturalmente, porque las mías son muy aburridoras y nadie aguanta a leer su propia historia, por vergüenza o con rubor espontáneo, no lo sé.

             Ver cómo un instrumento en mano ajena cuanta una historia, cualquiera que ella sea, ya que la de uno no alcanza a llenar ni un párrafo y en todo caso es un párrafo insulso. Es tanto como cuando le preguntan a mansalva ese ruborizante: cuéntame de ti. Queda uno cortado, no sabe por dónde comenzar, a quién acudir, el tartamudeo y la indecisión lo dicen todo.

             Por eso es mejor leer las historias ajenas, pues uno no tiene nada qué contar, a pesar de las historias que en realidad sí tenemos para contar.

             Eso me dijo una hoja en blanco nada más la vi, que mi historia es demasiado común, creo que como la de muchos y eso me consoló al ver que mi historia era lo mismo para casi todo el mundo.

             Y de esa manera concatené una frase que oí en un podcast de la BBVA[1] de un neuro sicólogo, que a veces lo inútil puede demostrar la utilidad de sí mismo. El mismo autor que escribió el libro: El cerebro es un cabrón, y vaya que lo es. 

Entonces pensé que todo francés debía aprender de memoria, para aplicarse el cuento, ya que hablamos de cine, la primera frase del monólogo interior que pronuncia Orson Welles al principio de La dama de Shanghai: «When I start out to make a fool of myself, then very titile can stop me», «Cuando empiezo a hacer el idiota, casi nada puede detenerme».[2]

Tomado de Facebook
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[1] https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/podcast-aaron-fernandez-del-olmo-que-suede-en-el-cerebro-cuando-falla/

[2] Memorias. El ladrón en la casa vacía. Jean-François Revel.


miércoles, 14 de mayo de 2025

EL TIEMPO TODO LO CURA

            Puede sonar a frase de autoayuda, pero así es. A raíz del día de la madre, hubo un algo que me rondaba y me causó curiosidad. Ese día no tenía a nadie con quien celebrar, así como tampoco para el día del padre, pensé. Ambos ya han muerto, afortunadamente estando yo mayor y pudiendo valerme por mí mismo.

             Es cierto que el recuerdo se tiene, la pena pasó y hoy queda la sonrisa de tiempos pasados. Algunos tendrán el recuerdo más profundo, otros lo tendrán más doloroso, cada cual hablará de cómo le va en la procesión. Es íntima sensación que no se comparte.

             El tiempo ha curado el malestar de la pérdida, pienso ahora que ya entré en la lista de las próximas partidas.

             A quienes el tiempo no ha curado, es un problema de autoflagelación o de no aceptar las cosas como son. No hay de vuelta.

             A propósito, una lectura me enseñó:

 He pensado a menudo en este fenómeno. Entonces no lo entendí. Ahora tal vez sí. Nos encariñamos también con el dolor, incluso con la desesperación. Cuando hemos sufrido mucho por una persona, el hecho de que el dolor esté pasando nos asusta. Porque creemos que significa, una vez más, que todo, verdaderamente todo termina. No es verdad, por eso todavía no estaba preparado para comprenderlo. Y no había llamado a Margarita. No la había buscado porque tenía miedo de perder mi dolor. Extrañas criaturas, somos.

 

            En momentos de pesar, de tristeza, de abandono siempre había alguien que nos recordaba que el tiempo curaría la pena, el pesar el desconsuelo. En ese momento nunca se cree en la afirmación, pero con la edad me he dado cuenta de que así es. El tiempo cura todo, salvo que el paciente no quiera curarse, que es otra cosa.

             Retrotraigo el pensamiento a mi juventud, a mis años mozos. Cuánto se sufrió y se atormentó por un amor que nos dejó. Cuánta desazón hubo cuando nos quedamos sin empleo. Y así pueden citarse infinidad de ejemplos y hoy visto en retrospectiva queda claro que efectivamente en cada caso, en cada oportunidad, en cada ocasión, pasado el problema, el problema dejó de ser problema y todo porque el tiempo pasó y logramos que la autoflagelación se extinguiera.

             Está claro también que para algunos el tiempo no pasó porque no se han desprendido adecuadamente de su problema, pero ese es su problema, me digo hoy que entendí que el tiempo todo lo cura. 

Ya lo pasado pasado, no me interesa (el ayer)
Si antes sufrí y lloré
Todo quedó en el ayer
Ya olvidé (ya olvidé)
Ya olvidé (ya olvidé)
Ya olvidé (ya olvidé)[1]

 

Tomado de Facebook
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[1] Lo pasado, pasado. José José. https://www.youtube.com/watch?v=10-iq_TdYV4.

lunes, 12 de mayo de 2025

CUESTIÓN DE DEFINICIÓN?

            No sabía que la antigua cárcel de Alcatraz fuera un museo. Eso me llevó a pensar en las viejas cárceles de la Stassi, de los nazis y de los otros de igual ralea, por no hablar de las de mi pueblo.

             Cárceles que resumen humedad, mala iluminación, grises deprimentes de pared y si acaso un ventanuco que no deja pasar ni un aire de mediana pureza, por no decir de luz. Que en sus pardes guardan sollozos, torturas, dolor. Y todo esto catalogado como museos y, por ende, hay que pagar para deprimirse y sacarse la correspondiente selfi.

             Eso me llevó a preguntarme y qué es un museo? Mi eterno acompañante Wikipedia me dijo que era un lugar al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial (santuario de musas, agregaría)… ofreciendo experiencia para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos.

             Y de acuerdo a mi ironía, Alcatraz y demás prisiones no entrarían dentro de la definición, al menos la tradicional, según lo veo.

             Y lo mejor del caso es que los turistas van guiados por el morbo que el asunto les merece. Ver la celda donde estaba Al Capone es lo mismo que ver la celda donde se inspiraba Santa Teresa, aunque más de uno se escandalice con la comparación. Cuatro paredes frías, con lúgubre luz, ventanuco incluido y adicionalmente pagar para ver ese espectáculo? Creo que se necesita una buena dosis de morbo para ir a esos lugares. Y a eso la modernidad le llama museo. Que perdonen mi ignorancia pero a eso no lo considero museo si me atengo a la definición clásica y menos pagando. Aunque claro está, cada uno es libre de gastar la plata en bobadas para poder dejar salir sutilmente su propio morbo.

             Habrá más de uno que dirá que es parte de la historia, de esa que no se puede olvidar, pero con esa pendejada, mandada a recoger, la depresión dura lo que dura el tour porque nada más salir, el pensamiento se envía al olvido, como todo lo que no nos es grato en este mundo.

             He dicho! 

Desde siempre, en todos los desastres que no han aniquilado una civilización, un continente, un país, un tipo de instituciones, los hombres se consuelan pensando que, por lo menos, en el fondo del abismo, habrán aprendido una lección de su desgracia. Se liberarán para siempre, creen ellos, de los errores que la causaron y construirán una sociedad regenerada. Esta esperanza de rebotar hacia un mundo mejor supone que los hombres son capaces de extraer enseñanzas de sus experiencias, pero casi siempre es una ilusión. Después de la guerra de 1914-1918, los europeos pensaron que al menos el horror de la carnicería conduciría a la supresión definitiva de la guerra. La que acababan de vivir, por su propia atrocidad, debía ser la última, estaban seguros de ello. Las perfidias de la historia ridiculizaron semejante ingenuidad.[1]

Tomado de Google


[1] Memorias. El ladrón en la casa vacía. Jean-François Revel.


viernes, 9 de mayo de 2025

PREGUNTA RETÓRICAMENTE BOBA

             A algún comentarista medianamente culto le oí un comentario sobre el cónclave que decía que dado que el espíritu santo estaba presente en él y señalaba al candidato sucesor, la ceremonia en sí misma sobraba y bastaba con que el espíritu, de alguna manera, señalara al elegido y evitaba un engorroso proceso o lo engorroso que el mismo podría ser.

             Me hizo reír, he de confesarlo, pero viéndolo de forma realista y fría, de acuerdo a los cánones católicos en la reunión estaban los más sabios y santos del planeta, cuestión que naturalmente no comparto, y siendo la fe el bastión de ellos, cuya premisa sagrada es que el espíritu santo es la tercera divinidad de la trilogía, era evidente que sobrara la reunión de elección, bastaba el señalamiento y sanseacabó.

             Podría parecer que confían, tal vez en el espíritu santo mas no en la santidad de los hombres allí presentes. Lo curioso es que deben hacer dos juramentos sobre el mismo tema, como si uno solo no bastara, parece que hasta allí llega la confianza entre ellos. Uno colectivo y otro personal, lo que hace concluir que no es posible confiar en un cardenal y eso me lleva a pensar que ni espíritu santo ni juramento doble valen dentro de la Sixtina.

             Son tan humanos que todos juran no querer ser papas, ponen cara de circunstancia, de humildad pero lo que pasa dentro del claustro parecería todo un circo romano, es una pelea por poder y todos contra todos, valiendo todos los artificios posibles.

             Eso me llevó a acordarme de la película Cónclave, muy ilustrativa y buena la película con un buen final. Allí prevalece el juego sucio y en ella se dicen de todo y se recuerdan los pecados ajenos.

             El cónclave deberían televisarlo, como un reality, para uno divertirse a costa de los purpurados. No sería una mala idea, me digo. Y como Dios está en todas partes, el espíritu santo, como jurado, podría tomar una mejor decisión, me digo.


Tomado de Google
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... olvidaba que todas las actividades humanas, incluso las más nobles, tienen algunos aspectos risibles. 

(Cita del libro Memorias. El ladrón en la casa vacía. Jean-François Revel)

miércoles, 7 de mayo de 2025

GROTESCO

             La noche del dandismo negro, así se llama el desfile de modas que ocupó los noticieros. Deprimente fue el ver ese desfile. No sé en qué piensan los modistos cuando diseñan ese horror de arte, si es que así puede considerarse. Vestidos que a duras penas permiten caminar a sus poseedoras y de los masculinos ni se diga, que de masculinos poco tienen, pero de grotescos hay bastante.

             No me imagino lo que es ponerse uno de esos vestidos, debe ser larga sesión, tratando de ocultar los gordos que sobran o la grasita que falta. Ni qué decir de la movilidad en los que se ve que tienen que dar pasitos a lo geisha sus portadoras. De todos los vistos casi ninguno era al menos fácil de lucir.

             Cada vestidito de esos debe costar una fortuna, con esa plata le daría una vuelta al mundo y me sobraría, no digo que debía regalarse a los desafortunados afrodescendientes porque va y se enojan (hablando a modo eufemístico), a pesar de que todo lo quieren regalado.

             Debe ser una tortura exhibirlos, se notaba a cada paso que daban, pero la vanidad pesa más que la holgura. Y quitárselos debe ser una liberación. Costosos y todo para qué? Para exhibirlos una noche y para que la gente, en la comodidad de su casa, se pueda burlar de ellos y luego para la basura o para archivarlo en donde no estorbe. Vanidad de vanidades, decía Salomón, si mal no recuerdo.

             Esa es la estupidez de la raza humana, una noche grotesca que al menos permite que una lengua como la mía pueda desahogar su mala leche. Pero eso somos y no pueden quejarse que plata no hay.

 

















            En las imágenes está definida la palabra grotesco.

lunes, 5 de mayo de 2025

IGNORANCIA

             Me habitué cuando voy de caminata solitaria, a hacer colas en bancos o a que me entreguen drogas a irme con el Spotify oyendo conversaciones ajenas, particularmente las del BBVA.

             Se aprende de todo el mundo, hasta de algún rapero que le oí hablar, de gente común y particularmente de científicos. Oyéndoles vi lo ignorante que soy, preciándome antaño de ser medianamente culto. Vi en mí el exceso de ignorancia y cada día, con los olvidos recurrentes, se hace más evidente mi propia ignorancia, creyéndome algo culto y pensé en el resto de mundo que no se cree algo culto. Solo vi ignorancia.

             La ventaja es que hay, en contraposición, más investigadores en todos los campos habidos y por haber, aunque sean los pocos viendo la dimensión de la población mundial.

             Y lo más curioso es ver que además de ignorante resultaba atrevido. Estoy lleno de mitos urbanos que dentro de mi inocencia los creía, sin mayor cuestionamiento, supongo que así se sentirían los congéneres de Galileo, aunque no evidenciaban la ignorancia que les asistía. No menciono ejemplos de mitos que he visto derrumbar ante la evidencia, porque lo más seguro es que al escribirlos terminara tergiversándolos, cosa propia del ignorante que cree en mitos.

             Y eso que en mis tiempos no había tanto descubrimiento como lo hay hoy, en todos los campos, en todas las actividades. Hoy me siento más ignorante de lo que creía ayer y sobre todo al escuchar a neurocientíficos y la cuestión es que como el avance actual es tan rápido mi ignorancia se agranda cada día más y difícilmente podré alcanzar la sabiduría, ni siquiera podré llegar al límite que debe existir entre ignorancia y sabiduría, estoy años luz de lograrlo. 

            Lástima, me hubiera gustado saber más, pero me toca conformarme con mi propia ignorancia.


Tomado de Facebook
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miércoles, 30 de abril de 2025

ADIVINADORES

            Viendo la serie de House, por cuarta o quinta vez he de confesar, pues no me canso de verla, noto la imperfección de la ciencia médica, con el perdón plausible de quienes lo sean.

             Traté de averiguar con el doctor Google cuántas enfermedades podían existir actualmente. No logré ningún resultado pues no concretaban cuántas podían ser cardiológicas, intestinales, pediátricas, óseas, cerebrales, pulmonares y demás especializaciones. Nada más quedé asombrado que había cerca de nueve mil enfermedades huérfanas y con eso quedaba yo callado.

             Y eso me llevó a confirmar que la profesión médica es de adivinadores. Que deben realizar una serie de sumatorias y de restas, por no decir multiplicaciones y divisiones, es decir que deben ser matemáticos, pues al conocer la sintomatología deben adivinar si A+B es C, pero si se le resta B puede ser D, que complicada con E resulta que ya no puede ser C sino F, pero agregando G más H la adivinanza se va complicando más, sin poder concretar un diagnóstico. De allí que se hayan inventado, entre otros, los antibióticos de amplio espectro, al no saber en dónde atacar, es mejor darlos sin agüero que si alguno funciona, es que era por ahí, pero se queda con la duda de qué era lo que tenía, aunque la reputación del recetante se mantenga ocultando su ignorancia final.

             Por eso hoy ya se da de alta a un paciente por haber sido curado, sin conocerse definitivamente el verdadero mal, que quedará latente hasta la próxima oportunidad.

             Para que los médicos no se sientan mal, eso mismo acontece con los abogados (con tanta ley que hay deben sumar y restar, de esta ley y esta otra, menos los factores debilitantes, etc. etc.); o los ingenieros o arquitectos, por no hablar de físicos y matemáticos, todo se reduce a adivinanzas y teorías, que por definición no han sido comprobadas debidamente, ni la teoría de Einstein, que sigue siendo teoría.

             Por lo que deduzco es que, a más conocimiento, mayor es la ignorancia que tenemos.

             Y así debemos quedarnos, como cuando un médico respondía de qué había muerto su paciente: pues de viejo, de qué más! 

Es sabido que el final de una historia es sólo el principio de otra distinta.[1] 

Tomado de Facebook
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[1] Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. Pablo Tusset.


lunes, 28 de abril de 2025

CERTEZA

            Si solo existiera la certeza, la duda y el misterio no existirían, oí en la película Cónclave.

            Si todo fuera bueno hasta el aburrimiento se escandalizaría.

             Si la perfección existiera, este mundo no sería mundo, sería el paraíso. Soportaríamos vivir en ese paraíso, me preguntaba, porque no habría ni una gota de preocupación ni de estrés.

             Quedo sin palabras al pensar en la Atlántida, como nos la han pintado. La perfección social.

             Es claro que no podemos ser perfectos y eso teniendo en cuenta que ni siquiera pisamos el primer escalón de la perfección, aunque consideremos lo contrario.

             Por eso me pregunto si el exceso de felicidad no sería aburridora


Tomado de Facebook
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viernes, 25 de abril de 2025

CONFIADOS

             En estos tiempos modernos, donde la tecnología reina, me preguntaba qué tan seguros estamos.

             Confiamos en que estamos más seguros que hace mil años, porque la tecnología así nos lo asegura, como lo hacen las empresas, como lo hacen los gobiernos.

             Me estaré volviendo paranoico o estaré creando una teoría conspirativa, una más.

             Ni lo uno ni lo otro. Simplemente estaba viendo una película (Departure, temporada 2) que me puso a pensar en que la confianza que tenemos en la tecnología es la misma, guardadas proporciones, a la que se debía tener hace doscientos años.

             Aviones, carros, trenes, empresas, servicios públicos, represas, en una palabra, todo lo que nos rodea está dependiendo de computadores y celulares, sometidos a un intangible que es vulnerable, a pesar de lo que nos digan y como nos lo vendan, pero del que tenemos plena confianza, cosas rara en estos tiempos.

             Ya los hackers lo han demostrado en algunas oportunidades, no hay nada insaltable, quedan demostradas las fallas y las debilidades de los sistemas.

             Pero seguimos confiando, cosa curiosa pero a pesar de todo y de todas sus debilidades, seguimos confiando. Parece que es el riesgo de la automatización.

             Los intangibles parecen que nos hacen sentir seguros, vaya cosa divina. Y lo más curioso es que en lo que menos podemos confiar es en la tecnología, nos sigue a todas partes.

Tomado de Facebook
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lunes, 21 de abril de 2025

OTRA REFLEXIÓN

             Me miro en el espejo y me pregunto si ese de ahí soy yo.

             Sin pretender ser repetitivo, aunque a los viejos que vivimos del recuerdo no es permitido y todo se nos perdona, volvió la canción a mi mente nada más me levanté y vi un reflejo en el espejo.

             Así fue, me vi de reojo en el espejo y me pregunté, mientras la melodía avanzaba, si ese de ahí era yo, pues en mi recuerdo no era tan viejo, tan arrugado ni tan feo como me veía. Pensé que así me veían los niños, como un viejo, un abuelo, un anciano, cada cual escoja el apelativo que quiera.

             Y ese reflejo era yo y nada qué hacer, la realidad, una vez más, mató al recuerdo y así ha de ser aceptado y así he de aceptarme, ya no hay reversa. Y con el tiempo seré más viejo, el espejo no puede mentir, así como va y aún a pesar de lo que diga el cerebro que siempre trata de llevarme la contraria.

             Pensamientos de semana santa! 

No sé si estoy aquí como huésped o como preso —contestó Nicholai con franqueza, y lo dejó estar.

- Como en la vida misma. —El monje dejó escapar una risilla—. ¿Somos su huésped o su prisionero?

—Supongo que según lo que dicta la vida.[1]

Tomado de Facebook
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[1] Satori. Don Winslow.


viernes, 18 de abril de 2025

VIERNES SANTO

             No era mi intención escribir en semana santa, semana de reposo que quería tener lejos de esta semana de vacaciones, para los que trabajan, para los pensionados una semana igual a otra cualquiera. Semana que otrora era de mediano recogimiento, hasta que perdió cualquier viso religioso y eso sin entrar en tema religioso profundo que saben me produce cierto prurito.

             Como sea, al estar pasando de canal en canal, en alguna procesión de algún pueblo, el relator decía: los dolores y el sufrimiento son para fortalecer el cuerpo y el alma. Y ahí se disparó mi intelecto agnóstico y anticlerical, si he de decir la verdad. En pleno siglo XXI venir a oír semejantes estupideces. Flagelarse en pleno siglo XXI para lograr el perfeccionamiento espiritual a través del dolor y el sufrimiento. Así se despertó la piedra que envuelve este escrito. Afirmaciones medievales de la iglesia que todavía se repiten siglos después, como si la historia y la ciencia no hubieran demostrado lo contrario.

             El dolor y el sufrimiento, propio o ajeno, lo único que hacen es enfermar el cuerpo y el alma y de allí que haya tanto loco y fanático que no entienden razones, que no saben que lo mejor de esta vida es vivir en paz, sin dolor ni sufrimiento.

             La iglesia que se dice tan liberal en estos tiempos modernos (a pesar de que mantiene principios medievales traídos de los cabellos), debería dejar el fanatismo, ser abierta, dejar que cada cual piense lo que se le dé la gana, sin condenarlo y más bien dedicarse en ver cómo mejora y evita que la clientela se le vaya. En eso debería centrarse.

             Me confieso que por esa frase se me disparó la piedra y de esa manera se me salió el diablo que llevo conmigo y todo en un viernes santo que debía ser de recogimiento y divina dulzura…

             … los dolores y el sufrimiento son para fortalecer el cuerpo y el alma, vaya estupidez más grande. 

Satori —repitió Xue Xin. Enseguida apostilló—: Si nuestros pensamientos nos hacen prisioneros, parece evidente que también pueden liberarnos.[1]

Tomada de Facebook


[1] Satori. Don Wislow.

Satori es el momento en que se descubre de forma clara que solo existe el presente (donde nace el pasado y el futuro), creándose y disolviéndose en el mismo instante; con lo que la experiencia aclara que el tiempo es solo un concepto, que el pasado y el futuro son una ilusión al igual que todo el mundo físico. Satori es un momento de comprensión al nivel más alto, es ir más allá de la experiencia terrenal. Esta experiencia solo se da en niveles elevados de conciencia, comunes en los meditadores, pero al alcance de cualquier persona; además, no se debe entender como un fin, sino como un constante suceder sin fin último. Esto porque si una persona tiene su satori lo único que ha hecho es eliminar un conflicto mental, aclarar su comprensión del sentido de la vida o habrá reestructurado su personalidad de tal manera que ello le permitirá vivir más contento. No obstante, seguirá trabajando, comiendo, durmiendo, pagando impuestos, etc., es decir, su proceso continuará hacia una comprensión más clara de la existencia. Esto se puede constatar en la famosa anécdota del zen que a continuación se cita: «Antes de la iluminación, los ríos eran ríos y las montañas eran montañas. Cuando empecé a experimentar la iluminación, los ríos dejaron de ser ríos y las montañas dejaron de ser montañas. Ahora, desde que estoy iluminado, los ríos vuelven a ser ríos y las montañas son montañas». Wikipedia.


lunes, 14 de abril de 2025

CULPABILIDAD

             Somos responsables del estado del planeta, es lo que repiten sin interrupción los ecologistas. Supongo que también lo somos por el pecado original, como insisten en repetir los cristianos. Pareciera un mismo discurso que conlleva responsabilidad y en consecuencia con una buena dosis de culpabilidad, que quieren imponernos.

             Antes de que existieran los fanáticos del ecologismo se necesitó de una buena dosis para elevar la calidad de vida, por los medios que nos ofreciera la naturaleza, no había de otra para poder sobrevivir. Oí en una conferencia de un físico que nuestros antecesores no fueron responsables de la deforestación ni de sus consecuencias, porque no lo sabían, eran ignorantes de las consecuencias. Porque estaban obligados a construir sus casas, a obtener leña, a hacer fogatas, a hacer multitudes de cosas que hoy al ser criticables, le fueron endosadas con el grado de culpabilidad que no se merecían. Debían sobrevivir, unos inocentes ignorantes.

             Naturalmente soy hijo de mi tiempo y no me arrepiento y tampoco puedo tener culpa alguna por serlo. Si he de ser más preciso, yo no dañé el planeta, no soy responsable de como está, así como tampoco se puede culpar a nuestros más antiguos antecesores por hacer lo que les tocaba hacer, no tenían alternativa. Pero se dirá que yo si la tengo. Pues no, para desplazarme a otra ciudad no me iré a pie para que la gasolina no contamine, conmigo o sin mí los vehículos seguirán su camino. Y no soy mártir, lo advierto, no tengo ni una gota de ello. Ni me bañaré con agua fría, mientras haya gas disfrutaré de este placer.

             No somos culpables y los ecologistas no pueden hacerme sentir culpable, pues con las que cargo ya son suficientes, que no me abulten con una más. Con el pecado original tengo más que suficiente, pues así lo siguen predicando los curas, a pesar de que se supone que con la crucifixión fui liberado, pero los curas insisten en reprochar mi eventual culpabilidad, pero dejemos así, va y me meto en honduras. Pero no me distraigo.

             Insisto en que no soy responsable, por acción, por omisión o por herencia de cómo se encuentra el planeta, por eso creo que los ecologistas fanáticos deben renunciar a hacerme sentir culpable, a hacerme sentir mal. Que se jodan, yo no soy responsable, si he de ser sincero y menos soy culpable, no está por demás advertir que cumplo con mi cuota de ecología, en la medida de mis capacidades, en eso soy respetuoso con la naturaleza, pero soy hijo de mis tiempos.

             Entonces echémosle la culpa a las vacas, ellas no tienen posibilidad de apelar.

                                                                            Nicholai pensó que cada cierto tiempo todo ser humano necesita cometer un pecado venial porque, de lo contrario, no es totalmente humano. Satori. Don Winslow.

Tomado de Google



[1] Y saber que las vacas no son las culpables, no ha sido fácil para mí.  Aceptarlo y sobre todo entenderlo pues durante mucho tiempo solo veía lo malo de la ganadería y claramente no estaba viendo la película completa.  Y debo decir que es una película más esperanzadora de lo que me imaginaba y si peco de inocente lo prefiero para poner las energías en el cambio posible y no en el abismo paralizante. https://www.lasillavacia.com/opinion/seran-las-vacas-las-culpables/

viernes, 11 de abril de 2025

ACASO NO FUE AYER?

             A veces cuando voy por las calles veo gente con tapabocas y eso me hizo pensar si la pandemia fue cosa del pasado, de un lejano pasado, de ese covid que nos aisló hace unos pocos años.

             También, mientras caminaba, oía a la gente decir mientras conversaban por celular que tenían que colgar porque se aproximaban los cinco minutos que no tenía cobro o porque se estaban quedando sin minutos y hoy se ve a la gente hablando durante horas puras pendejadas, contándose sus cuitas. Y eso me llevó a preguntarme cuándo pasó ese tiempo en que uno tenía que cuidar los minutos hablados?

             Y qué decir del teléfono fijo, hoy un adorno más, mientras que ayer, no hace demasiado tiempo, era una necesidad.

             Cuándo se pasó ese tiempo, me sigo preguntando. Si solo fue ayer, en el caso de estos ejemplos y el tiempo pasó sin darnos cuenta de los cambios grandes, pero sutiles, lo que me llevó a pensar que nuestra memoria es muy frágil y el olvido mayor.

             Pero qué cosas, no?

Tomado de Facebook
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lunes, 7 de abril de 2025

UN PODCAST

             Para los momentos en que es mejor distraer el pensamiento, como cuando uno va en plácida caminata, no hay como la música o un buen podcast, entretiene y hace que el tiempo pase más rápido para llegar al destino, sin intromisión de pensamientos inútiles o desviacionistas.

             Me encontré uno que realmente resulta muy gratificante, o al menos eso me parece, Emilio Duró[1], Para ser feliz necesitas un propósito. Bastante ilustrativo, ameno y acertado en su generalidad, al menos para mí. (Los párrafos pueden sonar sin ilación el uno con el otro, debido a que la conferencia se dio a modo de preguntas y respuestas, de ahí la necesidad de la aclaración).

             Hubo una serie de afirmaciones que llaman a la reflexión que procuraré subrayar, como una con la que iniciaba su exposición: Lo que nos mantiene vivos es la esperanza.

             En estos tiempos en que no vivimos sino sobrevivimos, es acertada y sobre todo a que somos de mal humor de profesión. El cerebro está diseñado para ser pesimista y por eso casi el 85% de la gente es pesimista. Y ante la pregunta de si es optimista responde que depende del día y que si es feliz, depende del día responde igualmente y así es.

             Y otra pregunta cogida al vuelo: Y tu por qué corres? Pregunta que nunca se hace, simplemente se corre porque así es la vida actual, se corre sin sentido, sin saberse, sin preguntarse, dando origen al estrés del cual nos quejamos luego. Y con todo, todos estamos en la búsqueda del amor, de la felicidad, de la aceptación, pues es mejor ser feliz que tener la razón. Y el estar estresado parece que es mejor que no estarlo, curiosa contradicción.

             Luego habla de que la vida se pasa en decisiones. Y menciona un número grande de decisiones que se toman cada día, sin ser gerente sino una persona corriente. Por eso me imaginé que así era, cuya ilustración puede ser llegada la hora del almuerzo. Mirar el reloj y decidir si se sale ya o más tardecito. Si tomar este u otro camino. Si hacer cola o buscar otra opción. Ver el menú y elegir entre uno u otro. Decidir si se come rápido o con calma, según la disponibilidad del tiempo o del clima. Si se va al baño antes o después del retorno. Y con estos renglones ya se pueden ver seis decisiones que debieron tomarse, consciente o inconscientemente.

             Y habla también de que la vida la estamos vendiendo a los demás, porque terminamos (por necesidad, por aceptación, por complacencia, por presión) haciendo lo que los demás quieren de nosotros, dejando de hacer cosas que quisiéramos hacer, aún solos, sobre todo aquellas que no son para compartir, sino para alimentar el propio interior.

             Hizo otra afirmación que decía que la vida es igual para todos, pero es diferente a cada uno, lo primero entendido como concepto general, lo otro como percepción personal. Y vaya si tiene razón.

             Reiteraba que uno debe alejarse de las personas pesimistas, porque la mala suerte se pega. Si uno quiere reprogramar el cerebro en el optimismo se debe unir a optimistas, porque en serio, la mala suerte se pega.

             Todo porque el cerebro es selectivo. Busca lo que quiere, selecciona la información que está de acuerdo con lo que pensamos, el cerebro no quiere ver la verdad, solo quiere tener la razón. Y nunca quiere quedar mal, si no sabe la respuesta, si no tiene la percepción, inventa lo primero que se le ocurre, pues nunca puede reconocer que no sabe y tampoco puede quedarse en silencio, aunque bueno, recuerdo que en mis años mozos si me pasaban al tablero a resolver una ecuación me quedaba en blanco, me bloqueaba y es cierto que el cerebro respondía con pendejadas como: ehhh o releyendo lo que reflejaba el tablero, mientras el rubor nos inundaba y nos hacía sentir lo más estúpidos que éramos dentro de ese planeta. Y lo mejor era que de cuarenta compañeros, el 80% nos sentíamos así, pero imposible reconocerlo en voz alta.

             Todos queremos ser queridos y por eso tenemos miedo al fracaso y miedo al rechazo, sin saber que no todo depende de ti. Todos no pueden ser primeros, el primero es el primero y el resto es el resto, pero estamos esclavizados a que siempre estamos predispuestos a compararnos con los otros, como si fuera una competencia. Y culmina el tema señalando que si se da una medalla al primero lo que se está haciendo es desmotivando al resto (lo dejo en puntos suspensivos).

             La mente es la que proyecta la vida y el cerebro ve todo lo malo de preferencia, por lo que no estamos preparados para ser felices. De allí que sugiera la necesidad de reprogramar la mente, ejercitar el pensamiento en el optimismo, en lo bueno alejando a sus contrarios y el ver el vaso con agua tal como es, sin calificarlo si está medio lleno o medio vacío, simplemente aceptando que hay un vaso con agua y punto. Todo porque la mente es lo que te hables. Nunca te digáis cosas que no queréis que te pasen. Nunca digáis cosas negativas. La mente es lo que pensáis. Haced una lista de lo que tenéis, no de lo que te hace falta, pues la felicidad es la esperanza de…

             Y hay que tener cuidado con andar en el valle de las excusas. En vez de buscar culpables se deben asumir responsabilidades, a pesar de que somos detractores de nosotros mismos, pues de esa manera se sobrevive, pero no se vive.

             Una hora bien gastada que lleva a concluir que se puede cambiar en pequeñas cosas. 

Se preguntó si estaba preparado.

Lo estaba.

Evocó las palabras de Kishikawa: «Esa cuestión queda resuelta cuando uno está preparado para morir. Entonces solo hay que pensar en la acción. Piensa solamente en el éxito, ya que el fracaso se ocupa de sí mismo». [2]

Tomado de Facebook
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[1] https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/podcast-emilio-duro-para-ser-feliz-necesitas-un-proposito/

[2] Satori. Don Wislow.

viernes, 4 de abril de 2025

SOY ASÍ

            Soy así. Soy así? Y si soy así, cómo es que soy? De entrada ni siquiera sé cómo soy, porque no tengo la objetividad necesaria para describir lo que soy, elevaré las partes buenas que pueda tener, para no deprimirme, supongo, y minimizaré las negativas, para elevar mi ego, supongo. Pero nunca atinaré a definir lo que soy, lo que realmente soy, sobre todo teniendo secretos que se deben mantener en el arcano.

             A un niño de cinco años le ponen de tarea hacer una cartelera en donde debe poner las cosas buenas que tiene (o las cosas que le gustaban de él, vale el eufemismo) e igualmente las malas (las cosas que le disgustaban de él, e igualmente vale el eufemismo). Cinco años de edad, a mí me ponen a hacerlo a mis setenta y los mando para el carajo. Como sea, las buenas fueran rápidamente solucionadas. Las que le disgustaba… ahí empezó el problema, se negaba a ponerlas. Pero eres terco, tienes que ponerlas. Que no, que no soy terco. Entonces ponlas; que no, que no soy terco y no las voy a poner. Ves como eres terco. Que no soy terco y no voy a poner que soy terco. Si ves que con eso estás demostrando que eres terco. Que no lo soy, sentenció. Metiéndome en tema que no me correspondía casi le sugiero que simplemente pusiera que no quería poner cosas que le disgustaban de él, aunque realmente le disgustaba ser terco? Qué tal que le gustara serlo? Buena pregunta me hago ahora, pues siendo así era para ponerlo en el listado de lo que le gustaba, porque quién es uno para criticar al otro en estos temas? Un niño de cinco años que ya procedía como adulto. Estos muchachitos nacieron sabidos.

             Pero bueno, pareciera que evadiera el tema, aunque no me estoy confesando, simplemente pensaba en voz alta, aunque prefiero no pensar en las cosas malas o que presuntamente pueden otros considerar como cosas malas, pues ya no sé si me disgustan o no esas cosas denominadas como malas. Vaya punto de vista. Además el decirlas uno nunca sabe cuándo pueden ser usadas contra uno mismo.

             Como sea, uno nunca sabe quién es, por falta de objetividad, los demás tampoco, porque no conocen toda la historia, solo parte de ella, la buena o la mala, generalmente solo una de ellas. Por lo tanto tampoco son objetivos pues uno se ha encargado de mostrar solo una cara y mientras no se sepan las totalidades mucho mejor, o si se prefiere podría confesar que no tengo cosas malas (son los otros los que así lo consideran, no yo) y no soy terco. Seguro, no soy terco, terco yo? Ah bueno, entonces cómo soy yo? Soy así y punto (sin terquedad, ajá). 

            Alguien dirá: pero al fin quién es él? O mejor, por qué es así.

              Y pienso que si los demás pensaran en esto, ya seríamos muchos los que nos hemos preguntado (o afirmado), soy así (con o sin interrogación) o alguno se preguntará (o afirmará) soy así (con o sin interrogante) y lo mejor es dejarlo como afirmación porque si se lo preguntan, seguro que no van a ser objetivos. 

            Nótese la desviación del tema. Una afirmación interrogativa. Soy así y no por qué soy así, ni cómo soy, ni la esperanza de ser visto o no. Soy un intríngulis de alguien y de mí mismo, que no sabía sobre qué escribir. 

… no colecciona nombres, sólo colecciona adjetivos. [1]

Tomado de Facebook
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[1] Lo mejor que le puede pasar a un cruasán. Pablo Tusset.


miércoles, 2 de abril de 2025

MIÉRCOLES!

             Sí, miércoles, no tengo tema. Sin palabras. Eso me hizo pensar en el pensamiento, no son palabras, son un algo que se produce en el cerebro pero que toman la forma de palabras, cuando las verbalizamos y cuando las pensamos? Irene Vallejo en una entrevista dijo que las palabras son aire. Me pregunto si los pensamientos también lo son, van y vienen como el viento.

 Palabras, no necesitamos de su significancia para saber sobre su significado (aunque la duda me llevó a la RAE: Unidad lingüística, dotada generalmente de significado, que se separa de las demás mediante pausas potenciales en la pronunciación y blancos en la escritura. Representación gráfica de la palabra hablada. Vaya entendimiento). Como sea, cuando se escriben pensamientos o se verbalizan, la cosa cambia y cambia en la medida en que se puedan leer y entender, pues el que no sabe leer no sabe entender y allí las palabras pierden significancia. Igual acontece cuando al oyente le entra por un oído y le sale por el otro. Cosas curiosas que se pueden encontrar cuando a uno le da por pensar.

 Y la palabra cuando no tiene oídos que le escuchen se evaporan, aún los libros cuando no son leídos no tienen conciencia que solo se adquiere cuando son leídos. Lo que le da a uno por pensar cuando no tiene tema.

 Y de la palabra se puede hablar mucho, como de la palabra dada, de la injuriosa, de la venenosa, de la amorosa.

 En fin, sí había tema. Las palabras estaban, solo faltaba escribirlas, plasmarlas para que sean leídas, si es que hay quien las lea, porque de no ser así, son palabras que se las lleva el viento, siendo solo aire. 

Miércoles, me sorprendo, sí había tema, solo faltaba la inspiración o era la imaginación. 

Las palabras apresan los sonidos, pero también a las personas. Tienes que tener cuidado.[1] 

Tomado de Facebook
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[1] La diosa contra Roma. Pilar Sánchez Vicente.


lunes, 31 de marzo de 2025

PARA PENSAR

  

El lenguaje técnico que la describe, aunque con suma precisión, no expresa ni de lejos lo que es morir, morirse. El motivo principal de esto es que la muerte no le ocurre a quien se muere, que ni cuenta se da, sino a quienes quedamos vivos. La muerte es un asunto de los vivos y no de los muertos porque solo los vivos la sentimos y padecemos. Pero ¿cómo expresar eso que sentimos? La prosa técnica y precisa tiene una frialdad de quirófano, de mesa operatoria, blanca, dura, marmórea, quizá con alguna salpicadura de sangre sobre las sábanas desinfectadas, pero nada ahí genera la ilusión de la vida, que es la que nos aterra de la muerte.[1]

 

            Y así me quedé, pensando.

Tomado de Facebook
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[1] Salvo mi corazón, todo está bien. Héctor Abad Faciolince.