lunes, 8 de julio de 2019

PLANES PARA EL FUTURO


Un amigo me preguntó qué planes tengo para el futuro. Lo único que se me ocurrió fue decirle que los pensionados no tenemos planes para el futuro, porque el futuro inexorable se acerca cada día más. Por eso los planes en mi caso se limitan a vivir, lo mejor posible.

            Y viéndome en retrospectiva al parecer no hice planes, al menos a largo plazo. Los planes ya venían predefinidos, como conseguir un puesto, trabajar y mejorar, casarse, tener hijos y lo infaltable, al menos en ese tiempo: casa, carro y beca y jalar la vida lo más que se pudiera, dentro de la comodidad posible.

            Y hablando de planes, tal vez podía hacerlos, pero la vida me enseñó que siempre interviene ese uno por ciento faltante, llámese azar o destino, que es en últimas el que decide.

            Ya entrando en longevidad, donde dentro de los planes no puede estar el de hacer plata, porque ya es tarde para planearlo -salvo ganarse el baloto-, solo queda la alternativa de vivir, lo mejor que se pueda con lo que se tiene, con lo que se hizo.

            Curiosamente cuando se habla de planes hacia el futuro siempre interviene un ingrediente infaltable: la plata. Nada más es hacerse la pregunta y es de presencia constante la plata, por lo que la meta termina en lo mismo, en hacer plata, para cumplir con los planes de vida que se hagan. Así es.

            Sin embargo, cuando ya es tarde para hacer plata, los planes de vida se modifican, tal vez por la experiencia vivida, por la realidad presente, porque ya no hay más que hacer y se transforman en el vivir cada día, insisto, lo mejor posible, sentado en la realidad, dejando el campo necesario para soñar, para ilusionarse, para tener una buena esperanza.

            Por eso, ante esa pregunta, que puede parecer vergonzante, lo único que puedo decir es que no tengo planes para el futuro, solo vivir cada día con lo que él traiga, lidiando con lo que resulte de él. Y reafirmo, lástima que uno no hiciera desde joven planes de vida futuros más sencillos, tales como tratar de ser feliz, de gozarse el día a día, sin que intervenga ese factor vergonzante como es el de supeditar los planes a la plata.

Con todo, sigo agradecido con lo que me tocó de vida, no me ha ido mal.

Siempre había sabido mantenerse en su sitio, cómodamente instalado en sus rutinas.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) John Katzenbach. Personas desconocidas.

viernes, 5 de julio de 2019

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO EN COLOMBIA


            Ya te la mando. Un momentico no más. No me demoro. Cinco minuticos. Espere tantico. Esas son las referencias que se suelen usar en este país, no sé si en el resto del mundo. Y eso nada de mencionar a aquellas visitas de servicios públicos que le dicen a uno que queda programado y que esté pendiente porque lo van a enviar a lo largo del día, sin especificar ni siquiera de qué día, ni qué es largo.

            Nos hemos acostumbrado al incumplimiento de citas, de reuniones, de envíos. Y tampoco menciono cuando vamos a alguna vuelta y quien atiende nos dice que esperemos un momentico, mientras el revisa su chat!

            Ya es una maña nacional en el cual una palabra define, por sí misma, un lapso corto, pero que por efectos de interpretación el lapso se convierte en un indefinido más en la vida.

            No hace mucho estando en una carretera de la costa, no digo cuál para que no se sientan ofendidos los lugareños, como estaban reparando la vía principal había que esperar el paso en uno u otro sentido. Mientras esperábamos se acercó un vendedor al que le preguntamos cuánto podía demorar el paso. Naturalmente como buen costeño nos dijo que ajá, un momentico. Porque el ajá costeño es lo mismo que la cosiaca del interior, indefinidas indefiniciones. Cuando le preguntamos cuánto faltaba para llegar al siguiente pueblo, mirando hacia sus límites dijo alegremente festivo: Ya llegaste, están aquí no más. Lo que significó que nos faltaban cuarenta minutos sin pares. Visitado el pueblo, a su salida preguntamos cuánto duraba para llegar al otro y nos contestaron: ajá, si coges por ahí, unos diez minutos, que naturalmente fueron otros cuarenta, parece que lo calculó pensando que íbamos a trescientos por hora.

            Entonces los espacios de tiempo se trastocaron de números a palabras indefinidas de infinita extensión de tiempo y pasaron a un momentico, ahí na’más, adelantico no más, espere tantico, un momentico por favor y similares, aunque algunas conservaron la numeración sin perder la indefinición, como el famoso cinco minuticos no más. Aunque recuerdo, porque me contaron, claro está, que el tiempo en los moteles se miden por el rato y la tarifa está diseñada por el rato, aunque el rato dura una hora, después de eso creo que empezará a contarse un rato, dos ratos…

            Sigo preguntándome, apartándome de la relatividad einsteniana, qué pueden significar: Ya te la mando. Un momentico no más. No me demoro. Cinco minuticos. Espere tantico. A lo largo del día. Ahí no más. Y tal vez por ello el incumplimiento se debe a ello mismo, pues aplicar el cuarto de hora dependía de la urgencia o necesidad de la espera o de su anhelada huída, sin mencionar la trágica maña de la hora judicial que no era la hora a la que se citaba sino dentro de la misma hora y algo más, si dependía de las autoridades. Y eso que no mencioné las conversaciones de redes sociales: espéreme un minutico, ya voy llegando, hay un trancón, en dónde está?

            Son curiosidades de esta vida que aún no logro entender, me gusta ser puntual.

Cuando creía aprender a vivir, he aprendido a morir.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Leonardo da Vinci. La Biografía. Walter Isaacson

miércoles, 3 de julio de 2019

FRASES ENGAÑOSAS



            Tipo exportación es una de ellas. Me preguntaba al leer una etiqueta, hoy tan común, que señala que el producto es tipo exportación, lo que me llevó a pensar si los otros productos que no lo son, son de mala calidad? Son los que eventualmente se quedan para consumo interno, es decir, nos quedamos con la pasilla, con el producto sobrante. O es sólo una frase para que al mismo producto le puedan subir el precio por la sola mención de ser exportable, de mejor calidad, siendo la misma? Termina siendo un engaño para despistar a despistados?

            Eso me lleva a pensar en la ecología puesta en moda, sin razón, sin lugar a razonamiento profundo. Ya todos somos ecológicos, criticamos todo lo que cause daño al ecosistema, otra palabra abusada, pero viendo nuestra propia necesidad olvidamos el efecto. Y me incluyo dentro de ellos. Vi una propuesta del restaurante en que cada cual llevara el envase para el domicilio del almuerzo, pues así se ayuda a la naturaleza. Lo pensé inicialmente como idea para compartir, pero me vi en el plan de llevar las ollas para que me despacharan el almuerzo, lavarlas luego y así seguir con la rutina de la actividad. Pero no, me negué, no quiero cargar ollas, de todos modos me están cargando al precio el envase, no estoy ayudando con la ecología pero sí permitiendo que el vendedor gane más, porque no me va a rebajar el recipiente. Otra mentira piadosa, basta ver las grandes superficies, como se llaman ahora, que con el argumento ecológico dejaron de entregar las bolsas supuestamente gratis, cuyo valor de todos modos estaban incluidos en el producto, pues ellos nunca pierden, ahora las cobran con el sobreprecio que ya tenían. Ganan por punta y punta y resulta que no hay tal colaboración con la naturaleza.

Eso de huevos criollos que son más caros que el huevo común y más de un vivo dice que son criollos, siendo corrientes. Y entonces me preguntaba, si son criollos deberían ser más baratos porque les cuesta menos en su producción pues la gallina se alimenta de pasto, tierra y lombrices y no de concentrados y esto aplica a todas las hortalizas y vegetales que suponen que no tiene químicos ni fertilizantes.

Y continuando con lo ecológico, siempre nos han dicho que el ganado es el que más genera contaminación, mucho más que los gases de vehículos. Siendo así, maten todas las vacas, extínganlas y evitamos el efecto, si es que son las mayores productoras contaminantes. Pero en un documental que vi, decían esto, pero señalaban más adelante que más contaminantes que el ganado era la industria textil y luego mencionaban otra, que ya olvidé cuál era, por la piedra que me dio al sentir la contradicción de que uno es el mayor contaminante del planeta, pero hay otro que es más contaminante y luego otro más. Al fin, cuál de ellos resulta ser el mayor? Si nos atenemos al idioma que enseña que si es el mayor, no hay otro mayor, según mi lógica, pero…

Para culminar, aquello de zonas francas. Siempre me enseñaron que las zonas francas o portuarias se constituían para la importación de productos que vinieran de otros países. Hoy el concepto al parecer cambió radicalmente. Nada más ver los productos de consumo cotidianos en que dicen que son fabricados en Medellín, Itagüí o alrededores para la zona franca de Tocancipá, Gachancipá o cualquiera otra y todo para evadir legalmente impuestos, lo que quiere decir que se puede producir barato, pero la viveza está en que hecha la ley, hecha la trampa, como señala el viejo aforismo.

 Y así nos mantenemos, con el juego de frases engañosas, en las que no quiero meter la política, que es todavía más engañosa y vergonzosa, lo sabemos, pero las aceptamos, porque ya forman parte del idioma cotidiano, del engaño en que sabemos que nos engañan pero seguimos comprando, a pesar del engaño.

Todo el libro estaba lleno de referencias a él, pero expandía sus ideas. Las advertencias de Humboldt estaban dispersas entre todos sus libros —pequeñas perlas de conocimiento aquí y allí, que muchas veces se perdían en el contexto general—, pero Marsh ahora lo entretejía todo en un poderoso argumento. Hablaba página tras página sobre los males de la deforestación. Explicaba que los bosques protegían el suelo y los manantiales naturales. Cuando el bosque desaparecía, el suelo desnudo quedaba a merced del viento, el sol y la lluvia. La tierra dejaba de ser una esponja para convertirse en un montón de polvo. A medida que el suelo estaba más «limpio», todo lo bueno desaparecía y «la tierra deja de ser habitable para el hombre», terminaba. Era una visión pesimista. El daño causado por dos o tres generaciones, decía, era tan catastrófico como la erupción de un volcán o un terremoto. «Estamos —profetizaba— destruyendo el suelo, los revestimientos, las puertas y los marcos de las ventanas de nuestra vivienda».(1)

Óleo sobre papel, espátula. 2018 JHB (D.R.A.)


(1) Andrea Wulf. La Invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander Humbolt. Y lo dijo hace más de cien años.

lunes, 1 de julio de 2019

NIMIEDADES Y TRIVIALIDADES

Su curiosidad, como la de Einstein, a menudo se refería a fenómenos que la mayoría de individuos de más de diez años ya ni se plantean: ¿por qué el cielo es azul? ¿Cómo se forman las nubes? ¿Por qué nuestros ojos solo ven en línea recta? ¿Qué es bostezar? Einstein afirmó que le asombraban cuestiones que a los demás les parecían triviales.(1)

            Pensando en los temas que a lo largo de este blog he venido escribiendo, fuera de noticias o asuntos sociopolíticos que de alguna manera pican mi lengua, veo que hay un común denominador que son las nimiedades, las trivialidades de la vida, según el punto de vista que el lector quiera darle. Maricadas suyas, dirán algunos conocidos. Es que no tiene otras cosas en qué pensar? Diría mi mamá. Y sí, lo sé, pero es que tengo tantas preguntas sin respuestas, tantas respuestas a las que no sé acomodar las preguntas que me han dado para pasar de los cuatrocientos, cómo llamarlos, diálogos conmigo mismo?

Parto inicialmente de definiciones, para saber a qué me atengo. Nimiedad: Cosa inmaterial que tiene poca o ninguna importancia. Y trivial: Que no tiene importancia, trascendencia o interés. Eso me lleva a la sinonimia: insignificancia, nadería, bagatela, fruslería. Baladí, insignificante, frívolo, fútil, insustancial.

Ante tales definiciones y sinónimos sólo el rubor me acompaña, pensando que eventualmente mis amigos y mi mamá tendrían razón, pero hago caso omiso a tales comentarios, porque lo que sí sé es que me encanta divagar por aquellas intrascendencias que a nadie le interesan, sabiendo que filosofar no cuesta nada y menos aún cuando uno ya está pensionado.

Eso me lleva al campo anecdótico. Estado en primaria en alguna clase de ciencias me atreví a preguntar por qué, estando en la cocina, con el vapor de la olla a presión –porque era la que más vapor despedía- no se formaban nubes. No sé si el recuerdo se me distorsiona, pero lo que me quedó grabado fue que el profesor al parecer pensó que estaba mamando gallo y estaba poniendo a prueba su saber de manera burlesca. Su respuesta, además de agria, me hizo sentir como un soberano… culo, sin usar eufemismo. Me hizo sonrojar, me hizo sentir ridículo delante de todos. Y desde ese día dejé de preguntar en público y de pasada, de intervenir en clase con efectos académicos, porque para el relajo sí que estaba listo. Ni siquiera en la universidad preguntaba, al recordar la vergüenza infantil. Ese fue un buen trauma adquirido por mi inquietud infantil, pues recordaba, estando en la cocina cómo miraba el vapor, pasaba mi mano para sentirlo, quería comprenderlo, supongo. Y también creo que quería ver una nube en el techo de la cocina. Pero bueno, eso fue anécdota, que me quedó bien grabada desde esos doce años que debía tener. Santo remedio, no hay que preguntar si no se quiere ruborizarse.

Pero continúo, como hoy no me da vergüenza ruborizarme ante el computador y menos ante los eventuales lectores, la curiosidad que no se supo cultivar, siempre me ha llevado a preguntas aparentemente triviales, a preguntas que al parecer no tienen respuesta, que aún no les he encontrado respuesta, como si existe Dios, como para qué la vida, como si vale la pena vivir, qué sentido tiene, por qué el cielo es azul, por qué en la cocina no se forman nubes con el vapor que desprenden las ollas –estas últimas sí tienen respuesta, basta consultar el doctor Google sin necesidad de ruborizarse-.

Entonces concluyo que ahora –y desde siempre, aunque siempre en el silencio mudo- seguiré haciéndome preguntas triviales, pensando en nimiedades que tal vez no conduzcan a nada pero que de pronto dé en el clavo y se me aparezca Dios y me diga que sí existe. Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas!

Óleo sobre papel. Espátula JHB (D.R.A.)




(1) Walter Isaacson. Leonardo Da Vinci. La biografía.

viernes, 28 de junio de 2019

CANCIONES DEL RECUERDO


            Escuchar una canción, de las viejas canciones oídas a lo largo de los años, desde la niñez a la juventud a la adultez a la vejez.

            Tantas canciones escuchadas, tantas tarareadas, tantas cantadas en silencio o con la emoción y cada una de ellas con un recuerdo. Canciones que llevan a la ensoñación, al desencanto, a la tristeza, a la desolación y al despecho, a la alegría, a la sonrisa de tiempos pasados, al recuerdo de los abuelos, de los padres y si se quiere a la tierrita.

            Emociones entrecruzadas que trasladan en el tiempo, en la sensación, en la añoración, en el recuerdo, en la nostalgia.

            Canciones que nublan la mente, empañan los ojos y que renacen con el recuerdo.

            Canciones que transportan con el sentimiento, que vienen acompañadas de él, de pura nostalgia y aún de rabia y si se quiere de abandono. Canciones que se cantaron a coro, a grito pleno o en el silencio, en ese silencioso momento de añoración.

            Y naturalmente están las canciones neutras, aquellas que cantamos por el placer de cantar una buena canción, sin recuerdo, sin añoro, simplemente una bonita canción, la de moda, la del artista favorito.

            Son tantas las canciones oídas, sentidas, amadas y sufridas como sentimientos puede haber en uno, pero las de añoranza son las que nos aguan los ojos y el corazón. Y uno con el corazoncito tan trajinado!

Pero las historias de desamor son banales. Idénticas todas, interesantes sólo para quien las sufre.(1)

Óleo sobre papel. JHB (D.R.A.)


(1)Santiago Gamboa, Perder es cuestión de método.

miércoles, 26 de junio de 2019

FACETAS O CARETAS


            Al bus subió una muchacha que me pareció caribonita, mirada de frente. En el transcurso del trayecto la miré nuevamente y vi una faceta que no le había visto, de frente, y ya no me pareció tan bonita. Inicié un juego mental tratando de mirarla desde todas las ópticas posibles, desde atrás y se veía una persona diferente: de perfil, derecho y vi otra cara, ya no tan bonita; de perfil izquierdo y se veía otra imagen. Intenté de reojo y vi otra faceta diferente a las otras.

            Me causó curiosidad que una sola cara, una misma cara pudiera tener diversas facetas con un mismo estado anímico. Concluí que cada ángulo de la persona es diferente a la unidad, vista de frente o por detrás, de perfil, de izquierda a derecha, de posición elevada a posición de sumisión y cada una de ellas solo reflejaba otra cara de la moneda, diferente a la globalidad.

            Y encontré varias en una y viéndolo con un solo estado anímico, el que llevaba en ese momento.

            Entonces pensé, si estando en un determinado momento se tienen tantas imágenes intenté ponerle a cada una de ellas un sentimiento diferente, el risueño, el indiferente, el deferente, el iracundo, el rabioso, el triste, el alegre y el resto de sentimientos posibles en el ser humano y me encuentro con que una misma cara usa mil caretas, con diferentes visiones, con diferentes divisiones. Y eso que no entro en el detalle de ver esa cara con dos ojos, con uno solo, el derecho, el izquierdo, de arriba, hacia abajo, y cada una de esas miradas me dará una visión bien distinta de ese ser mirado.

            Concluyo que no somos lo que somos sino lo que en el momento somos, juzgando con las caretas, juzgados por el instante, por la imprecisión de un instante, instante decisivo para la aceptación o el rechazo.

Y, al fin y al cabo, a lo largo de la vida, se aprende, se experimenta y se madura; pero cambiar, lo que se dice cambiar, no se cambia mucho porque uno es, en todo momento, el que siempre ha sido.(1)


Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Matilde Asensi. El origen perdido.

viernes, 21 de junio de 2019

Y QUÉ DE LA ESCRITURA?


            En estos días viendo una libreta en donde llevo anotadas las dudas e incertidumbres de mi vida, encuentro que había unos pasajes ininteligibles y me tocó darle mil vueltas para entender lo que había escrito, para que no se me olvidara, pero el jeroglífico resultante me llevó a pensar en cuán degenerada estaba ya mi letra manuscrita.

            Aprendí a escribir con letra Palmer, que con sangre entra, muy pulida, de rasgos legibles y líneas adornadas. Con el tiempo ese tipo de letra fue desplazado en las nuevas generaciones por la letra separada, creo que a lo gringo, como nos gusta(ba) copiar para ser modernos. Luego vino el computador y nos jodimos. Basta el teclado y ya no importa más, porque todo se imprime, nada se escribe, salvo la firma que, a propósito, con el tiempo se ha venido degenerando de la misma manera.

            Soy de la época en que en la universidad se debía tomar nota; en que cuando se iniciaba la época laboral tenía uno que escribir y entregarlo a la secretaria para que lo pasara en limpio, cuando casi todas las transacciones se hacía con papel y lápiz.

            Me tocó, como a todos, acoplarnos a los nuevos tiempos y pasamos de la hoja al computador y la letra escrita en papel y con esfero o estilógrafo se fue evaporando, pasó a segundo plano, como tantas cosas en la vida moderna. Ni qué decir de las cartas de amor, en donde uno debía lucir la mejor letra para que se entendiera el mensaje y si se quería copia, tocaba con papel carbón porque ni fotocopias existían.

            Hoy, viendo mi letra, deja mucho qué desear, con decirles que muchas veces por la rapidez de la idea que se debe dejar plasmada termina en garabato que aún siendo recién escrita no alcanzo a entenderla, ya parece letra de médico.

            Y pensaba entonces, con todo, cuándo desaparecerá la letra manuscrita?

            Bobadas de viejo, pienso para mí. (Si no quiere que su cerebro envejezca con usted, párele bolas a las tildes y a la forma de escribir, oigo que me recrimina la voz de mi hermano mayor, por algo es el mayor!)

Envejecer significa renunciar, renunciar a lo que fuimos.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Los invisibles, documental francés. https://www.filmin.es/pelicula/los-invisibles

miércoles, 19 de junio de 2019

DUDAS


            Parece ser genético adquirido, si se permite la expresión, el convivir con la duda y preciso, con la duda llamémosla familiar.

            Apagó la luz del cuarto? Cerró bien las ventanas? Verificó que la estufa estuviera apagada? Bajó el agua del inodoro? Desconectó la plancha? Apagó la velita? Y son dudas que se generan, se disparan sin consentimiento cuando uno ya se encuentra lejos, dentro de la flota, del avión, del carro, del Transmilenio.

            Y son dudas vergonzosas que a pesar de la certeza de la acción surgen incuestionablemente y producen el sinsabor y malestar de incertidumbre que le acompaña y que invariablemente hace que uno llame a fulanito para que revise, si es que lo hay. Que se devuelva, si no lo hay y todo con motivo de la duda generada. O, en último caso, de ser posible, haga que el retorno sea obligatorio.

            Y esa duda surge a pesar de la certeza de haber hecho lo que debía hacerse, pero puede surgir por la duda ajena, la implantada, del acompañante inseguro y se implanta como si fuera duda real de uno.

            Y digo que es genético-adquirida porque siempre que uno salía no faltaba la voz materna sembrándola: Apagaste la plancha? Dejaste encendida la estufa? Vergonzante y más cuando uno está seguro de no haber usado la plancha en días ni haber tocado la estufa o era que estaba trasladándose la responsabilidad en cuerpo ajeno?

            Fatal era la duda de la estufa, de la plancha, de la vela o de la llave del lavadero, porque conducían a catástrofes eventuales si seguían encendidas o abiertas. Naturalmente que existía la contra, igualmente materna, de encomendarse a las ánimas del purgatorio –nunca supe por qué a ellas si ya tenían bastante sufrimiento- y santo remedio, de esa manera se evaporaba la magia de la duda. Al menos la materna, pues la de uno seguía latente, allí latente a la espera de que no pasara nada.

            Dudas incómodas sin fundamento pero cómo se escabullían en los laberintos cerebrales, aquellos que desajustan y son dudas que nos acompañan hasta el final de los tiempos.

            Estos eran sólo recuerdos de un viejo desocupado!

El pasado nunca se queda donde uno lo deja.(1)

Óleo sobre papel, espatula. JHB (D.R.A.)


(1) Serie de Netflix. Sorjonen. https://www.netflix.com/co/title/80145143

lunes, 17 de junio de 2019

SUEÑOS, ENSUEÑOS


La quinta acepción de sueño según la Academia es Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse. A esta me referiré.

Nunca la había visto desde esa óptica porque los sueños son precisamente aquellas esperanzas que hacen que la vida valga. Quién no ha soñado? Quién no ha tenido sueños? Quién, en últimas, no ha tenido la necesidad de mantener los sueños como una forma de no ver la vida insípida, sin ilusión?

Pero siendo prácticos y si se quiere, realistas, los sueños, en este sentido, se reducen a eso, a la esperanza de algo que no tiene mayor probabilidad de realizarse.

Sin embargo, estamos programados para vivir de sueños, sueños de tener, poseer, lograr, cambiar, lo que sea; de lo nimio a lo extravagante; por deseo, por poder, por envidia, por dar envidia.

Pero y qué de los sueños que no se cumplen, por más voluntad que se le ponga? Frustración es lo que llega a conducir, el sinsabor de la esperanza malograda y como soñar no cuesta nada, lo mejor es dejar de tener sueños inalcanzables y soñar con lo posible, para ver si se da o al menos es tener una esperanza fundada en deseo alcanzable, pues de lo contrario se muere como un iluso amargado.

Por su parte, el ensueño, en acepciones siguientes a la definición básica, la RAE lo señala como 2. m. Ilusión, fantasía. de ensueño: 1. loc. adj. Ideal, fantástico, maravilloso. Ya no es esperanzador, es simplemente imaginar lo maravilloso que podría ser, sin ilusiones de que se convierta en realidad.

Y culmino preguntándome, qué sería de uno sin tener sueños, sin al menos echar globos de ensoñación, pero siendo realista, nos tenemos que sujetar de la realidad, que es cruda, ocultándonos en la irrealidad de los sueños, así sea en medio de la ensoñación, que no le hace daño a nadie.

… estaba destinada a perderlo todo, para encontrarlo todo. Porque solamente alguien que se vacía puede ser llenado de nuevo. En el vacío está la luz del entendimiento, y el cuerpo de esa criatura era como un bello recipiente en el que se podían volcar las joyas más preciosas de la flor y el canto de sus antepasados, pero no para que se quedaran eternamente ahí sino para ser recicladas, transformadas y vaciadas de nuevo.(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Laura Esquivel, Malinche.

viernes, 14 de junio de 2019

HAY DÍAS


Hay días que demuestran la intemporalidad del tiempo. Días que pasan sin darnos cuenta, que llenan el calendario dejando caer sus hojas despistando al cerebro y nos desubican en la fecha en que estamos.

Días que se acaban en un santiamén y que no permiten manifestar lo inconcluso que dejó a la actividad.

Pero también hay días, los más, que pasan con una pereza que hace que el tiempo sea infinito e inacabado, que no hay actividades que permitan complementarlo y ayudarlo a seguir su camino, al ritmo al que está programado.

            Días eternos por la angustia o días ágiles por el deseo, siendo los mismos días, con las mismas horas y segundos. Días en que somos fértiles y otros, los más, que se niegan a proseguir su camino, a la buena de Dios.

            Pero la virtud de la vejez está en que ágiles o lentos la diferencia radica en la sonrisa que cada uno de ellos nos trae o, los más, la indiferencia de su transcurrir que nos acerca al horizonte definido.

            De allí la Canción de la vida profunda, de Porfirio Barba Jacob:

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

            Hay días y ay días! Según como se entone.


Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)

miércoles, 12 de junio de 2019

PERIODISTAS MAÑOSOS


Va a llegar el momento en que no lea noticias, ya que procuro no oírlas y huyo de los televisores a esas horas siniestras. Cada vez más los llamados periodistas ponen un título llamativo, mencionan algo de la noticia y terminan hablando de otra cosa, cuando no le dan la vuelta a la noticia y terminan hablando babosadas o mentiras a su amaño.

Y lo digo porque apareció en estos días como noticia que la valorización de Bogotá se había caído. Leyendo el contenido resulta que es falsa la afirmación; la verdad era que la procuraduría había emitido un concepto, como en todos los procesos en que interviene que debe emitir su concepto u opinión, y no obliga al juez, es decir, no se ha dictado sentencia. Además, la Procuraduría no podía dictar sentencia, como se deducía de lo escrito, pues sólo lo puede hacer un juez. Pero a raíz de titular y lectura rápida la gran mayoría entendió que efectivamente se había caído la valorización. Periodistas inescrupulosos.

Y en otra, una mujer pretendió suicidarse desde un puente ya común en un centro comercial, al parecer diseñado para eso. El periodista a duras penas menciona la noticia central y se centra en el número de suicidios, en las aparentes razones que llevan a ello. Otro periódico lo tituló como caída de una mujer desde el puente, pero ocupó dos renglones para tal noticia y el resto del artículo lo dedicó a hablar de otros suicidios. Periodistas manipuladores.

Y eso fueron dos noticias en un solo día y no entro a hablar sobre el fallo de la Corte Constitucional sobre el uso de drogas en los parques, porque fijo en el contenido de la sentencia debe decir otra cosa diferente. Pero así son los periodistas actuales, al menos uno sabía que en los periódicos de antaño, llamados amarillistas y que exudaban sangre, la noticia tenía un contenido que se leía con beneficio de inventario, es decir, de antemano se sabía que todo era protagonismo del periodista, que se dejaba llevar de la emoción. Fuera de las noticias orales, con las consabidas preguntas estúpidas de qué sintió cuando el edificio se la cayó encima? Qué dijo su mamá cuando veía que se estaba muriendo? Y la mayor piedra que me da, de aquellos periodistas sublimemente estúpidos que argumentan que tienen derecho a la noticia y se creen autorizados para entrar en la intimidad de una persona. Ojalá se hicieran la pregunta cuando es la mamá de ellos la que resultó muerta en el accidente, ojalá!

Como pueden ver, es otra profesión que no me soporto cuando va acompañada del abuso de su derecho a la supuesta noticia. Y no me entretengo más en el tema porque termino haciendo un tratado completo y bien documentado sobre la estupidez que ronda a los periodistas. (Los pocos que conozco me perdonarán pero es que el exceso de limitación mental me exaspera.)

Nada como los prejuicios para afectar la convivencia, contribuir a las divisiones y generar odios absurdos que han llevado a la humanidad a persecuciones irracionales e injustas contra grupos de personas, por su raza, orientación sexual o creencias. Por nuestros prejuicios, estigmatizamos y emitimos juicios de valor poco sustentados. Repetimos sin pensar frases para descalificar, como que los costeños son perezosos, los paisas son mafiosos, los cachacos son antipáticos; o nos describimos como una nación violenta, machista, mestiza, católica y conservadora. Sin embargo, somos mucho más y mucho menos. (1)



lunes, 10 de junio de 2019

INICIOS


            En un momento de espera intemporal me encontré frente a un jardín infantil y me llamó la atención el grupo de niños presentes, al parecer equilibrado el número entre niños y niñas, aunque de pronto eran más ellas que ellos.

            Fueron llamados a formar frente a un muro y la orden impartida fue cumplida oportunamente por algunos, otros parecieran más renuentes a cumplirla, uno que otro indiferente y otros parecía borregos que seguían al rebaño.

            Paso siguiente, mientras se impartía la subsiguiente orden me encontré viendo a los inquietos, a los indiferentes, a los renuentes, mientras otros estaban pendientes de los demás, imponiéndose o luchando por imponerse frente a los otros alfas. Unos apacibles, otros repelentes, todo eso me hizo pensar en mis tiempos laborales.

            Nada más recordar comités, reuniones o el diario acaecer en la oficina, lo variopinta que era, me encontraba con los proactivos, los pasivos, los negativos, los indiferentes, los líderes, los machos alfa, los que querían predominar, los que se escondían en la multitud y naturalmente me veía yo mismo asumiendo cada uno de esos papeles según la época, la situación, la circunstancia.

            Y concluí que todo sigue igual, que desde pequeños aprendemos a amoldarnos a la situación, a adquirir cada careta, cada faceta según la oportunidad. Desde niños somos oportunistas, qué vaina, me dije, pero qué se puede hacer, me consolé. Nada cambia, todo sigue igual.

Amigos míos, nadie escapa a su destino…(1)

Óleo sobre papel, espátula. JHB (D.R.A.)


(1) Oriana Fallaci. Un sombrero lleno de cerezas.

viernes, 7 de junio de 2019

EL RECUERDO


Hablé de la memoria y ahora del recuerdo, a pesar de que al parecer tienen cierto parentesco que los confunde o que son lo mismo, no lo sé, pues parto de mi percepción.

Decía que la memoria es el disco duro que guarda información simplemente, sin que entre subjetividad, pareceres, sentimientos o sensaciones. Por su parte, el recuerdo lo entiendo como la transformación de esa información, naturalmente en nueva información que genera un acaecer y rememora situaciones que en conjunto producen una historia. Naturalmente debe ser un proceso muy complejo de la química cerebral, de conexiones neuronales, de destellos imperceptibles a velocidad de crucero interestelar, eso lo sé, pero que por ser neófito e ignorante en el tema lo veo desde la perspectiva de un ser cualquiera, como lo soy yo.

Al traer la memoria a un presente, esa información básica comienza su proceso de transformación para crear una historia en la cual se confunden diversos elementos que modifican la información inicial y aún la trastocan tergiversándola y acomodándola. Y me explico: Existe una información pura y limpia, la que fue guardada originalmente en lo que llamo disco duro o simplemente memoria. Como no hay nada más traidor que el cerebro en plena producción, intervienen en su construcción los elementos adicionales que dan vida a esa narrativa y surge el recuerdo sensorial, de lo visto, de lo sentido, de lo notado y de lo subjetivo que acomoda la situación para que uno se vea o no notoriamente afectado en cualquiera de sus polos, negativo o positivo. Y de esa manera surge el recuerdo, de la apreciación que le suministra el cerebro y que uno hace como suya que, como he anotado, es la que proporciona el cerebro, esa loca de la casa que hace con uno lo que ella quiere.

Y por qué lo digo? Sencillamente porque el recuerdo, al igual que el cerebro no son confiables. Nada más ver la narración de un hecho presentado por varios testigos. Cada uno da su propia versión, de lo que vio, de lo que oyó, de lo que sintió y eso que todos ellos estaban presentes en el mismo momento. El uno dirá que la camisa era roja, el otro corregirá y dirá que era rosada y el tercero contradirá y dirá que era negra clara, si eso es posible, pues hasta ya hay verde soacha. Y si se profundiza cada uno empezará a amañar la historia y si entre ellos se hablan todos construirán una nueva historia que tal vez no se asemeje a la verdadera. Eso mismo ocurre con el recuerdo, cualquiera que sea y, entre más lejano sea, más ingredientes se le añaden o se le quitan a gusto del cerebro, a conveniencia del relator. No han notado que cuando rememoran algo varias veces en diferentes oportunidades el mismo relato tiene sus variaciones así sean sutiles?

Y todo porque el recuerdo renace cada vez que se recupera y es así, porque re-nace, es decir vuelve a traer lo construido y reconstruye y es allí donde la imaginación y el falso recuerdo se confunden, se difunden y hacen que el recuerdo pueda no ser el original, pues la memoria es un narrador poco fiable, oí en los hackers de la memoria.

En el mismo documental supe de la técnica de crear falsos recuerdos, de la que tanto abusan los investigadores y abogados con sus planteamientos torticeros. Pero ese es otro cuento. Pero me dio pie a pensar que olvidar también es importante para el cerebro, además de liberar espacio, aunque también me pregunto si el recuerdo falseado sea un mecanismo de defensa del mismo cerebro? Y hasta me llamó la atención la mención al deja vu, que dizque se trata de un mecanismo de la parte frontal del cerebro –no me pregunten qué es eso, porque no lo sé- que trata de corregir los recuerdos imprecisos.

Con todas estas cuestiones cada día desconfío de mí mismo y de mis percepciones porque todo resulta engañoso a mi edad. Muchas veces el reojo me hace imaginar cosas que realmente no son, como una sombra vista que el cerebro identifica como un gato negro agazapado y solo es una sombra. O del olor surgido en un espacio en donde no tenía cabida o de un recuerdo triste que no tenía razón de ser en ese momento, al estar eufórico.

Por todo eso insisto en que no sirvo de testigo para nada, porque cada día desconfío más de lo que veo, oigo y siento, sin saber si es inicio de locura.

La demencia es como ese momento de duda en que no sabría si debo confiar en los ojos o en la memoria porque ambas cosas parecen capaces de cometer los mismos errores insidiosos.(1)


Tomada de Google. (2)


(1) John Katzenbach. Historia del loco.